Piedra OnLine

domingo, 8 de enero de 2017

Pereyra, gelatinoso como el petróleo

El conflicto de los trabajadores petroleros de las empresas Halliburton y Schlumberger desbordó esta semana el estricto estilo de conducción del secretario general del gremio Guillermo Pereyra.

La modalidad de un sindicalismo gelatinoso como el petróleo se pudo ver claramente con la reacción inicial que tuvo el referente del sindicato frente a los últimos despidos. Ante un hecho que se le escapó de las manos, a Pereyra se lo vio más molesto con los operarios que hicieron un paro sin su autorización por los descuentos y las cesantías que inquieto por intentar remediar el problema. Con este criterio, el sindicalista estuvo preocupado por la influencia que podía tener la medida de fuerza en un período de conciliación obligatoria que está en marcha, pero no se lo vio en actitud activa para explicar el origen del malestar laboral, nacido de un acuerdo que firmó el sindicato a fines del año pasado y que incluye la eliminación de ítems que hacharon los salarios de los trabajadores.

Con lenguaje propio de una Argentina del pasado, Pereyra llamó a los grupos en conflicto a “deponer” la actitud y se mostró preocupado por la influencia de “grupos de izquierda” alentando el reclamo. Sólo le faltó utilizar la palabra “infiltrados” para completar la inoportuna descripción del momento.

Ni el enojo ni las advertencias de Pereyra a los trabajadores “rebeldes” frenaron un conflicto que avanzó con más despidos a lo largo de la semana. El viernes último, empujado por la gravedad de la situación, el secretario general volvió sobre sus pasos y ensayó una forzada corrección del rumbo: se colocó en un lugar equidistante del conflicto –si es que es posible ocupar ese sitio desde su cargo–, mantuvo la critica contra los huelguistas y sumó su voz contra las empresas por los despidos. Después de tanto refunfuñar, finalmente pidió la reincorporación de los despedidos y consiguió un compromiso de la cartera laboral en ese sentido.

En simultáneo, el secretario general envió al cuerpo de delegados a publicar una solicitada con un duro mensaje contra los operarios que hicieron paro. El título “Usan los reclamos de los trabajadores para generar caos y anarquía” no está referido a las empresas sino a “los oportunistas de siempre”, un grupo al que no se identifica pero que bien podría ser la “izquierda” a la que aludió Pereyra durante la semana.

El texto contiene una denuncia que no deja bien parados a los delegados porque, en medio de este conflicto, formulan una fuerte acusación contra Halliburton y Schlumberger que, de ser cierta, bien podría ser motivo de otras medidas de fuerza. Los delegados que firman ese texto sostienen que esas empresas “despiadadamente someten a los compañeros al cautiverio en los yacimientos, en actitudes que parecieran trasladarnos a los amargos tiempos de la esclavitud”.

En este conflicto intenso y sin control para el gremio, Pereyra puso en juego la conciliación en marcha y una compleja negociación aún sin cerrar sobre el futuro de la industria petrolera que incluye a las empresas y a los gobiernos nacional y provincial.

El dirigente petrolero, que además es senador del MPN, es un aliado de cuidado, pero aliado al fin, del gobierno de Mauricio Macri. Lo ayudó a llegar a la Presidencia después de empujar por la candidatura presidencial de Sergio Massa.

En ese punto de acercamiento y defensa de las políticas nacionales, y en la negociación petrolera en particular, Pereyra va junto con Omar Gutiérrez, que esta semana regresó con un bronceado parejo de unas vacaciones exprés por el exterior. El gobernador observó que, en su ausencia, sus pares empezaron a pedir beneficios extras a Nación y desempolvó el reclamo de un fondo de reparación histórica para empezar a negociar, con una vara alta, el paquete de reformas impositivas que van a encarar las nuevas autoridades del área económica del gobierno central.

La pulseada por los recursos del 2017 está en pañales.