Piedra OnLine

miércoles, 15 de febrero de 2017

La odisea de una maestra cipoleña en la cordillera

Una joven maestra cipoleña viajo a dar clases a una escuela rural y terminó viviendo en un
camping. Le pusieron excusas a la hora de alquilar y terminó en un camping.


Con el impulso y las ganas de quien se acaba de recibir y busca cumplir por un sueño, la cipoleña Cintia Sepúlveda, una profesora de educación espacial cipoleña, partió hacia San Martín de los Andes con su pareja. Allí la esperaba la Escuela Especial 8, pero también la desesperante sorpresa de un acuerdo de alquiler roto que los tiene hasta el día de hoy sin vivienda, acampando, con sus vidas embaladas y durmiendo en un galpón que apareció como bálsamo en medio del caos.

“La idea nuestra siempre fue venirnos al interior y trabajar en las escuelas de acá, teniendo en cuenta la demanda que hay de docentes en educación especial”, contó Cintia, quien el 22 de febrero arrancará a dar clases a chicos con diferentes discapacidades en una escuela que se encuentra camino al lago Lolog.

“A pesar de que no son tantos kilómetros, fue una movida. Hicimos contactos para que mi marido, que es técnico en automatización, pudiera hacer algunas changas hasta conseguir algo más estable. Teníamos que coordinar todo. Consultamos un montón de inmobiliarias y esta -BRiM Patagonia- nos pareció confiable y una de las mejores opciones, porque además aceptaba mascotas. Nosotros tenemos dos perros y es todo un tema en San Martín, los perros y los niños no te los aceptan en los alquileres”, advirtió la joven de 23 años.

“Por un monoambiente te piden 10 mil pesos. Muy caros y con muchas restricciones; es una locura”, comentó.

“Conseguimos una casa que está a 5 kilómetros de la ciudad. Viajamos para verla y la reservamos. Coordinamos el viaje con los dos garantes. Ya nos habían enviado el contrato. Estábamos terminando de cargar el camión de la mudanza en Cipolletti y nos llaman para decirnos que la dueña necesitaba un tercer garante”, relató y continuó: “Lo conseguimos y cuando llegamos a San Martín nos dicen que tampoco le convencía ese garante. Nos querían hacer firmar un pagaré por la suma total de los 24 meses de contrato”.

La propuesta de la inmobiliaria era recurrir a ese compromiso en caso de que la propiedad resultara dañada o por falta de pago. “Era una hoja suelta que no guardaba relación con el otro contrato. Era todo muy desprolijo. Nos hacía ruido porque en cualquier momento y con cualquier excusa ellos podían ejecutar ese pagaré por una suma altísima de casi $300 mil”, contó.

“Nos asesoramos con un abogado y nos dijo que además del recibo de alquiler nos tenían que dar recibo por el pagaré, pero no lo querían dar”, acotó.

“Aclaramos siempre por qué veníamos, presentamos todos los papeles que nos pidieron. No sé qué pasó en el medio que nos dieron tantas vueltas. Hubiera sido más sencillo, si no le dimos confianza, que en un principio nos dijeran que no y listo”.

Se fue a San Martín de los Andes con su pareja, pero la dueña de la casa que iban a alquilar les salió con un martes 13 y quedaron en la calle.

Sobreponerse a muchos problemas

La pareja se tuvo que sobreponer a muchos problemas. “El flete nos cobraba por kilómetro y por día. Tuvimos que buscar hospedaje que reciba mascotas, pagar el de los tres garantes que tuvieron que pedirse días en los trabajos. Mientras tanto, teníamos que ir ubicando algún depósito para guardar los muebles”, contó la joven, y agregó: “Terminamos en un camping y, por suerte, su dueña nos alquiló un galponcito para dejar las cosas que era lo que más nos preocupaba. Compramos una carpa, aislantes y hasta una linterna”, dijo entre risas Cintia. “Ahora estamos abocados a conseguir una casa”, agregó.

Ahora quieren recuperar la seña

Cintia y su marido quieren recuperar la seña que dejaron en la inmobiliaria y obtener una compensación económica por el mal trago que pasaron. “No la damos por perdida. En la reserva que hicimos se aclara que si el inquilino no está de acuerdo con el contrato, se pierde la reserva. Pero quien está rechazando el contrato es la dueña”, sostuvo Cintia, y añadió: “La idea es hacer acciones legales por las pérdidas que tuvimos y los daños, incluso emocionales”.