Piedra OnLine

domingo, 28 de mayo de 2017

Chihuido, un anuncio que ya cumplió más de 50 años

carnesef@lmneuquen.com.ar

Es la obra más anunciada y nunca concretada en la historia de la provincia de Neuquén. Muchas administraciones locales, gobiernos nacionales de distinto signo político y períodos de dictadura militar se sucedieron desde el nacimiento de este proyecto, que fue mutando a lo largo del tiempo y que no logró materializarse por falta de financiamiento o voluntad política. Chihuido, la represa hidroeléctrica que hoy vuelve a recobrar fuerza de la mano de China, había sido pergeñada por los ingenieros de la vieja empresa estatal Agua y Energía, hace más de 50 años.


Todo comenzó entre 1965 y 1967, cuando se pensó en una obra para la generación de electricidad que a la vez pudiera contener las crecidas sobre el río Neuquén. El lugar elegido, que no se modificó hasta hoy, fue la intersección de ese curso de agua cinco kilómetros abajo con el río Agrio, en el centro de la provincia.

El primer proyecto terminado se denominó El Chihuido y se presentó en 1977. Unos años antes se habían hecho los estudios hidrológicos y de suelo para determinar la manera en que iba a ser enterrada la presa. Se estableció una cota de 6,75 y unos 1800 megavatios de potencia instalada, muy superior a lo pensado para el actual proyecto. Pero todo se fue demorando y la iniciativa finalmente no prosperó.


En 1982 se volvió a estudiar el tema. Se llevó la cota de presa a 6,55 y la potencia instalada quedó en 700 megas, tal como la que quieren establecer ahora los chinos. A este proyecto se le agregó Chihuido II, que funcionaría como un compensador aguas abajo, similar a la función que hoy cumple Arroyito con El Chocón en el río Limay.

La obra competía por ese entonces con otro proyecto hidroeléctrico como el de Alicurá, inaugurado en 1985 y que estuvo a cargo de Hidronor. “Chihuido se cajoneó aunque era más factible técnicamente”, explicó Rodolfo Sánchez, ingeniero que trabajó en el plan de construcción de la presa junto a sus colegas Héctor Reynal y Julio Porrino, quien era el jefe del proyecto de Agua y Energía. Hubo razones políticas para este nuevo fracaso pero también económicas, vinculadas a la crisis que atravesaba el país posdictadura militar y comienzos de la democracia alfonsinista.

A principios de los 90, las hidroeléctricas, al igual que otras tantas empresas del Estado, sufrieron la ola privatizadora.

Chihuido parecía enterrado, pero la perseverancia de Sánchez, que sobrevivió a los masivos despidos de entonces, motivó la creación de un nuevo proyecto de similares características al que lo había precedido. Fue una iniciativa personal, que no podía desarrolarse de ningún modo ya que no había intención de parte de aquel gobierno nacional de encarar una obra de estas características.

Mientras funcionaron, Hidronor y Agua y Energía impulsaron la construcción de represas buscando el financiamiento de organismos multilaterales de crédito. Se licitaba el proyecto ejecutivo, se contrataba una constuctora y después la operación para la generación de energía quedaba en manos del Estado. Pero otro objetivo central, en particular con Chihuido, era el control de las crecidas del río. “Una característica que tuvo siempre este proyecto de Agua y Energía es que se pensó como un aprovechamiento múltiple o multipropósito, igual que el que está previsto ahora”, apuntó Julio Porrino hijo, que actualmente trabaja en la AIC.

Chihuido fue retomada en la provincia durante el primer gobierno de Jorge Sapag. La inundación de 2006 trajo una crecida del río Neuquén de 10 mil metros cúbicos por segundo, cuando la máxima registrada hasta ese entonces había sido de 6 mil. Eso obligó a cambiar las características de la presa. Además, dos licitaciones dieron lugar a un consorcio de empresas, que incluyó el aporte de capital extranjero. Allí apareció el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil primero y el Banco de Desarrollo de Rusia después. Ahora, bajo el mismo esquema, China, el poderoso gigante asiático, parece tener la llave para la construcción de una presa que se soñó hace poco más de medio siglo.

Falta de financiamiento o voluntad política impidieron que prospere el proyecto para generar energía y contener las crecidas.

2000 millones de dólares es el costo estimado de esta represa sobre el río Neuquén.

El proyecto trunco con Brasil y Rusia

El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) de Brasil iba a ser el primer aportante extranjero para Chihuido. OAS, empresa del país carioca, integraba la UTE que tenía preadjudicada la obra, junto a Electroingeniería, CPC SA, Hidrocuyo y Robella Carranza. El Bndes ponía 730 millones de dólares, pero esto fracasó porque el Estado argentino decidió retirar el aporte que iba a hacer la Anses (la otra pata de la financiación).

Durante la segunda presidencia de Cristina Fernández se llamó a una nueva licitación que quedó en manos de Helport y Panedile. Rusia, a través de su banco de desarrollo, ofrecía 1656 millones de dólares (el 85% del total de la obra). Esto se cayó nuevamente en 2016 con Mauricio Macri como presidente, ya que el Estado exigía una baja de la tasa de interés del préstamo (del 6,5) y Rusia no aceptó. Hoy, con el mismo esquema de negocio, el Bank of China promete concretar Chihuido.