Afirmó una vez Juan Domingo Perón: "Cuando tenĆa toda la prensa a mi favor perdĆ el poder, y lo recuperĆ© cuando tuve toda la prensa en contra". Como aprendió el fundador del movimiento que desde hace mĆ”s de sesenta aƱos domina la cultura polĆtica nacional, convertir los medios en voceros oficialistas sólo sirve para desprestigiarlos y tambiĆ©n al gobierno responsable de avasallarlos pero, a pesar de la veneración que los Kirchner dicen sentir por Perón, estĆ”n convencidos de que el rol de la prensa -mejor dicho, del grupo ClarĆn- es tan decisivo en la Argentina actual que no tienen mĆ”s alternativa que la de ponerla de rodillas, de ahĆ la guerra santa que han declarado contra "el monopolio". La postura adoptada por las dos personas mĆ”s poderosas del paĆs es preocupante por muchos motivos. AdemĆ”s de reflejar el desprecio que sienten la presidenta de la RepĆŗblica y su marido por la libertad de expresión, un pilar insustituible del orden democrĆ”tico, es un sĆntoma de su obsesión malsana por las apariencias. ParecerĆa que Cristina, impresionada por los escritos de ciertos pensadores europeos, cree que en Ćŗltima instancia lo Ćŗnico que realmente importa es el "relato" y que todo, comenzando con la verdad, deberĆa subordinarse a Ć©l.
Las consecuencias prĆ”cticas de la adhesión de la presidenta a una teorĆa nada nueva que a travĆ©s de los siglos ha atraĆdo a miles de dirigentes de mentalidad autoritaria han sido nefastas. Puesto que aparte de un puƱado de intelectuales que comparten su rencor virtualmente nadie toma en serio el relato heroico que Cristina ha inventado, se ha aislado tanto del resto del paĆs que pocos dĆas transcurren sin que cometa otro error garrafal. No sólo ha sido cuestión de las estadĆsticas fantasiosas difundidas por el Indec con el propósito de hacer mĆ”s persuasivo su extravagante relato económico, sino tambiĆ©n de su negativa terca a reconocer la existencia de un sinfĆn de problemas, entre ellos los supuestos por el aumento constante de la pobreza, los perjuicios ocasionados al paĆs por su relación con el mandatario venezolano Hugo ChĆ”vez y los efectos concretos del boicot financiero internacional. Asimismo, la manĆa de la pareja gobernante por ampliar las divisiones que agrietan todas las organizaciones polĆticas, sus esfuerzos por manipular la Justicia, el empleo discrecional de los recursos del Estado, su falta de interĆ©s en la eficiencia administrativa, su noción de que "el capitalismo de los amigos" es una modalidad progresista y asĆ largamente por el estilo han tenido consecuencias muy graves que nos costarĆ” mucho superar.
Es posible que los Kirchner ganen su batalla contra el grupo ClarĆn no sólo al privarlo de goles "secuestrados" sino tambiĆ©n al conseguir la aprobación antes del próximo 10 de diciembre de una nueva ley de radiodifusión que lo perjudique, pero se tratarĆa de un triunfo hueco. Incluso si en un intento por defender sus intereses económicos los directivos del "monopolio" optaran por convertirlo en una usina de buenas noticias kirchneristas equiparable con el Indec intervenido, las ventajas polĆticas que lograrĆan serĆan escasas. Si amplios sectores ciudadanos dieran por descontado que medios de difusión importantes se habrĆan puesto al servicio del gobierno, reaccionarĆan creyendo en la veracidad de hasta los rumores mĆ”s desopilantes acerca de las presuntas fechorĆas oficiales. Es por eso que, como seƱaló Perón, los esfuerzos gubernamentales por subordinar los medios a su "proyecto" suelen resultar contraproducentes. Por negativo que haya sido el impacto en la opinión pĆŗblica de la información brindada por los medios sobre asuntos como el aumento explosivo del patrimonio de los Kirchner, para la pareja serĆa decididamente peor que la mayorĆa supusiera que la prensa -intimidada o comprada, darĆa igual- la ayuda a tapar detalles todavĆa mĆ”s escandalosos. En efecto, serĆa difĆcil concebir un mejor modo de apurar el fin del poder kirchnerista que el supuesto por el amordazamiento de un grupo mediĆ”tico como el de ClarĆn, ya que sólo servirĆa para que una proporción mayor de la población del paĆs se convenciera de que el gobierno estaba en manos de personas que temen tanto a la verdad que irĆan a cualquier extremo para ocultarla.
Las consecuencias prĆ”cticas de la adhesión de la presidenta a una teorĆa nada nueva que a travĆ©s de los siglos ha atraĆdo a miles de dirigentes de mentalidad autoritaria han sido nefastas. Puesto que aparte de un puƱado de intelectuales que comparten su rencor virtualmente nadie toma en serio el relato heroico que Cristina ha inventado, se ha aislado tanto del resto del paĆs que pocos dĆas transcurren sin que cometa otro error garrafal. No sólo ha sido cuestión de las estadĆsticas fantasiosas difundidas por el Indec con el propósito de hacer mĆ”s persuasivo su extravagante relato económico, sino tambiĆ©n de su negativa terca a reconocer la existencia de un sinfĆn de problemas, entre ellos los supuestos por el aumento constante de la pobreza, los perjuicios ocasionados al paĆs por su relación con el mandatario venezolano Hugo ChĆ”vez y los efectos concretos del boicot financiero internacional. Asimismo, la manĆa de la pareja gobernante por ampliar las divisiones que agrietan todas las organizaciones polĆticas, sus esfuerzos por manipular la Justicia, el empleo discrecional de los recursos del Estado, su falta de interĆ©s en la eficiencia administrativa, su noción de que "el capitalismo de los amigos" es una modalidad progresista y asĆ largamente por el estilo han tenido consecuencias muy graves que nos costarĆ” mucho superar.
Es posible que los Kirchner ganen su batalla contra el grupo ClarĆn no sólo al privarlo de goles "secuestrados" sino tambiĆ©n al conseguir la aprobación antes del próximo 10 de diciembre de una nueva ley de radiodifusión que lo perjudique, pero se tratarĆa de un triunfo hueco. Incluso si en un intento por defender sus intereses económicos los directivos del "monopolio" optaran por convertirlo en una usina de buenas noticias kirchneristas equiparable con el Indec intervenido, las ventajas polĆticas que lograrĆan serĆan escasas. Si amplios sectores ciudadanos dieran por descontado que medios de difusión importantes se habrĆan puesto al servicio del gobierno, reaccionarĆan creyendo en la veracidad de hasta los rumores mĆ”s desopilantes acerca de las presuntas fechorĆas oficiales. Es por eso que, como seƱaló Perón, los esfuerzos gubernamentales por subordinar los medios a su "proyecto" suelen resultar contraproducentes. Por negativo que haya sido el impacto en la opinión pĆŗblica de la información brindada por los medios sobre asuntos como el aumento explosivo del patrimonio de los Kirchner, para la pareja serĆa decididamente peor que la mayorĆa supusiera que la prensa -intimidada o comprada, darĆa igual- la ayuda a tapar detalles todavĆa mĆ”s escandalosos. En efecto, serĆa difĆcil concebir un mejor modo de apurar el fin del poder kirchnerista que el supuesto por el amordazamiento de un grupo mediĆ”tico como el de ClarĆn, ya que sólo servirĆa para que una proporción mayor de la población del paĆs se convenciera de que el gobierno estaba en manos de personas que temen tanto a la verdad que irĆan a cualquier extremo para ocultarla.
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