Un paĆs de golpistas
A juzgar por su forma de hablar, tanto la presidenta Cristina FernĆ”ndez de Kirchner como sus partidarios mĆ”s entusiastas sienten nostalgia por los dĆas en que los golpes militares eran rutinarios. SerĆ” por este motivo que se han acostumbrado a calificar de "golpista" a cualquiera que se anime a oponĆ©rseles, trĆ”tese de dirigentes chacareros, periodistas o, Ćŗltimamente, los dirigentes pacĆficos de la UCR, agrupación que segĆŗn el ministro del Interior, Florencio Randazzo, "tiene una actitud cuasi golpista por pedirle al vicepresidente que vote en contra del gobierno del que forma parte". Como Randazzo sabe muy bien, el vicepresidente enojó a sus correligionarios al aprobar la remoción de MartĆn Redrado como titular del Banco Central, mostrando asĆ que no tiene ninguna intención de dejarse manipular por los jefes radicales. En cuanto a la asistencia de Julio Cobos a una reunión que celebraban legisladores de la UCR en San NicolĆ”s, no debió haber molestado a los oficialistas, ya que fue por su condición de disidente radical que lo eligió NĆ©stor Kirchner para ser el compaƱero de fórmula de su mujer en las elecciones presidenciales del 2007.
Si bien a esta altura ningĆŗn polĆtico respetable soƱarĆa con reivindicar el golpismo, la verdad es que antes de 1976 muchos preferĆan verse desplazados por los tanques a correr el riesgo de sufrir una derrota electoral por entender que en Ćŗltima instancia les convendrĆa ser vĆctimas de un atropello claramente ilegĆtimo. En tal caso, serĆa sólo una cuestión de tiempo antes de que el debate polĆtico girara en torno a los mĆ©ritos relativos de la democracia por un lado y el autoritarismo arbitrario por el otro, no en torno a los temas menos bĆ”sicos pero mucho mĆ”s complicados que suelen preocupar a la opinión pĆŗblica en los paĆses desarrollados. Aunque las circunstancias han cambiado tanto que la mentalidad asĆ reflejada es penosamente anacrónica, los kirchneristas siguen hablando como si la Argentina aĆŗn se encontrara en los aƱos finales de la dĆ©cada de los setenta en que, luego de haberse dado cuenta la ciudadanĆa de la magnitud de los horrores perpetrados por el rĆ©gimen militar, era razonable argüir que hasta el peor gobierno democrĆ”tico es mejor que cualquier dictadura. Por fortuna, las alternativas frente al paĆs dejaron hace mucho de incluir un rĆ©gimen castrense, pero algunos miembros del gobierno actual, entre ellos la presidenta, el ministro del Interior y el jefe de Gabinete, se resisten a darse por enterados, en parte porque a su entender los ayuda a dar un toque Ć©pico al "relato" que estĆ”n protagonizando y en parte porque les ha resultado muy difĆcil adaptarse a la cultura polĆtica democrĆ”tica que, en teorĆa por lo menos, impera en el paĆs desde 1983.
Sea como fuere, el apego de los Kirchner a formas de pensar que serĆan mĆ”s apropiadas para la Argentina de medio siglo atrĆ”s que para la del 2010 podrĆa resultar peligroso. En diversas ocasiones, distintos personajes que actĆŗan como voceros informales de los Kirchner –ademĆ”s, segĆŗn se ha informado, de los Kirchner mismos– han dado a entender que, si la oposición no les permite gobernar como quieren, podrĆan abandonar el poder para que Cobos se encargue del desaguisado resultante. Puesto que no hay ninguna posibilidad de que las fuerzas armadas intervengan, tendrĆan que atribuir una eventual decisión de tal tipo a las maniobras conspirativas de golpistas civiles agazapados en "las corporaciones", "los medios" y, claro estĆ”, las facciones polĆticas opositoras, pero a pesar de sus esfuerzos por convencer a la ciudadanĆa de que estĆ”n defendiendo la democracia contra una horda de golpistas de ideologĆa es de suponer derechista, muy pocos estĆ”n dispuestos a tomarlos en serio. De concretarse las amenazas solapadas de aquellos kirchneristas que fantasean con "tirarle" el gobierno a Cobos, serĆa de resultas de su propia incapacidad para atenuar los problemas que ellos mismos han creado, no porque agrupaciones opositoras hayan decidido reeditar el "golpe civil", presuntamente protagonizado por ciertos intendentes del conurbano bonaerense, que puso fin a la gestión del presidente Fernando de la RĆŗa o porque los empresarios del Grupo ClarĆn y los productores rurales hayan confabulado con otros para destituirlos.
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A juzgar por su forma de hablar, tanto la presidenta Cristina FernĆ”ndez de Kirchner como sus partidarios mĆ”s entusiastas sienten nostalgia por los dĆas en que los golpes militares eran rutinarios. SerĆ” por este motivo que se han acostumbrado a calificar de "golpista" a cualquiera que se anime a oponĆ©rseles, trĆ”tese de dirigentes chacareros, periodistas o, Ćŗltimamente, los dirigentes pacĆficos de la UCR, agrupación que segĆŗn el ministro del Interior, Florencio Randazzo, "tiene una actitud cuasi golpista por pedirle al vicepresidente que vote en contra del gobierno del que forma parte". Como Randazzo sabe muy bien, el vicepresidente enojó a sus correligionarios al aprobar la remoción de MartĆn Redrado como titular del Banco Central, mostrando asĆ que no tiene ninguna intención de dejarse manipular por los jefes radicales. En cuanto a la asistencia de Julio Cobos a una reunión que celebraban legisladores de la UCR en San NicolĆ”s, no debió haber molestado a los oficialistas, ya que fue por su condición de disidente radical que lo eligió NĆ©stor Kirchner para ser el compaƱero de fórmula de su mujer en las elecciones presidenciales del 2007.
Si bien a esta altura ningĆŗn polĆtico respetable soƱarĆa con reivindicar el golpismo, la verdad es que antes de 1976 muchos preferĆan verse desplazados por los tanques a correr el riesgo de sufrir una derrota electoral por entender que en Ćŗltima instancia les convendrĆa ser vĆctimas de un atropello claramente ilegĆtimo. En tal caso, serĆa sólo una cuestión de tiempo antes de que el debate polĆtico girara en torno a los mĆ©ritos relativos de la democracia por un lado y el autoritarismo arbitrario por el otro, no en torno a los temas menos bĆ”sicos pero mucho mĆ”s complicados que suelen preocupar a la opinión pĆŗblica en los paĆses desarrollados. Aunque las circunstancias han cambiado tanto que la mentalidad asĆ reflejada es penosamente anacrónica, los kirchneristas siguen hablando como si la Argentina aĆŗn se encontrara en los aƱos finales de la dĆ©cada de los setenta en que, luego de haberse dado cuenta la ciudadanĆa de la magnitud de los horrores perpetrados por el rĆ©gimen militar, era razonable argüir que hasta el peor gobierno democrĆ”tico es mejor que cualquier dictadura. Por fortuna, las alternativas frente al paĆs dejaron hace mucho de incluir un rĆ©gimen castrense, pero algunos miembros del gobierno actual, entre ellos la presidenta, el ministro del Interior y el jefe de Gabinete, se resisten a darse por enterados, en parte porque a su entender los ayuda a dar un toque Ć©pico al "relato" que estĆ”n protagonizando y en parte porque les ha resultado muy difĆcil adaptarse a la cultura polĆtica democrĆ”tica que, en teorĆa por lo menos, impera en el paĆs desde 1983.
Sea como fuere, el apego de los Kirchner a formas de pensar que serĆan mĆ”s apropiadas para la Argentina de medio siglo atrĆ”s que para la del 2010 podrĆa resultar peligroso. En diversas ocasiones, distintos personajes que actĆŗan como voceros informales de los Kirchner –ademĆ”s, segĆŗn se ha informado, de los Kirchner mismos– han dado a entender que, si la oposición no les permite gobernar como quieren, podrĆan abandonar el poder para que Cobos se encargue del desaguisado resultante. Puesto que no hay ninguna posibilidad de que las fuerzas armadas intervengan, tendrĆan que atribuir una eventual decisión de tal tipo a las maniobras conspirativas de golpistas civiles agazapados en "las corporaciones", "los medios" y, claro estĆ”, las facciones polĆticas opositoras, pero a pesar de sus esfuerzos por convencer a la ciudadanĆa de que estĆ”n defendiendo la democracia contra una horda de golpistas de ideologĆa es de suponer derechista, muy pocos estĆ”n dispuestos a tomarlos en serio. De concretarse las amenazas solapadas de aquellos kirchneristas que fantasean con "tirarle" el gobierno a Cobos, serĆa de resultas de su propia incapacidad para atenuar los problemas que ellos mismos han creado, no porque agrupaciones opositoras hayan decidido reeditar el "golpe civil", presuntamente protagonizado por ciertos intendentes del conurbano bonaerense, que puso fin a la gestión del presidente Fernando de la RĆŗa o porque los empresarios del Grupo ClarĆn y los productores rurales hayan confabulado con otros para destituirlos.
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