Piedra OnLine

sábado, 20 de enero de 2018

El Gran Simulador: el hombre que estafó a diez ciudades en los últimos cinco años

Pedro Enríquez ya recorrió medio país con el mismo relato: que se quedó varado con su familia lejos de casa y necesita dinero para regresar. Siempre logró conmover a la gente y recibir donaciones.

Apareció como aparecen los amores, con la urgencia del hoy, la ilusión de que no hubo ayer y la necesidad de que haya un mañana. Deambulaba por la Terminal de Ómnibus de Paraná con un nene colgado de un brazo y un gesto trágico que hubiera conmovido al encargado de una casa de empeños. Aquella tarde de abril de 2012 se acababa cuando, contra lo que parecía su voluntad, su presencia empezó a llamar la atención de empleados y pasajeros en un andén. Alguno de ellos, el más animado, se animó a preguntarle en voz alta lo que todos se preguntaban en silencio y él tuvo que acceder a relatar su historia. Triste y tal vez vergonzosa, pero suya.

Un tiempo atrás, explicó, en su Trelew natal las cosas empezaron a ir peor. Sin pan y sin trabajo, con su familia golpeada por dolores íntimos, había tenido que pensar en un exilio para sostenerla. Habría creído encontrar la solución en una propuesta que le había hecho un tal Ferreyra, con quien ya había tenido tratos pero nunca una traición como ésta: el hombre le había ofrecido que se mudara a Entre Ríos para darle empleo, pero se había borrado.

-Primero iba a venir solo, pero este hombre me dijo que había conseguido los pasajes para mí y mi familia, que tenía donde quedarme y que trajera el pase de la escuela de los chicos, contó, entre tímido y avergonzado.

Pablo Ángel Enríquez, según lo identificarían los medios locales, agregó que se había lanzado a la aventura con su mujer y sus cuatro hijos. Habían llegado el 11 de abril a Paraná y se habían encontrado con el tal Ferreyra, quien le había pedido que le entregara su Libreta del Fondo de Desempleo. Después, recordó, se había hecho aire.

-A los dos días fui a la Policía, pero me dijeron que como había entregado la libreta de buena fe no podía hacer la denuncia. Sí me dijeron que iban a tratar de localizarlo...

La gente de la Terminal hizo una colecta solidaria y le dio plata para los pasajes. Luego, no lo vio más. Pero se supo que Enríquez fue a la Municipalidad de Paraná, adonde contó que había podido enviar de regreso a Chubut a su esposa y a tres de sus hijos, pero que seguían varados él y uno de los nenes. Agregó que su mujer les había conseguido pasajes desde Rosario hasta su casa, pero que no tenía cómo llegar hasta la ciudad santafesina. La respuesta fue enviarlo a la redacción del Diario Uno, donde el 20 de abril de 2012 publicaron una nota en la que se consignaba su historia y un teléfono para acercarle donaciones.

La respuesta fue una avalancha.

Nada se volvió a saber de Enríquez durante un tiempo. Hasta que el 20 de mayo de 2013 reapareció. Y, al parecer, no con mejor suerte.

Ahora estaba en Santa Rosa, La Pampa, y ya usaba el nombre de pila con el que recorrería medio país: Pedro Enríquez. Un medio local, Plan B Noticias, lo descubrió errando por la Terminal de Ómnibus de la ciudad. Otra vez, en mala forma. Lo acompañaba uno de sus hijo y decía haber llegado días antes desde Misiones, viajando a dedo. Estaban, afirmó, sin un centavo y con una necesidad enorme: regresar a su ciudad, Trelew, para ver a su hija lo antes posible ya que acababa de ser operada del corazón en la Fundación Favaloro y se estaba recuperando. “Necesita la colaboración de la comunidad”, publicó el portal web.

Y Enríquez la consiguió aunque, a juzgar por lo que ocurriría después, no fue suficiente.

Es que, dos meses más tarde, el desafortunado Enríquez tuvo que volver a un medio de comunicación. Fue el 26 de julio de 2013: una radio de Viedma (RN 24, Río Negro) lo vio entrar a sus estudios y le prestó el micrófono para que relatara las 48 horas que sumaba varado en la ciudad junto a sus dos hijitos, sin lugar para dormir ni plata para comprar comida. Necesitaba regresar a Trelew y el pedido solidario tuvo respuesta. Días después, cuando desde la radio lo contactaron para que contara el final de su odisea, lo hizo a conciencia: “Las hermanas Carmelitas me compraron los pasajes. Hubo gente que vino a traernos algo para comer y sobre todo, Alejandra y su familia que nos cobijaron en su casa”, recordó.

Su rastro se perdió durante los meses que siguieron. Pero no fue algo definitivo.

El 22 de agosto de 2015, Pedro Angel Enríquez conmovió a los periodistas de Radio Nacional en Bahía Blanca y logró que le permitieran relatar su triste historia al aire. Estaba con su hijo de siete años y necesitaba viajar de inmediato a Trelew porque, reseñó, la tragedia se había ensañado con su familia. Había estado trabajando en Corrientes con cierto bienestar hasta que una noche infausta su casa se había quemado y uno de sus hijos había muerto. Hoy no sabía cómo volver a su tierra.

Lo ayudaron, más no lo suficiente. El 25 de junio de 2016, Pedro Enríquez vagaba sin rumbo junto a su hija Celeste por la Terminal de Ómnibus de 9 de Julio (provincia de Buenos Aires) cuando su rostro compungido llevó a una vecina a preguntarle qué le andaba pasando. Y le pasaba mucho. Desde hacía unos cuatro años, le contó, había estado trabajando en Río Gallegos (Santa Cruz) para un contratista en obras de cloacas. “La situación se puso difícil y no pudimos seguir más. Hace 6 meses que nos quedamos sin trabajo”, relató.

Sobre esto, algo aún peor. Tres meses antes, indicó, se había incendiado su casa y había muerto su otra hija mujer. Por eso, le dijo a la mujer sin más necesidad de justificación, habían resuelto emprender el regreso a su Paraná natal. Su esposa había logrado llegar pero a él y a su hija un camionero los había alcanzado sólo hasta 9 de Julio. Y no tenían cómo seguir. La vecina, criteriosa, le sugirió que fuera a FM Amanecer. Enríquez siguió la idea y, minutos más tarde, estaba al aire. La historia, recogida más tarde por el diario El 9 de Julio, se completó cuando la gente empezó a acercarse a la emisora con dinero, comida y ofrecimientos para alojarlos. “Me sorprendió todo esto, no lo esperaba. Estoy muy agradecido y estoy contento porque vamos a poder viajar”, fueron las emocionadas palabras del hombre.

El viaje, sin embargo, no terminó en el destino anunciado. Al menos, no en el corto plazo. Es que un mes después, el 25 de julio de 2016, Pedro Enríquez se apareció en la Terminal de Ómnibus de San Pedro (Buenos Aires) con dos de sus hijos de la mano. Contó que habían llegado hasta allí haciendo dedo, tras sufrir una intensa mala racha. Primero, afirmó, la detención de Lázaro Báez había provocado el cierre de la empresa constructora de Trelew que lo empleaba. Luego, un incendio había acabado con su casa. Y, lo peor, con la vida de su hija. Necesitaba regresar a su ciudad natal, San Miguel de Tucumán, pero sólo su esposa -con otras dos hijas, un hijo discapacitado y dos nietos - lo había logrado. Llevaba, dijo, tres noches durmiendo en la estación.

“Sólo le bastó decir la palabra ‘Báez’ para que nos diéramos cuenta de que no se trataba de un caso más. Frotaba sus manos por el frío (...) Detrás, sus hijos Fernando (12) y Daniel (9) lo escuchaban pero no lo miraban”, relató la crónica de Visión Regional, un medio local. Enríquez fue a La Radio, pidió ayuda y se le apareció un jubilado para darle dinero. Una chica le llevó cinco sánguches calientes y un oyente le ofreció, desde el extranjero, comprar los pasajes. La solidaridad se multiplicó y un periodista decidió acompañarlo hasta la puerta misma del colectivo que lo llevaría a San Miguel, luego de oírlo detallar la muerte de su hija, de verlo derramar sus lágrimas por ella y hasta de atestiguar sus comentarios políticos: “No pudo dejar de mostrar su admiración por Cristina Fernández de Kirchner, por su oratoria y su memoria”. Un abrazo los separó, con una promesa del viajero: “Te espero en Tucumán”.

Pero Enríquez no pudo cumplir. Dos días más tarde, otro infortunio lo depositó en Santiago del Estero. Las cámaras de NotiExprés lo registraron junto a sus dos hijos varones, devastado. “Nosotros somos de Trelew”, señaló allí. “Y hace dos años y medio estábamos trabajando en Catamarca. Hace seis meses nos quedamos sin trabajo y nos enteramos que estábamos trabajando para una contratista de Báez...”, agregó. “Hace cuatro meses se quemó mi casa y falleció mi hija... La situación se puso más brava, así que decidimos volvernos...”.

Por fortuna, su mujer, sus dos hijas, sus dos nietos y su “hijito discapacitado” habían partido ya hacia Trelew. Pero él y sus nenes llevaban cuatros días “varados en Santiago, sin nada para comer ni para el hotel”. Estaban viviendo, confesó, en la Terminal de Ómnibus.

La solidaridad popular salvó otra vez a Enríquez. Pero, cosas de la vida, no lo llevó a Trelew sino a Rosario. El 16 de diciembre de 2016, entró con su hijo Fernando a Radio Nacional, en la peatonal Córdoba, con un pedido desesperado para que lo ayudaran a regresar “a su Río Gallegos natal”. Ex jornalero de una empresa de Báez en Corrientes, lo habían despedido sin indemnización “dejando sin sustento a una familia compuesta por sus seis hijos, esposa y dos nietos”. A los dos meses, un grave incendio lo había dejado sin casa y sin una de sus hijas, madre de los nietos. Habían logrado volver todos a Santa Cruz, menos él y Fernandito. “Los trabajadores de la radio, así como su director, Pablo Procopio, se pusieron en contacto con las autoridades de Río Gallegos, así como con los concejales de Rosario, los que sumados a la ayuda de una decena de oyentes consiguieron el dinero para comprar pasajes a Bahía Blanca”, informó la emisora.

De allí tomarían un micro a Río Gallegos. Pero los viajes no son tan lineales y Enríquez terminó arribando a Pigüé (Buenos Aires) el 9 de enero de este año. Vestido de remera y jeans, en un canal local de televisión narró cómo Austral Construcciones -la empresa de Báez- lo había dejado desempleado en Río Gallegos y sin medios para volver a su ciudad natal, Santa Fe. Un camionero lo había llevado a Pigüé, contó, pero le había robado todo.

La ayuda que recibió fue el orgullo de la ciudad. Pero sólo le alcanzó para ir hasta Pergamino, adonde el fin de semana pasado contó por radio que Austral Construcciones lo había echado de su empleo en Santa Fe y que necesitaba regresar a Trelew. Obtuvo asistencia de los medios, de los vecinos y hasta de la Municipalidad: le consiguieron pasajes a Junín para el domingo último, al mediodía. Pero horas antes desapareció con su hijo del hotel que le habían dado, con una excusa pueril. Fue justo a tiempo: una joven de Pigüé lo había reconocido y había alertado a una amiga en Pergamino. Así fue cómo las andanzas del Gran Simulador empezaron a conocerse.

Lo que aún no se sabe es dónde continuará su gira por este país de buena gente, que suma al menos 10 ciudades engañadas en apenas cinco años.