Piedra OnLine

martes, 23 de febrero de 2016

Nos invitan a integrarnos a un mundo que nos expulsa

El especialista es crítico de los primeros 60 días del macrismo. Cree que la caída del salario real es un objetivo de política económica para el gobierno.


Por Diego Penizzotto diegopenizzotto@rionegro.com.ar


Autor de los libros "Estoy verde: dólar, una pasión argentina" y "Vaca Muerta", Alejandro Bercovich es un agudo comentarista de la realidad argentina. Es economista, analista político, actualmente columnista del diario "BAE" y panelista del programa que por la señal C5N conduce Gustavo Silvestre.

–¿Cuál es tu impresión de los primeros 60 días de Macri?


–A mí me preocupa la dinámica de las primeras medidas, porque no parece haber ninguna lectura política de los potenciales perjudicados por ellas. En el segundo mes, avanzó sobre algunos temas que no se habían mencionado en la campaña. El más, paradigmático de ellos es la quita de las retenciones a la minería. Se trata de uno de los pocos sectores empresarios más beneficiados por el kirchnerismo, y ahora obtiene una prevenda inexplicable. Incluso en comparación con los países donde hay un boom minero como Chile o Perú, pero extraen una porción mucho más grande de la renta minera para el fisco.

–Se dice que Vaca Muerta pasaría a ser un proyecto enfocado netamente en el gas, ¿que opinás?

–Yo creo que efectivamente va a ser inicialmente un proyecto de gas. Así sucedió también en Estados Unidos. Las primeras rocas que se explotaron con fracking en EE. UU. fueron casi exclusivamente de gas. Luego, cuando el precio subió, comenzaron a explotar el crudo. Lo más razonable sería que Vaca Muerta sea eso.

–¿Qué hay de las inversiones extranjeras con las que espera contar el gobierno?


–Se prometen miles de millones de dólares en inversiones extranjeras, y se promete como si se siguiera en campaña, irresponsablemente. Éste no es un mundo donde las inversiones multimillonarias en dólares fluyan. Es un mundo que debate cómo salir de la crisis. El macrismo enfrenta un contexto internacional desfavorable, y nos invita a integrarnos a un mundo que nos expulsa. Y muchas de las medidas que toma implican eliminar barreras que nos protegían de ese mundo en crisis. Están convencidos íntimamente de que cualquier reconexión con el mundo es buena, sea la que sea.

–¿Qué panorama ves en cuanto a la inflación?


–A mi entender no es tan importante el número de la inflación, sino el de la diferencia entre la inflación y los aumentos salariales en paritarias. Saber cuánto va a caer el salario real en el 2016. Yo creo que va a caer quizás el doble que en el 2014. Esa fue la última gran caída del salario real, producto de una devaluación cuya magnitud fue la mitad de la aplicada este verano.

–¿El gobierno cree su propio relato de una inflación del 25%?


–No creo que ellos mismos crean en una inflación del 25%. Pero incluso aunque fuera del 25%, para compensar la pérdida del poder adquisitivo de noviembre-diciembre, cuando los formadores de precios comenzaron a anticipar la devaluación, el aumento en paritarias debiera ser de al menos el 30%.

–¿La baja del salario real es un objetivo de política o una consecuencia no deseada?

–Es un objetivo de política que busca volver a hacer atractiva a la Argentina como destino de las inversiones extranjeras. Según la visión del gobierno, la baja del salario es necesaria para devolverles rentabilidad a las actividades que ellos creen, deben ser eje de la especialización: actividades primarias e industria agropecuaria.

–¿Es buena la postura del nuevo gobierno frente a los buitres?


–La principal diferencia con la gestión anterior es que Kicillof jugaba con el Tesoro de los Estados Unidos en contra. Macri y Prat Gay lo que hicieron antes de entablar cualquier conversación con los buitres, que es accesoria, fue cerrar con el Tesoro de los EE. UU. Prat Gay antes de asumir ya se había sentado con Jack Lew, secretario del Tesoro de Obama, y se había asegurado el paraguas para resolver la cuestión buitre.

Es lo mismo que hizo en su momento Menem, cuando se sentó con Nicholas Brady, el secretario del Tesoro en 1992, para renegociar la deuda con los bancos, que se transformó en deuda pública.

Se trata de una disputa política a varias bandas, donde entra Wall Street, los fondos buitre, que son un canal para el mercado negro internacional y las ganancias fáciles de los paraísos fiscales, los Estados hegemónicos y los Estados subalternos como el nuestro.

–¿Hay un intento de EE. UU. de volver a incursionar en Latinoamérica?


–Yo creo que el Tesoro de EE. UU. se apoya en Macri porque cree que él es la llave para restaurar la hegemonía sobre América Latina. Y quizá tenga razón, porque Macri está haciendo mucho para que así sea. En Davos pude ver en primera persona cómo la llegada de Macri fue para EE. UU. y Europa Occidental una bendición a los fines de aplacar esa rebeldía de América Latina.

–¿El giro a la derecha del electorado es producto de la mala gestión de Kicillof?

–La gestión Kicillof fue aguantar el empate. Fue evitar que suceda lo que históricamente sucedió en la economía argentina: que luego de largos procesos de recuperación del salario real y la demanda agregada interna se produjera una crisis. Eso lo logró. Pero a la vez no tuvo grandes resultados para exhibir, porque hubo alta inflación, porque el salario dejó de crecer y el empleo dejó de expandirse.