Piedra OnLine

domingo, 4 de diciembre de 2016

Gutiérrez y Pereyra deshojan margaritas

La política energética del macrismo pone a prueba, una vez más, la hiperdesarrollada tradición pragmática del MPN. 
 
Al gobernador Omar Gutiérrez lo obliga a equilibrar entre la defensa de la principal actividad económica de la provincia y su alianza con el gobierno nacional y al senador y secretario general del gremio de los Petroleros, Guillermo Pereyra, a definirse entre la política y el gremialismo, entre defender las decisiones de un gobierno al que ayudó a llegar al poder o a sus compañeros.

No es la primera vez que el partido provincial enfrenta un dilema de estas características. Cuando Jorge Sapag gobernaba Neuquén debió elegir entre la amigable relación que la Provincia tenía con Repsol, dueña entonces de YPF, y la decisión del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner de recuperar el control estatal de la compañía.

El ajuste anunciado esta semana por YPF tiene olor a operación programada. Se dio a conocer como prefieren las empresas petroleras, con cirugía controlada, y en medio de la discusión de un nuevo pacto federal hidrocarburífero.

En la gran mesa se sientan jugadores experimentados. Allí están representados los intereses de un gigantesco negocio en el que se disputan porciones de rentabilidad a lo largo de una cadena que arranca con los accionistas de las operadoras, sigue con las ganancias de las empresas de servicio y finaliza con los salarios de los trabajadores de la industria en sus diferentes especialidades. En un lugar de ese laberinto se ubican los estados nacional y provincial que muerden su cuotaparte con variadas formas de impuestos y los gremios, actores con poder de daño cuando el consenso no se construye.

El tironeo comprende una discusión central que es ponerle precio al producto y retocar el estatus laboral de los trabajadores mediante una flexibilización de las conquistas logradas. Dentro del paquete se discuten estrategias de crecimiento de un sector clave para el desarrollo del país mediante nuevas inversiones. Y también, como pretende la Provincia, se analiza la eliminación de las retenciones a la exportación, la continuidad del Plan Gas y la apertura de las importaciones, sólo para cuando el país agote el stock.

Todo este paquete que el gobernador ha definido como un plan integral para el desarrollo energético avanzaba hacia su formalización para mediados de mes. Pero la decisión de YPF de retirar 33 equipos, una medida que pone en riesgo unos 2.000 puestos de trabajo, sumando a los trabajadores jerárquicos, genera incertidumbre sobre el avance del programa.

La reacción local fue la esperada: un paro de 48 horas de los petroleros que, de no mediar una conciliación obligatoria, comienza mañana y una queja de Gutiérrez por el inoportuno anuncio que hizo la empresa. El gobernador agregó otro argumento a la lista de peticiones: dijo que si el gobierno nacional no acepta un precio de barril criollo con piso pero sin techo Neuquén pedirá un fondo de reparación histórica.

En este juego de intereses, el MPN suele olvidar las diferencias de sus dirigentes y se presenta en el campo de juego con estrategias ya conocidas. Mientras el gobernador sostiene la vía diplomática, la pieza gremial se transforma en la amenaza latente. Y con la certeza de que Sapag es el hombre de consulta frecuente de Gutiérrez, se debe tener en cuenta la mano oculta del exgobernador en cada movimiento para salir de este atolladero con el menor daño posible.

Gutiérrez y Pereyra deshojan margaritas mientras juegan capital político propio y el de su partido. Si lo de YPF obedece a una interna del macrismo, que además ellos no controlan, las consecuencias se pagarán aquí. Un pacto desventajoso complicará las finanzas de la provincia en el 2017 y provocará otra caída de una actividad dinamizadora. Y si esto se traduce en despidos, hay conflicto social en puerta y se esmerilará el liderazgo de ambos.