Piedra OnLine

domingo, 22 de mayo de 2016

En Neuquén, la educación es un exámen aplazado

Redacción central -
La crisis educativa que arrastra Neuquén no deja de ser un reflejo de lo que sucede en muchos otros ámbitos socioeconómicos de la provincia.

Existe un escenario incierto que reclama cambios de fondo en las escuelas públicas para los problemas que vienen profundizándose desde hace décadas. La parálisis en la toma de decisiones sigue intacta y sólo emergen, esporádicamente, acusaciones cruzadas entre el gobierno, los sindicatos y parte de la sociedad.

Los fondos públicos destinados al sistema educativo neuquino han mostrado un constante crecimiento en este último tiempo. Tomando como referencia el período 2007-2014 se observa claramente que la inversión de esta partida se multiplicó, en valores nominales, por más de seis veces en sólo siete años.

Los datos suministrados por la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (Diniece), organismo perteneciente al Ministerio de Educación de la Nación, dan cuenta por otro lado que durante el 2007 los gastos corrientes para el sistema neuquino alcanzaron los 955 millones de pesos mientras que en el 2014 esos valores saltaron a más de 5.800 millones. La gran mayoría de estos fondos se orientaron a las escuelas públicas. En valores reales, neteados por el índice de precios de la región, la partida creció 19%. Esta misma tendencia mostró la masa salarial docente. Los datos oficiales reflejan que en el 2007 las erogaciones alcanzaron los 742 millones de pesos, mientras que en el 2014 terminaron en 4.953 millones, lo que muestra un salto de casi siete veces en esa misma cantidad de años bajo estudio.

Otro de los índices que se toman para evaluar la evolución del sistema educativo es el desarrollo de la planta de trabajadores. En este punto las estadísticas del Diniece observan que la cantidad de cargos docentes (o su equivalente en horas cátedra) pasaron de 22.484 a 26.625 durante el período 2007-2014. Es decir que en estos siete años ingresaron al sistema algo más de 4.100 docentes a una tasa promedio de cerca de 600 trabajadores por año.

Si bien estas tres variables mencionadas párrafos arriba, gastos corrientes, masa salarial y cargos docentes, muestran, en términos relativos, una evolución positiva durante este último tiempo, otras variables que también se tienen en cuenta dentro de las evaluaciones cuantitativas del sistema no presentan esta misma tendencia. La matrícula es una de ellas.

En Neuquén los datos oficiales muestran que en el 2007 asistían a las clases públicas y del ámbito privado 157.267 alumnos, computados en este número el nivel inicial, primario, secundario y superior no universitario. Siete años después la matrícula se ubicaba en 157.709 chicos. Es decir, creció en algo más de 400 alumnos. En valores relativos, la suba fue de tan sólo del 0,28%.

Teniendo en cuenta el crecimiento vegetativo que mostró Neuquén en estos últimos años, claramente se deduce del análisis de estas cifras que la escuela está expulsando alumnos del sistema. La comparación con los datos a nivel nacional, que refleja un crecimiento de la matrícula en todo el país cercana al 10% durante los últimos siete años, avala estos argumentos.

Las posibles causas de esta expulsión son muchas y variadas. El fracaso escolar es un fenómeno que no responde a un único estímulo, e incluso puede verse motivado por varios de ellos al mismo tiempo. Cada alumno es un caso particular, y su nivel de rendimiento académico, su adaptación al sistema o las razones de abandono pueden estar determinados por infinidad de factores.

Un sencillo análisis da cuenta, claramente, de que parte importante de este estancamiento responde a la falta de políticas en Neuquén. Por lo general, una matrícula no se mantiene estable en una provincia que se esfuerza por tener crecientes sus niveles de transferencias al sistema. Vuelven a aparecer los problemas de gestión, una constante de la administración Sapag.

Este amesetamiento en la cantidad de chicos que contiene el sistema educativo termina por generar conclusiones llamativas a la hora de estudiar su evolución en el período bajo análisis (2007-2014): hay menos alumnos por cada docente y el gasto por estudiante crece en valores reales, entre algunas de las definiciones que se pueden resaltar. Desde el punto de vista pedagógico estos indicadores podrían mostrar resultados positivos: los chicos están recibiendo una mayor inversión para sus estudios y menor cantidad de alumnos por docente permite (no garantiza) contar con una educación más personalizada. Sin embargo, los índices de calidad educativa que muestra la provincia no reflejan los potenciales beneficios mencionados.

Comparaciones odiosas

Cuando se toma sólo la estadística de la educación pública la situación no es mejor. La matrícula neuquina termina mostrando un decrecimiento entre el período 2007-2014 al pasar de los 135.531 chicos a los 133.190 respectivamente. La variación relativa fue del -1,7%. En la educación privada los números muestran una tendencia totalmente distinta, con un incremento sobre la matrícula en estos siete años del orden de casi el 13%.

Sobre los indicadores de egresos también hay importantes diferencias entre el sector público y privado. (Ver gráficos adjuntos) Existen estudios oficiales que revelan una relación directa entre el nivel socioeconómico de las familias y el rendimiento de los hijos en la escuela. En muchos casos la falta de apoyo en los hogares o de dinero para continuar los estudios medios y superiores hace que los alumnos no den lo mejor de sí mismos o que abandonen antes de tiempo su etapa formativa. La desigualdad social y económica que prima en el país agudiza más otro factor característico del modelo: la falta de acceso a los recursos tecnológicos como complemento al sistema de aprendizaje de los alumnos. Sin lugar a dudas, estos jóvenes son los que más directamente dependen de la inversión pública en educación para alcanzar rendimientos óptimos. En este sentido, cabe mencionar que con sus claroscuros, el programa Conectar Igualdad que entregaba a cada alumno una netbook, y que acaba de ser discontinuado por el gobierno nacional, fue un buen elemento en pos de cerrar la brecha tecnológica entre quienes más tienen y quienes más necesitan.

Hay voces que también opinan que el sistema educativo no ayuda en algunos casos a muchos alumnos a tener un mejor rendimiento. Reducir los altos índices de fracaso escolar ha sido siempre un objetivo de los sucesivos gobiernos, que han ido aprobando hasta el día de hoy distintas reformas, sin que se hayan dado con la clave que defina el cambio de tendencia sobre los resultados obtenidos.

El sistema educativo es, por otra parte, una inmensa cadena en la que cada eslabón importa. El último de ellos, el docente, es uno de los más importantes, si no el que más. De ahí también la necesidad de apuntalar los niveles de inversión para su continuo perfeccionamiento.