Piedra OnLine

domingo, 8 de abril de 2018

En Neuquén, creció la posibilidad de un cambio de gobierno

Es abril. Para algunas cosas, el año recién empieza. Para otras, parece que ya estuviera terminando. La falta de soluciones a los conflictos más serios que vive la sociedad como tales, convive con la ansiedad electoral, que anticipa tiempos.

Las escuelas todavía no empezaron su rutina didáctica: se debaten entre conflictos y situaciones absurdas. El gobernador Omar Gutiérrez ya fue y volvió de Estados Unidos. Los números de Vaca Muerta se multiplican, pero a la gente le importa más la inflación, que se multiplica más contundente en el deterioro de sus bolsillos.

En el ambiente hay una sensación de desgano, impotencia, y bronca. La felicidad solo existe en la utopía de los relatos gubernamentales. Si hoy hubiera elecciones en Neuquén, el MPN perdería el gobierno que mantuvo más de medio siglo en su coto cerrado. Las encuestas que circulan celosamente custodiadas coinciden en un dato: entre la continuidad o el cambio, la mayoría elegiría un cambio. Esto, claro, es ahora. En abril de 2018.

El gobernador Omar Gutiérrez, que pretende ir por su reelección, se ubica tercero en esas encuestas. Antes que él aparecen Horacio Quiroga, primero, y Ramón Rioseco, segundo. Más abajo aparecen todos los demás que ambicionan conducir la provincia. Esta es la realidad en un ambiente denso y confuso. Un escenario en el que se propician conspiraciones tan solo con imaginarlas, y se avizoran traiciones impactantes en la misma medida que florece la desconfianza.


El MPN vive su peor momento. El que no crea esta afirmación, que encargue una encuesta propia. Verá que, número más, número menos, el escenario responde a esta escenografía. Lo sabe, por supuesto, el MPN, que está viendo cómo organizar una renovación que sea lo menos contraproducente posible, y que produzca la magia, conjurada con eventuales mejoras que el partido en el gobierno se anima a pronosticar, para que en 2019 consiga mantener el gobierno.

Eso también será difícil. En el seno partidario sobran las diferencias, aunque se disimulen. Las lecturas económicas, particularmente, son rigurosamente crueles hacia el actual gobierno de Gutiérrez. Uno de quienes tiene un panorama prolijamente esbozado y con conocimiento es el ex ministro Luis Manganaro, que en la semana anunciará formalmente su precandidatura a Gobernador. Entre otras proyecciones perturbadoras, Manganaro dice que el actual gobierno ya se gastó la plata que traerá Vaca Muerta a las arcas provinciales, si se tiene en cuenta la proyección del gasto en un contexto de déficit fiscal pronunciado.

En este sentido, es tremenda la disyuntiva partidaria del MPN. Quienes se opongan a Gutiérrez, corren el riesgo cierto y concreto de fusionar sus propias críticas con las argumentaciones que presenta la oposición externa. Los opositores internos, se llamen Rolando Figueroa, Luis Manganaro, Jorge Sobisch, y algún otro que podrá aparecer o no, tendrán un discurso que siempre se parecerá al que el peronismo, o Cambiemos, o el Frente Neuquino, esgrimirán también contra Gutiérrez.

El nivel de dificultad, pues, será alto. Más que en otras coyunturas que supo atravesar el partido provincial. Las encuestas de esta primera parte del año, indican que más del 60 por ciento de la población optaría por un cambio. Al mismo tiempo, cuando se mide la adhesión a la continuidad, es decir, al MPN, se refleja en no más de 14 por ciento. Lo demás se va en los indecisos, pero siempre en un ambiente de disconformidad.

En este contexto, hay una trilogía política que tiene una posibilidad concreta de saltar al comando de Vaca Muerta y sus eventuales beneficios. Tres políticos que por ahora irán separados al 2019, pero que raramente lleguen con tres propuestas distintas al momento de las elecciones. Estos políticos son Horacio Quiroga, Ramón Rioseco y Darío Martínez. En algún momento de la historia reciente estuvieron juntos en el kirchnerismo. Hoy, el único que sigue allí es Martínez. Quiroga es el jefe de Cambiemos, cada vez más afirmado en la posibilidad cierta de su candidatura, incluso refrendada (eso esperan) por Mauricio Macri. Y Rioseco está suelto, casi libre, como para elegir si se arrima a una u a otra de las opciones.

Falta mucho, pero a la vez, falta poco. Mientras en la provincia preocupan objetivamente los problemas que no se resuelven, la política entra en ebullición en un caldero propio, sin necesidad de alimentarse de los conflictos sociales. Esto es intencional, casi un mecanismo de preservación ante el despelote social argentino.

La mecánica es buscar ser el menos responsable en una cadena de responsabilidades condenatorias.

Por ahora, sirve. A corto plazo, la realidad les pasará por arriba a todos, y allí se verá qué es lo que queda.

Rubén Boggi