Piedra OnLine

domingo, 21 de mayo de 2017

Trastos y “vicios”: el sostén para el viaje de los arrieros

Pilchas, lonas para guarecerse, alimentos y el infaltable asador, son parte de la carga para moverse con el piño. Todos elementos que le permiten sobrellevar la dureza del recorrido.

Los viajes del arriero del norte neuquino están signados por las asperezas y riesgos que se presentan en el camino durante el traslado de sus animales. Para atenuarlas, lleva consigo todos los enseres necesarios, para cubrir distancias de hasta 300 kilómetros y varios días a caballo.

Esos elementos le permiten afrontar la larga travesía que deben emprender. De los campos de veranada a los de invernada y viceversa.

La trashumancia que practica consiste en el traslado de chivas, ovejas y algunos vacunos en primavera a los campos altos de la cordillera y en invierno a los campos bajos, para garantizar las pasturas y el mejor clima para sus animales.

Los arrieros viajan en compañía de sus esposas. Se trata de en su mayoría de gente de edad, entre 50 y 80 años.

Muy pocos son los jóvenes que continúan con las tareas de sus ancestros.

El día arranca bien temprano para el criancero, a las 5. Lo primero es hacer el fuego para calentar el agua y cebar unos mates, mientras se prepara el caballo y juntan los animales.

En verano aprovechan las primeras horas para arrear y lo hacen hasta las 11.

Paran por las altas temperaturas, almuerzan, descansan un poco y cerca de las 17 parten de nuevo en busca de otro alojo donde pernoctar.

Las mulas de carga fueron y son parte de los arreos. Pueden soportar hasta 50 kilos en sus lomos, pero hay que balancear bien la carga para no lastimarlas. Allí van las cosas necesarias: colchones, frazadas y también alforjas con los vicios. Nunca falta un asador o la parrilla.

Del caballo a las “chatas”

Desde la década del 90, el trabajo de las mulas ha sido reemplazado en gran medida por las camionetas.

Las tradicionales “chatas” que se ven son modelos que van del 70 al 80 y en ella llevan sus enseres.

La nómina varía según las necesidades de cada criancero, pero en general llevan utensilios (palangana, latas de conservas para calentar agua, cuchillos y tenedores, platos de chapa, olletas de hierro) alimentos (harina, papas, cebollas, fideos, sal, yerba, azúcar, grasa, ñaco), colchones, frazadas, ropa, monturas y lazos.

También va el forraje (maíz y avena) para los caballos, pasto en épocas de sequía, leña, porque no en todos los lugares en los que pasan se consigue y es necesaria para los fogones. Algunos chivitos que nacen en el camino los suben en las cajas de las chatas, ya que de otra forma no soportarían la travesía. Allí va también algún perro chivero que se lastimó.

Los arrieros le colocan una carpa a las camionetas para mantener a resguardo las cosas que trasladan. Nunca se sabe cuando los puede sorprender el viento, la lluvia o la nieve.

La llegada a cada pueblo sirve para armarse de provisiones, pero también es una buena oportunidad para ofrecer sus chivitos. Los cargan en la caja de la camioneta y recorren los barrios para venderlos.

Todo lleva su arte, en especial la preparación del caballo. Nada puede quedar librado al azar a la hora de recorrer palmo a palmo los callejones de arreos y rutas de la región.
Del “arre” para estimular a las bestias

El término arriero proviene de la palabra arrear, que significa “estimular a las bestias para que echen a andar, para que sigan caminando o para que aviven el paso”
El oficio del arriero está marcado por el sacrificio y los paisanos dicen que ”gasta su vida” arriba del caballo. Es una profesión campera que delata los vestigios nómades de los mapuches y sus cruces de la cordillera con animales.

En cifras 
150 a 2.000 El número de chivas y ovejas que pueden formar un arreo, según la capacidad económica del criancero

15 a 25 Los días que dura un arreo. En su mayoría son distancias que van de los 200 a los 300 km.
$ 1.200 Lo que se paga hoy por un chivito de entre 12 y 14
kilos, tras el fin de la
veranada. 

1.800 pesos cuesta un cordero.
Todo tiene su arte durante el arreo. En especial la minuciosa preparación del caballo, su montura y el
reparto de la carga envuelta en lonas.