Piedra OnLine

miércoles, 19 de agosto de 2015

Así estudian 125 alumnos aborígenes de Santa Victoria Este. En 2013 se anunció su reparación y ampliación. Nunca se hizo.

"Acá todos los chicos hacen sus necesidades en el monte"

El 24 de diciembre de 2012 El Tribuno publicó lo que pasaba en la escuela primaria de la misión aborigen de Las Vertientes, en el límite salteño con Formosa y Paraguay de Santa Victoria Este, departamento Rivadavia. "Se prendió fuego, se inundó, una rajadura hace temer un derrumbe, hay una invasión de ratas, cuando llueve quedan aislados y el diluvio se burla de los techos, el director tiene que dormir en el aula del preescolar; no hay luz porque alguien se llevó los paneles solares; no hay baños", se consignaba.
A 32 meses de esa publicación, la situación sigue exactamente igual.
Todavía se adivinan con facilidad las huellas del incendio, que se propagó el fin de semana largo del 25 de mayo 2010. La inundación fuerte llegó a principios de 2012, cuando el Pilcomayo desbordó y se metió dentro de la escuela. Aún se ve la joroba de barro que rodea el edificio escolar. Es el barro que sacaron de las aulas. La escuela 4199 de la misión wichi de Las Vertientes parece abandonada.
Enrique Santillán es el director de la escuela. "Lo que se prendió fuego fue la casa del director, la administración y un depósito. Todo sigue como ese día. Preocupa mucho la rajadura. Acá vino gente de infraestructura, pero está todo parado. Prometieron una escuela nueva, pero hasta el día de hoy solo llegan las promesas", contó el director, que duerme en el aula del jardín de infantes, que también hace de depósito.
"Si no dejo la mercadería acá, las ratas me la comen", explica. Su cuarto, su cama, su oficina, su lugar de trabajo, todo en un mismo lugar junto a los pupitres y el pizarrón de los 22 pequeños que todos los días cursan ahí el jardín de infantes. Unas coloridas láminas decoran el humilde espacio de estudios. "Palaj", dice en wichi, bajo el dibujo de un pato picazo; "mawo", se lee bajo el dibujo de un zorro; "sulaj", es la traducción de oso hormiguero.

"Los docentes de la escuela viven en Aguas Verdes, a unos kilómetros de Las Vertientes, porque no se puede dormir en la escuela. Yo me quedo acá porque cuando nos vamos se producen destrozos de algunos inadaptados. La inundación nos dejó todos los caños trancados. El pozo ciego está tapado también", dijo el director que lleva 15 años en el lugar y es responsable de 125 chicos del nivel primario, que se educan en tres aulas muy precarias, en una de las cuales duerme todos los días.

En la escuela se prende el motor cada dos días para poder sacar agua del pozo. Aguas del Norte deja 200 litros de nafta cada dos meses. "Con eso tenemos agua nosotros y 95 familias de la comunidad", cuenta Enrique. Lo que llaman cocina es un todo de cuatro palos y una chapa. Hay huellas de animales, barro. No hay cerco perimetral. No hay baño. "Los chicos no tienen baño.
Enrique Santillán DIRECTOR, ESCUELA 4199 "Los chicos no tienen baño. Acá todos hacen sus necesidades en el monte. A nadie le gusta eso, pero es así, es la realidad. Así estamos hace ya tres años, desde que se tapó todo con la inundación".

Acá todos hacen sus necesidades en el monte. A nadie le gusta eso, es la realidad. Así estamos hace ya tres años, desde que se tapó todo con la inundación. Vinieron a arreglar pero la comunidad pidió que si no iban a reparar toda la escuela era mejor que se vayan", asegura.
No hay luz. En unas vacaciones alguien se llevó los paneles solares y nunca se repusieron. "Hice la denuncia en la Policía y mandé la nota a Edesa. Nos arreglamos con velas y mecheros", dice Santillán que trabaja junto a tres maestros de grado y tres ayudantes bilinges.
Pascual Pérez es uno de los caciques wichi de Las Vertientes. "Hemos hecho nota y nota y no pasa nada. Cuando yo tenía 10 años estaba igual la escuela y ya tengo 42. Ya no se puede seguir así. Yo pido por favor que se apuren, porque viene la época de lluvias y acá no entra nadie", explica el cacique.
Pascual reconoce que la escuela también sufrió actos vandálicos, el director tuvo que poner rejas y hoy lucen dobladas como si fueran de manteca. En toda la escuela solo quedan tres vidrios sanos. "La escuela está alejada de las casas entonces le hacen desastres", dice por su parte el director Enrique Santillán. Lo cierto es que cerca de las casas está el nuevo salón de usos múltiples que todavía no fue inaugurado y ya muestra destrozos. El pozo de agua que hizo la empresa Eco Suelo hace unos dos años, ya no funciona y no tiene motor. La empresa Aguas del Norte pasó en noviembre de 2011 a arreglar el pozo de la escuela de la que dependen 95 familias, pero el pozo frente al puesto sanitario quedó sin reparar.

Falsas promesas de obras

Se anunció la obra en julio de 2013, en plena campaña electoral: "Trabajos de ampliación y refacción en la escuela Las Vertientes de Santa Victoria Este", decía Prensa del Gobierno. El secretario de Obras Públicas, Sergio Zorpudes, aparece en la foto mirando un mapa desde un escritorio, en la nota que anunció una obra que nunca existió y que tenía un plazo de ejecución de 240 días calendario, con una inversión de $1.400.020,06.
"Baños para infantes, dos dormitorios, estar y baño para docentes, fogón, galería...", prometía el anuncio.