


El equipo regresó al Campo Base a 5.300 metros y se encuentra en perĆodo de descanso tras 5 ó 6 dĆas fluctuando entre el campamento 1 y el Campamento 2 a casi 7.000 mts de altura. En la foto, Charly Galosi escalando el inicio de cascada Khumbu.
El Ćŗltimo reporte de la Expedición Argentina Everest 2010, informó que sus 5 integrantes se encuentran en perfectas condiciones fĆsicas y anĆmicas y my motivados para el posible asalto a la cumbre, previsto a partir del 16 de Mayo.
Charly Galosi informó en un comunicado que estarĆ”n "varios dĆas de descanso" y para "recuperar todo lo perdido" en referencia al desgaste de estos dĆas pasados, producto del esfuerzo y la deshidratación.
Por su parte, Francisco Minieri, 6º intregante y Director de la Expedición, se encuentra ya realizando el trekking hacia el Campamento Base para el encuentro del resto del equipo.
Según indicaron, la aclimatación a la altura va progresando positivamente. Han estado trabajando junto a los sherpas, en el fijado de cuerdas fijas que asaltan el Campamento 3. Persisten al momento los inconvenientes con el teléfono satelital, no siendo posible la comunicación telefónica desde y hacia Argentina.
Se estĆ” intentando ademĆ”s, activar un segundo telĆ©fono satelital que estaba programado solo para el envĆo de datos, como mails y fotos.
Desde chico que el atletismo ha llamado poderosamente mi atención, no recuerdo haber visto esa tan acostumbrada y casi malsana competitividad de otros deportes, siempre el atleta contra el cronómetro o contra una regla y un piso de arena, contra una vara o simplemente contra si mismo… A la hora de las finales me suelo quedar fascinado con las carreras de resistencia y dentro de las de velocidad la que mĆ”s me atrapa son los 110 mts. vallas, no basta con ser rĆ”pido y coordinado, esos corredores estĆ”n obligados a partir con su mĆ”xima potencia, dĆ”ndolo todo, y a los pocos metros se les presenta delante un incómodo obstĆ”culo, y si lo superan cada escasos metros les toca saltar otra valla; en ocasiones no sortean la barrera con soltura pero siguen en carrera y lo que importa al final es cuanta garra le ponen para llegar a la meta, nadie abandona cuando tira la primer valla, supongo que en ello radica que estĆ©n en las instancias finales que nosotros vemos por televisión. A fin de cuentas no solo son velocistas sino obstaculistas, lo cual a mi parecer los hace mĆ”s meritorios todavĆa.
En estos Ćŗltimos dĆas el monte Everest se me asemeja muchĆsimo a una carrera de 110 mts. vallas, el acercamiento al base ha sido desde todo punto de vista un entrenamiento para lo que nos esperaba mĆ”s allĆ” de la cascada del Khumbu. Entrenar es prepararse fĆsica y mentalmente para un momento y para un evento determinado, nos preguntĆ”bamos, no sin cierto escepticismo, si el ritmo desde Lukla no era muy lento, si los dĆas de descanso no eran demasiados, si no se podrĆa ir directo al campo 2, pues bien, con el paso de las jornadas nos hemos convencido de que el ritmo ha sido el correcto, que las vallas se van superando una a una y que estamos en una carrera en la que la paciencia y la garra serĆ”n las que nos lleven a la meta.
Desde nuestro primer acercamiento al campo 1 el conocimiento de la montaƱa ha ido en aumento minuto a minuto, superar la cascada de seracs del Khumbu es un acontecimiento que marca un antes y un despuĆ©s en la expedición. La primera vez nos sometió a una prueba exigente, el frĆo en la madrugada nos apabulló, el desnivel y la altura nos castigaron y el calor finalmente nos deshidrató a la bajada, todo un gran aprendizaje que nos preparó para el segundo aventón que nos dejó en las carpas del campamento 1 en menos de cinco horas el dĆa 19 de expedición y en mucho mejores condiciones.
El campo 1 se encuentra ya en el llamado Valle del Silencio, enmarcado entre los contrafuertes del mismĆsimo Everest y del Nupse, a 6150 msnm y en el plató del Khumbu rodeado de gigantescas grietas. Lo mismo que la mayorĆa de las jornadas anteriores pasado el mediodĆa el clima se va poniendo inestable, el cielo se nubla, la temperatura se zambulle y la tarea ordinaria de derretir hielo y convertirlo en agua se convierte en un acontecimiento dificultoso. Las horas pasan con conversaciones entre tiendas, hidratación, alimentación y alguna que otra siesta. El frƬo, compaƱero inseparable desde hace mĆ”s de 15 dĆas, nos recluye en las bolsas de dormir a la espera de una nueva jornada y nos permite un ansiado descanso.
ReciĆ©n cuando los primeros rayos de sol sacuden los sobre techos de las tiendas estamos en condiciones de salir de los sacos de dormir, antes no hay cristiano que aguante las temperaturas bajo cero de esta montaƱa. Las actividades habituales de la maƱana van acompaƱadas por la procesión de sherpas cargados camino al campo 2. La tarea de la jornada es sencilla, atravesar el Valle del Silencio y con intenciones de aclimatar llegar al siguiente campamento, situado ya en las laderas mismas de la cumbre del Everest a mĆ”s de 6400 mts. y regresar a dormir al campo 1. El plató de hielo que separa el 1 del 2 no es particularmente difĆcil ni riesgoso, aunque por momentos las grietas nos hacen caracolear y los gigantescos bloques de hielo de viejas avalanchas hacen que aceleremos el paso, si algĆŗn serac cayó de la pared Nupse en alguna ocasión anterior, nadie nos asegura que no ocurra nuevamente. En menos de 3 horas llegamos al campo 2, otra pequeƱa urbanización de tiendas tapizadas sobre una sección del glaciar cubierta de piedras ubicadas allĆ por el desprendimiento desde las faldas del Everest. Lo primero que salta a la vista es que este mismo lugar ha servido de emplazamiento de cientos de expediciones ya que la basura abunda entre las grietas. El lugar no es de lo mĆ”s lindo pero una sopa caliente en la carpa comedor sube los Ć”nimos de todos. Nuevamente el frƬo comienza a aterirnos y preparamos la huĆda a nuestro nuevo dormitorio en el campo 1. La nevada arrecia y lo mismo que el dĆa anterior nos zambullimos en las bolsas de dormir, el objetivo de aclimatación estĆ” cumplido.
Otro amanecer diĆ”fano nos encuentra entumecidos por los -16Āŗ de la noche, armamos las mochilas y arrancamos nuevamente al 2, en esta ocasión con la idea de dormir allĆ. El trayecto en esta ocasión lo recorremos con mĆ”s celeridad y antes de comer ya estamos moviendo piedras para armar las plataformas de las carpas, tarea mĆ”s que ardua por el desgaste previo y por lo difĆcil que es realizar cualquier actividad fĆsica a esta altura. DespuĆ©s del almuerzo finalizamos la instalación de nuestro campamento, cosa que nos demoró largas horas y mucho esfuerzo. La tarde trae otra nueva nevada y la noche nos demuestra que si pensĆ”bamos que el base era un lugar frƬo, la zona media de la montaƱa lo es mucho mĆ”s, la pregunta es “como serĆ” la parte alta?”.
Los primeros malestares estomacales, insomnios y dolores de cabeza fuertes se manifiestan aquĆ, venĆamos invictos de molestias mĆ”s allĆ” de alguna pequeƱa jaqueca, la persistente tos del Khumbu que nos asediaba a todos o alguna diarrea ocasional. Con algunas bajas arrancamos hacia la base de la pared Lhotse en plan de aclimatación, los sherpas estĆ”n fijando las cuerdas para el campamento 3 en una rampa helada de alrededor de 700 mts y unos 45Āŗ de pendiente, la tarea parece ardua por la dureza de hielo cristalino que cubre toda la pala. En un par de horas nos encontramos en la base de la rimaya, donde Charly y DamiĆ”n Benegas se separan del grupo para asistir en la instalación de los rapeles en la pared Lhotse, mientras el resto de nosotros encaramos el regreso a distintas velocidades. MĆ”s tarde sabemos de primera mano de la dureza del hielo hasta los casi 7000 mts ya que los chicos lo han sufrido por un par de horas en Ć©l, mientras que nosotros nos dedicĆ”bamos a recuperar botellas viejas de O2 caĆdas de la cumbre sur sobre el glaciar y que representan la basura mĆ”s detestable y cotizada del valle.
La tarde se nubla y el frƬo arrecia nuevamente, en la pequeƱa carpa comedor nos amuchamos todos a la hora de la cena y los planes para el dĆa siguiente se delinean, la mayorĆa del grupo bajarĆ” al base mientras DamiĆ”n, el Topo y yo nos quedaremos en el 2 para continuar con los trabajos en la pared Lhotse.
A eso de las 7 de la maƱana y con lo peor del frƬo matutino el grupo arranca la retirada en cuentagotas, el Ćŗltimo en partir es Cuni, que habiĆ©ndose quedado con la intención de dar una mano en la pared, decide bajar ya que hace en par de dĆas que sufre los estragos de la altura en forma de un difĆcilmente controlable insomnio, imperceptible desde el exterior por su fortaleza; su experiencia previa en la altura lo previene y a eso de las 9 de la maƱana Ć©l tambiĆ©n va en bĆŗsqueda de descanso en el campo base, mientras que nosotros tenemos la oportunidad de remolonear un poco mĆ”s. Tras un opĆparo desayuno arrancamos nuevamente hacia la pared Lhotse mĆ”s equipados que en el dĆa anterior y porteando dos escaleras de aluminio para superar la rimaya y dejar finalmente la ruta al 3 resuelta. La expedición argentina de la mano de los Benegas es la Ćŗnica representación occidental en las tareas de fijado de la lĆnea de ascenso al campo 3, tanto ayer en la persona de Charly, Willy y DamiĆ”n, como hoy con DamiĆ”n y yo como exponentes, el resto son sherpas. El trabajo en altura es agotador y tras 3 o 4 horas la rimaya estĆ” resuelta y los Ćŗltimos rapeles estĆ”n armados, justo antes de que se nuble y se largue a nevar comenzamos el descenso pero no hacia el campamento sino hacia el medio del glaciar, hace un par de dĆas que apareció una gran mancha roja en una zona poblada de grietas, la idea es ver si se trata de una carpa vieja, una bolsa de dormir o un cuerpo. Nos encordamos y tras resolver un pequeƱo laberinto llegamos a la triste y sórdida imagen de un cadĆ”ver empaquetado en una bolsa de dormir. A la postre las averiguaciones nos llevarĆ”n a identificarlo como un escalador de KazajistĆ”n que fue barrido el aƱo anterior por una avalancha y a quien sus compaƱeros “enterraron” en una profunda grieta sin esperar su inhumación por parte del glaciar. La escena es tĆ©trica, sacamos las fotos de rigor para su identificación pero no queda mucho mĆ”s que hacer que irse para abajo con un importante sinsabor en los labios.
Lo ocurrido durante las dos Ćŗltimas jornadas pone de manifiesto la jerarquĆa que tienen en esta montaƱa los hermanos Benegas, no solo se han ganado el respeto de la mayorĆa de los sherpas, sino que participan activamente de las decisiones tĆ©cnicas del accionar de la mayorĆa de las expediciones, de la ejecución de dichas decisiones y se hacen responsables de resolver temas como la identificación de un cuerpo. El hecho de compartir gran parte de la expedición con ellos es muy ilustrativo.
DespuĆ©s de separarme del grupito de bajada, en parte para reflexionar lo ocurrido durante el dĆa y en parte para buscar mĆ”s botellas viejas de O2, en un par de horas me encuentro con el Topo en el campamento, nos quedamos solos ya que DamiĆ”n se ha marchado para el base sin demora, nuestra decisión previa era la de permanecer una noche mĆ”s para continuar con la aclimatación, acompaƱados de Kengsing, el joven cocinero del Campo 2 y Lagpa, el Sidar jefe de los sherpas. La noche se hace larga ya que el frƬo, mĆ”s intenso aquĆ que en ningĆŗn otro lugar de la montaƱa, muerde fuertemente los pulmones de Kengsing y del Topo que se pasan la noche tosiendo, la tos del Khumbu no tiene clemencia de nadie.
La maƱana trae un frio que parte los labios, muerde los dedos y entumece los pensamientos, organizamos las cosa que se quedan y las que se van y partimos sin demora hacia el base. El Topo, muy desgastado por la mala noche pasada avanza con lentitud por la casada de seracs, no es un lugar placentero para estar pero no nos separamos en ningĆŗn momento de la bajada, finalmente tras 4 horas y media de descenso casi agónico llegamos al campo base justo antes del almuerzo, opĆparo como siempre y mĆ”s que nunca regenerativo. Nos presentan a la nueva encargada del campamento, Mara, una norteamericana de pequeƱa estatura, voz resonante y personalidad enĆ©rgica, y entre charlas y puestas al dĆa se pasa el mediodĆa. La tarde no trae muchas novedades, seguimos con problemas de comunicación hacia el exterior, los chicos lidian con ello mientras yo me pego la primera ducha en muchos dĆas.
La tarde de descanso trae la noche y una improvisada fiestita trae invitados de otros campamentos. Lo mĆ”s destacado es la presencia de la cordada Simone Moro y Denis Urubko, la crema de la crema del himalayismo del momento. Parecen personajes de una revista de montaƱa de Ć©poca, a Simone ya habĆamos tenido la oportunidad de conocerlo y de compartir anĆ©cdotas de escalada, Denis acaba de llegar al base. Las horas pasan entre historia e historia y nos vamos todos a dormir con una gran sonrisa en los labios.
El Ćŗltimo reporte de la Expedición Argentina Everest 2010, informó que sus 5 integrantes se encuentran en perfectas condiciones fĆsicas y anĆmicas y my motivados para el posible asalto a la cumbre, previsto a partir del 16 de Mayo.
Charly Galosi informó en un comunicado que estarĆ”n "varios dĆas de descanso" y para "recuperar todo lo perdido" en referencia al desgaste de estos dĆas pasados, producto del esfuerzo y la deshidratación.
Por su parte, Francisco Minieri, 6º intregante y Director de la Expedición, se encuentra ya realizando el trekking hacia el Campamento Base para el encuentro del resto del equipo.
Según indicaron, la aclimatación a la altura va progresando positivamente. Han estado trabajando junto a los sherpas, en el fijado de cuerdas fijas que asaltan el Campamento 3. Persisten al momento los inconvenientes con el teléfono satelital, no siendo posible la comunicación telefónica desde y hacia Argentina.
Se estĆ” intentando ademĆ”s, activar un segundo telĆ©fono satelital que estaba programado solo para el envĆo de datos, como mails y fotos.
Desde chico que el atletismo ha llamado poderosamente mi atención, no recuerdo haber visto esa tan acostumbrada y casi malsana competitividad de otros deportes, siempre el atleta contra el cronómetro o contra una regla y un piso de arena, contra una vara o simplemente contra si mismo… A la hora de las finales me suelo quedar fascinado con las carreras de resistencia y dentro de las de velocidad la que mĆ”s me atrapa son los 110 mts. vallas, no basta con ser rĆ”pido y coordinado, esos corredores estĆ”n obligados a partir con su mĆ”xima potencia, dĆ”ndolo todo, y a los pocos metros se les presenta delante un incómodo obstĆ”culo, y si lo superan cada escasos metros les toca saltar otra valla; en ocasiones no sortean la barrera con soltura pero siguen en carrera y lo que importa al final es cuanta garra le ponen para llegar a la meta, nadie abandona cuando tira la primer valla, supongo que en ello radica que estĆ©n en las instancias finales que nosotros vemos por televisión. A fin de cuentas no solo son velocistas sino obstaculistas, lo cual a mi parecer los hace mĆ”s meritorios todavĆa.
En estos Ćŗltimos dĆas el monte Everest se me asemeja muchĆsimo a una carrera de 110 mts. vallas, el acercamiento al base ha sido desde todo punto de vista un entrenamiento para lo que nos esperaba mĆ”s allĆ” de la cascada del Khumbu. Entrenar es prepararse fĆsica y mentalmente para un momento y para un evento determinado, nos preguntĆ”bamos, no sin cierto escepticismo, si el ritmo desde Lukla no era muy lento, si los dĆas de descanso no eran demasiados, si no se podrĆa ir directo al campo 2, pues bien, con el paso de las jornadas nos hemos convencido de que el ritmo ha sido el correcto, que las vallas se van superando una a una y que estamos en una carrera en la que la paciencia y la garra serĆ”n las que nos lleven a la meta.
Desde nuestro primer acercamiento al campo 1 el conocimiento de la montaƱa ha ido en aumento minuto a minuto, superar la cascada de seracs del Khumbu es un acontecimiento que marca un antes y un despuĆ©s en la expedición. La primera vez nos sometió a una prueba exigente, el frĆo en la madrugada nos apabulló, el desnivel y la altura nos castigaron y el calor finalmente nos deshidrató a la bajada, todo un gran aprendizaje que nos preparó para el segundo aventón que nos dejó en las carpas del campamento 1 en menos de cinco horas el dĆa 19 de expedición y en mucho mejores condiciones.
El campo 1 se encuentra ya en el llamado Valle del Silencio, enmarcado entre los contrafuertes del mismĆsimo Everest y del Nupse, a 6150 msnm y en el plató del Khumbu rodeado de gigantescas grietas. Lo mismo que la mayorĆa de las jornadas anteriores pasado el mediodĆa el clima se va poniendo inestable, el cielo se nubla, la temperatura se zambulle y la tarea ordinaria de derretir hielo y convertirlo en agua se convierte en un acontecimiento dificultoso. Las horas pasan con conversaciones entre tiendas, hidratación, alimentación y alguna que otra siesta. El frƬo, compaƱero inseparable desde hace mĆ”s de 15 dĆas, nos recluye en las bolsas de dormir a la espera de una nueva jornada y nos permite un ansiado descanso.
ReciĆ©n cuando los primeros rayos de sol sacuden los sobre techos de las tiendas estamos en condiciones de salir de los sacos de dormir, antes no hay cristiano que aguante las temperaturas bajo cero de esta montaƱa. Las actividades habituales de la maƱana van acompaƱadas por la procesión de sherpas cargados camino al campo 2. La tarea de la jornada es sencilla, atravesar el Valle del Silencio y con intenciones de aclimatar llegar al siguiente campamento, situado ya en las laderas mismas de la cumbre del Everest a mĆ”s de 6400 mts. y regresar a dormir al campo 1. El plató de hielo que separa el 1 del 2 no es particularmente difĆcil ni riesgoso, aunque por momentos las grietas nos hacen caracolear y los gigantescos bloques de hielo de viejas avalanchas hacen que aceleremos el paso, si algĆŗn serac cayó de la pared Nupse en alguna ocasión anterior, nadie nos asegura que no ocurra nuevamente. En menos de 3 horas llegamos al campo 2, otra pequeƱa urbanización de tiendas tapizadas sobre una sección del glaciar cubierta de piedras ubicadas allĆ por el desprendimiento desde las faldas del Everest. Lo primero que salta a la vista es que este mismo lugar ha servido de emplazamiento de cientos de expediciones ya que la basura abunda entre las grietas. El lugar no es de lo mĆ”s lindo pero una sopa caliente en la carpa comedor sube los Ć”nimos de todos. Nuevamente el frƬo comienza a aterirnos y preparamos la huĆda a nuestro nuevo dormitorio en el campo 1. La nevada arrecia y lo mismo que el dĆa anterior nos zambullimos en las bolsas de dormir, el objetivo de aclimatación estĆ” cumplido.
Otro amanecer diĆ”fano nos encuentra entumecidos por los -16Āŗ de la noche, armamos las mochilas y arrancamos nuevamente al 2, en esta ocasión con la idea de dormir allĆ. El trayecto en esta ocasión lo recorremos con mĆ”s celeridad y antes de comer ya estamos moviendo piedras para armar las plataformas de las carpas, tarea mĆ”s que ardua por el desgaste previo y por lo difĆcil que es realizar cualquier actividad fĆsica a esta altura. DespuĆ©s del almuerzo finalizamos la instalación de nuestro campamento, cosa que nos demoró largas horas y mucho esfuerzo. La tarde trae otra nueva nevada y la noche nos demuestra que si pensĆ”bamos que el base era un lugar frƬo, la zona media de la montaƱa lo es mucho mĆ”s, la pregunta es “como serĆ” la parte alta?”.
Los primeros malestares estomacales, insomnios y dolores de cabeza fuertes se manifiestan aquĆ, venĆamos invictos de molestias mĆ”s allĆ” de alguna pequeƱa jaqueca, la persistente tos del Khumbu que nos asediaba a todos o alguna diarrea ocasional. Con algunas bajas arrancamos hacia la base de la pared Lhotse en plan de aclimatación, los sherpas estĆ”n fijando las cuerdas para el campamento 3 en una rampa helada de alrededor de 700 mts y unos 45Āŗ de pendiente, la tarea parece ardua por la dureza de hielo cristalino que cubre toda la pala. En un par de horas nos encontramos en la base de la rimaya, donde Charly y DamiĆ”n Benegas se separan del grupo para asistir en la instalación de los rapeles en la pared Lhotse, mientras el resto de nosotros encaramos el regreso a distintas velocidades. MĆ”s tarde sabemos de primera mano de la dureza del hielo hasta los casi 7000 mts ya que los chicos lo han sufrido por un par de horas en Ć©l, mientras que nosotros nos dedicĆ”bamos a recuperar botellas viejas de O2 caĆdas de la cumbre sur sobre el glaciar y que representan la basura mĆ”s detestable y cotizada del valle.
La tarde se nubla y el frƬo arrecia nuevamente, en la pequeƱa carpa comedor nos amuchamos todos a la hora de la cena y los planes para el dĆa siguiente se delinean, la mayorĆa del grupo bajarĆ” al base mientras DamiĆ”n, el Topo y yo nos quedaremos en el 2 para continuar con los trabajos en la pared Lhotse.
A eso de las 7 de la maƱana y con lo peor del frƬo matutino el grupo arranca la retirada en cuentagotas, el Ćŗltimo en partir es Cuni, que habiĆ©ndose quedado con la intención de dar una mano en la pared, decide bajar ya que hace en par de dĆas que sufre los estragos de la altura en forma de un difĆcilmente controlable insomnio, imperceptible desde el exterior por su fortaleza; su experiencia previa en la altura lo previene y a eso de las 9 de la maƱana Ć©l tambiĆ©n va en bĆŗsqueda de descanso en el campo base, mientras que nosotros tenemos la oportunidad de remolonear un poco mĆ”s. Tras un opĆparo desayuno arrancamos nuevamente hacia la pared Lhotse mĆ”s equipados que en el dĆa anterior y porteando dos escaleras de aluminio para superar la rimaya y dejar finalmente la ruta al 3 resuelta. La expedición argentina de la mano de los Benegas es la Ćŗnica representación occidental en las tareas de fijado de la lĆnea de ascenso al campo 3, tanto ayer en la persona de Charly, Willy y DamiĆ”n, como hoy con DamiĆ”n y yo como exponentes, el resto son sherpas. El trabajo en altura es agotador y tras 3 o 4 horas la rimaya estĆ” resuelta y los Ćŗltimos rapeles estĆ”n armados, justo antes de que se nuble y se largue a nevar comenzamos el descenso pero no hacia el campamento sino hacia el medio del glaciar, hace un par de dĆas que apareció una gran mancha roja en una zona poblada de grietas, la idea es ver si se trata de una carpa vieja, una bolsa de dormir o un cuerpo. Nos encordamos y tras resolver un pequeƱo laberinto llegamos a la triste y sórdida imagen de un cadĆ”ver empaquetado en una bolsa de dormir. A la postre las averiguaciones nos llevarĆ”n a identificarlo como un escalador de KazajistĆ”n que fue barrido el aƱo anterior por una avalancha y a quien sus compaƱeros “enterraron” en una profunda grieta sin esperar su inhumación por parte del glaciar. La escena es tĆ©trica, sacamos las fotos de rigor para su identificación pero no queda mucho mĆ”s que hacer que irse para abajo con un importante sinsabor en los labios.
Lo ocurrido durante las dos Ćŗltimas jornadas pone de manifiesto la jerarquĆa que tienen en esta montaƱa los hermanos Benegas, no solo se han ganado el respeto de la mayorĆa de los sherpas, sino que participan activamente de las decisiones tĆ©cnicas del accionar de la mayorĆa de las expediciones, de la ejecución de dichas decisiones y se hacen responsables de resolver temas como la identificación de un cuerpo. El hecho de compartir gran parte de la expedición con ellos es muy ilustrativo.
DespuĆ©s de separarme del grupito de bajada, en parte para reflexionar lo ocurrido durante el dĆa y en parte para buscar mĆ”s botellas viejas de O2, en un par de horas me encuentro con el Topo en el campamento, nos quedamos solos ya que DamiĆ”n se ha marchado para el base sin demora, nuestra decisión previa era la de permanecer una noche mĆ”s para continuar con la aclimatación, acompaƱados de Kengsing, el joven cocinero del Campo 2 y Lagpa, el Sidar jefe de los sherpas. La noche se hace larga ya que el frƬo, mĆ”s intenso aquĆ que en ningĆŗn otro lugar de la montaƱa, muerde fuertemente los pulmones de Kengsing y del Topo que se pasan la noche tosiendo, la tos del Khumbu no tiene clemencia de nadie.
La maƱana trae un frio que parte los labios, muerde los dedos y entumece los pensamientos, organizamos las cosa que se quedan y las que se van y partimos sin demora hacia el base. El Topo, muy desgastado por la mala noche pasada avanza con lentitud por la casada de seracs, no es un lugar placentero para estar pero no nos separamos en ningĆŗn momento de la bajada, finalmente tras 4 horas y media de descenso casi agónico llegamos al campo base justo antes del almuerzo, opĆparo como siempre y mĆ”s que nunca regenerativo. Nos presentan a la nueva encargada del campamento, Mara, una norteamericana de pequeƱa estatura, voz resonante y personalidad enĆ©rgica, y entre charlas y puestas al dĆa se pasa el mediodĆa. La tarde no trae muchas novedades, seguimos con problemas de comunicación hacia el exterior, los chicos lidian con ello mientras yo me pego la primera ducha en muchos dĆas.
La tarde de descanso trae la noche y una improvisada fiestita trae invitados de otros campamentos. Lo mĆ”s destacado es la presencia de la cordada Simone Moro y Denis Urubko, la crema de la crema del himalayismo del momento. Parecen personajes de una revista de montaƱa de Ć©poca, a Simone ya habĆamos tenido la oportunidad de conocerlo y de compartir anĆ©cdotas de escalada, Denis acaba de llegar al base. Las horas pasan entre historia e historia y nos vamos todos a dormir con una gran sonrisa en los labios.
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