
Con la largada simbólica en el Obelisco y ante una multitud que acompañó la salida de los competidores, se puso en marcha ayer la tradicional competencia, que por segundo aƱo llega al paĆs. Unas 300 mil personas presenciaron la partida de las 372 mĆ”quinas que desde hoy iniciarĆ”n la travesĆa por caminos de Argentina y Chile.
Buenos Aires > El rally Dakar Argentina-Chile 2010 se puso en marcha ayer con una ceremonia inaugural en el Obelisco que movilizó a mÔs de 300.000 personas, quienes despidieron a las 372 mÔquinas que a partir de hoy iniciarÔn desde la ciudad bonaerense de Colón la primera de las 14 etapas de la carrera de casi 9.000 kilómetros, hasta el 17 de enero.
El vuelo rasante sobre la Avenida 9 de Julio de dos aviones HĆ©rcules de la Fuerza AĆ©rea Argentina bajo el cielo plomizo de la Ciudad de Buenos Aires preanunciaron segundos antes de las dos y media de la tarde el comienzo del espectĆ”culo, seguido, ademĆ”s, con mĆŗltiples coberturas de televisión en el paĆs y en el extranjero.
El primero de los pilotos en salir de La Rural de Palermo y llegar hasta la rampa montada frente al Obelisco fue el argentino Alejandro Patronelli, hermano de Marcos, y su presencia sobre el cuatriciclo desató el primer delirio del público, ansioso por volver a tomar contacto con las mÔquinas del Dakar o por verlas de cerca por primera vez.
Mientras miles de personas se agolpaban en los alrededores de la 9 de Julio, en la rampa acompaƱaban la largada el ministro de EconomĆa, Amado Boudou, el jefe de Gobierno porteƱo, Mauricio Macri, el secretario de Turismo de la Nación, Enrique Meyer, el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y el director del Dakar, el francĆ©s Etienne Lavigne, entre otros.
A media tarde, cuando la lluvia dejó de ser una amenaza, la 9 de Julio se convirtió en un anfiteatro gigante, donde argentinos y extranjeros de las mÔs diversas nacionalidades pugnaban por hacerse un lugar frente a las vallas que separaba el público de los pilotos.
Las palabras de aliento, apretones de manos con los protagonistas y pedidos de foto se reeditaron este aƱo a lo largo del recorrido de los pilotos por la Ciudad, incluso sobre la propia autopista 25 de Mayo, invadida peligrosamente por cientos de fanĆ”ticos que querĆan despedir a los corredores en su camino a la Panamericana y, despuĆ©s, a la ruta 8.
Tras el paso de los 29 cuatriciclos y las 160 motos, la Touareg Race II (Volkswagen) del último ganador del Dakar, el sudafricano Giniel de Villiers, abrió el camino a los 138 autos que largarÔn esta nueva edición del rally.
Entre los pilotos mÔs requeridos estaban los argentinos con Orlando Terranova (Mitsubishi) a la cabeza, Gabriel Pozzo (Subaru) y el debutante José Luis Di Palma (Toyata Hilux), pero también los extranjeros mÔs consagrados en rally, como Carlos Sainz y el simpÔtico qatarà Al Attiyah, ambos de Volkswagen.
Pero sin dudas, el que despertó el mayor delirio del pĆŗblico fue el estadounidense Robby Gordon, quien al acercarse a la rampa montada frente al Obelisco, se detuvo, retrocedió unos metros para tomar envión y aceleró frenĆ©ticamente su Hummer para terminar saltando al mejor estilo de una pelĆcula de acción norteamericana.
Mientras tanto, ya a las 7 de la tarde, la cabecera de la "Caravana Dakar habĆa recorrido "a travĆ©s de un tĆŗnel de gente", como dijeron los organizadores, los 349 kilómetros hasta la ciudad de Colón, donde un pueblo revolucionado los esperó y los aplaudió hasta bien entrada la noche.
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