Piedra OnLine

domingo, 28 de mayo de 2017

La vida rural todavía sigue en pie a 10 kilómetros del centro de Neuquén

Familias de crianceros viven en economías de subsistencia. No tienen servicios de luz y gas. El colectivo más cercano pasa a unas 20 cuadras.

El rigor del clima ya se empieza a sentir en construcciones precarias que se calefaccionan con madera, a la que hay que salir a buscar.

Son las 10 de la mañana y el frío no termina de despegarse del arcilloso suelo al pie de la barda. En el medio del monte se ven puñado de puestos, diseminados entre los jarillales, que emanan un humo negro y entre los perros, los gansos, los patos, las gallinas y los chanchos, en uno de los humildes hogares sorprende la presencia de un pequeño jardín, con flores de todos los colores. Eduardo Peralta riega el árido piso con una palangana y se enorgullece de sus plantas.

En el extremo más lejano del oeste de la ciudad de Neuquén, existe un triángulo de tierras que limita con Plottier y que pareciera ser el único espacio que aún le da sentido al nombre del barrio Valentina Norte Rural. Es que allí, a no más de 10 kilómetros del centro y a pesar de todas las carencias –no tienen ningún tipo servicio–, la crianza de animales de corral todavía existe como único sustento para algunas familias que ya sienten los primeros embates del frío.

Teresa Rodríguez explica que hace siete meses vive allí con su marido y sus dos hijos. Uno estaba trabajando mientras que Pablo David, que está a punto de cumplir 13 años, le ayuda a cortar unos troncos de leña que les facilitó un vecino para poder alimentar la estufa hogar que da calor al hogar y sirve para cocinar pan casero.
Las noches de la última semana le trajeron a la familia los primeros desafíos de la temporada, porque las temperaturas fueron muy bajas y las frazadas alcanzaron a duras penas. Saben que su primer invierno ahí no va a ser sencillo, pero Teresa se relaja y asegura que por suerte “nosotros no tenemos problemas para salir a buscar madera; agarro el hacha y corto la leña para la estufa”.

La mujer explicó que tiene una casa en un barrio a algunos kilómetros de distancia, en Plottier, pero que en ese lugar no podían seguir desarrollando su actividad, por eso tuvieron que migrar al medio de la nada para poder criar a los animales. Pero al estar lejos de todo y no tener ni una medida de seguridad garantizada, están obligados a pasar las noches en su modesta casa, mitad de material y mitad de cantonera, para que no les roben.

A través del alambrado que linda con el terreno de vecino, se presenta Samuel Campos, que es el delegado del barrio. Explicó que vive allí hace ocho años; desde entonces busca que les instalen el servicio eléctrico, ya que el tendido pasa al pie de sus puestos, por una picada petrolera. Aclara que por motivos que desconocen, aún no tienen respuestas. “Somos de Valentina Norte Rural, de Neuquén, estamos averiguando en CALF y en la Cooperativa de Plottier, para no descartar nada”, agregó.

El gas es algo impensado y el agua les llega dos o tres veces por semana en un camión cisterna que depende de la municipalidad de Neuquén. El colectivo más cercano pasa a dos kilómetros, en una garita de Los Hornitos que de noche se pone peligrosa.
El agua llega al árido lugar dos o tres veces por semana en un camión cisterna contratado por la Municipalidad de Neuquén.