Piedra OnLine

sábado, 2 de abril de 2016

El recuerdo imborrable de dos excombatientes a quienes Malvinas marcó de por vida

Lezama y Castillo padecieron el horror de la guerra. Ambos fueron prisioneros de los británicos.

CIPOLETTI (AC)- Manuel Lezama conoció lo terrible de la guerra muy joven. Antes de pisar las islas la sangre de sus dos compañeros le erizaron la piel. Fue la bienvenida al infierno, al horror de una experiencia que le puso un velo gris a sus días. Unas días antes, mientras viajaban en un buque en dirección al Atlántico Sur una voz que no olvidará jamás dijo: "Vamos a Malvinas, vamos a pasar a ser hombres de verdad, se terminaron los pibes". Lezama tenía 19 años y no sabía que estaba a horas de entrar en combate contra el ejercito británico. Nunca había escuchado de Malvinas.

Bernardo Castillo llegó más tarde a las islas y estuvo hasta el último día. Fue prisionero y pasó 72 horas sin comer ni tomar agua, hacinado en una especie de aserradero donde habían 4.000 soldados en unos 380 metros cuadrados. "Dormíamos sentados, apoyándonos en el otro" relata, como si no hubiera pasado el tiempo.

Lezama y Castillo no coincidieron en el campo de batalla, pero tienen el recuerdo imborrable y el homenaje a los caídos.

Bernardo, que estaba en la Fuerza Aérea, recuerda la impactante imagen de ver a soldados muriendo de hambre y con el frío azotando los huesos. "Estábamos en un lugar en el que había un faro, salíamos a caminar y no sabés lo que era ver a los pibes del Ejército. Era una imagen muy fuerte".

Ambos fueron prisioneros y aunque sintieron el alivio de bajar las armas, volvieron con el sabor amargo de los amigos caídos.

Aproximadamente el 18 de mayo, en combate frontal, el batallón de Lezama resistía como podía los embates británicos, superado en número y armas. El final estaba tan cerca que el cese al fuego para levantar una prenda blanca para rendirse fue un alivio enorme. El teniente Guillermo Luna dio la orden y fue el último día en el campo de batalla para Lezama. La guerra terminaría casi un mes después, el 14 de junio.

El excombatiente recuerda que "nos llevaron mar adentro y estuvimos 18 días hasta que intervino la Cruz Roja. Nos daban una ración de alimento". A 34 años de aquel 2 de abril, los dos coinciden en que "la guerra fue muy cruel" pero fue "más duro" volver.

La discriminación del gobierno, de vecinos y el intento de olvido les dolió. "Fue muy duro conseguir trabajo. Cuando llegamos nos querían hacernos policía. Una locura, nos querían dar una arma después de venir de la guerra", dijo Bernardo.