
SucedĆ”neo plĆ”stico del tradicional cuerno sudafricano kudu, no limita su acción a los estadios. Los aficionados recuerdan dĆa y noche por las calles su existencia.
Port Elizabeth (SudĆ”frica).- Amadas, odiadas pero nunca ignoradas: las omnipresentes vuvuzelas suenan a toda hora del dĆa en cada rincón de SudĆ”frica, y ya parecen tener un impacto decisivo en los partidos del Mundial.
Un experto estimó en 135 el nivel de decibeles que se alcanzó dentro del estadio Soccer City de Johannesburgo durante el partido inaugural que jugaron este viernes SudÔfrica y México: se trata de un volumen superior al que produce el motor de un avión.
Por eso no es casual que trajera cierta confusión al campo. En un momento del partido, un mexicano en clara posición de gol pidió la pelota a un compañero... que nunca lo oyó y optó por disparar al arco.
Según el delantero uruguayo SebastiÔn Abreu, otro de los primeros que sufrieron el ruido, los jugadores tuvieron que comunicarse por señas en su debut contra Francia.
Pero Ć©se no es el Ćŗnico mal que pueden traer las coloridas cornetas. Su uso prolongado puede daƱar los oĆdos e incluso hay ya mĆ©dicos que hablan de pacientes con labios irritados y la boca hinchada.
AdemƔs se teme que el estruendoso instrumento ayude a expandir los gƩrmenes de la gripe, puesto que suele pasar de un aficionado a otro y ademƔs arroja pequeƱas gotas de saliva al aire.
Si los riesgos para la salud no lograron frenar la locura de las vuvuzelas, no parece que las protestas internacionales vayan a tener mejor Ʃxito. Las que se presentaron el aƱo pasado tras la Copa Confederaciones, al menos, no surtieron efecto.
Deportistas, cadenas de televisión y turistas pidieron entonces poner fin al instrumento, debido a que, entre otras cosas, impedĆa que los entrenadores se comunicaran con sus jugadores en el campo y tapaba los cĆ”nticos de las hinchadas.
"Creo que la FIFA deberĆa prohibirla", remató el mediocampista espaƱol Xavi Alonso. Incluso dentro del paĆs se oyen voces contrarias a las vuvuzelas.
"Nosotros, los sudafricanos, una nación musical donde las haya, reemplazamos interpretaciones emotivas por el ruido de una cosa llamada vuvuzela", escribió en el "Times" el columnista Mondli Makhanya, que comparó el ruido de la corneta con el que hace "una cabra camino al matadero".
Elefantes y abejas se unen a otras comparaciones zoológicas que buscan reflejar el irritante tono de la vuvuzela... para disgusto de la Sociedad Protectora de Animales, que advirtió a quien tenga mascotas de que el ruido puede atemorizarlas y hacerlas huir.
"Los animales tienen una audición mucho mÔs sensible que la de los humanos, asà que los ruidos fuertes pueden hacerlos saltar por las ventanas", explica grÔficamente la organización.
La vuvuzela, sucedĆ”neo plĆ”stico del tradicional cuerno sudafricano kudu, no limita su acción a los estadios. Los aficionados recuerdan dĆa y noche por las calles su existencia.
Existen incluso orquestas de vuvuzelas. Samora Ntsebeza, miembro de una de ellas, pronosticó que se han vuelto tan populares que se exportarÔn a Brasil para el próximo Mundial.
Port Elizabeth (SudĆ”frica).- Amadas, odiadas pero nunca ignoradas: las omnipresentes vuvuzelas suenan a toda hora del dĆa en cada rincón de SudĆ”frica, y ya parecen tener un impacto decisivo en los partidos del Mundial.
Un experto estimó en 135 el nivel de decibeles que se alcanzó dentro del estadio Soccer City de Johannesburgo durante el partido inaugural que jugaron este viernes SudÔfrica y México: se trata de un volumen superior al que produce el motor de un avión.
Por eso no es casual que trajera cierta confusión al campo. En un momento del partido, un mexicano en clara posición de gol pidió la pelota a un compañero... que nunca lo oyó y optó por disparar al arco.
Según el delantero uruguayo SebastiÔn Abreu, otro de los primeros que sufrieron el ruido, los jugadores tuvieron que comunicarse por señas en su debut contra Francia.
Pero Ć©se no es el Ćŗnico mal que pueden traer las coloridas cornetas. Su uso prolongado puede daƱar los oĆdos e incluso hay ya mĆ©dicos que hablan de pacientes con labios irritados y la boca hinchada.
AdemƔs se teme que el estruendoso instrumento ayude a expandir los gƩrmenes de la gripe, puesto que suele pasar de un aficionado a otro y ademƔs arroja pequeƱas gotas de saliva al aire.
Si los riesgos para la salud no lograron frenar la locura de las vuvuzelas, no parece que las protestas internacionales vayan a tener mejor Ʃxito. Las que se presentaron el aƱo pasado tras la Copa Confederaciones, al menos, no surtieron efecto.
Deportistas, cadenas de televisión y turistas pidieron entonces poner fin al instrumento, debido a que, entre otras cosas, impedĆa que los entrenadores se comunicaran con sus jugadores en el campo y tapaba los cĆ”nticos de las hinchadas.
"Creo que la FIFA deberĆa prohibirla", remató el mediocampista espaƱol Xavi Alonso. Incluso dentro del paĆs se oyen voces contrarias a las vuvuzelas.
"Nosotros, los sudafricanos, una nación musical donde las haya, reemplazamos interpretaciones emotivas por el ruido de una cosa llamada vuvuzela", escribió en el "Times" el columnista Mondli Makhanya, que comparó el ruido de la corneta con el que hace "una cabra camino al matadero".
Elefantes y abejas se unen a otras comparaciones zoológicas que buscan reflejar el irritante tono de la vuvuzela... para disgusto de la Sociedad Protectora de Animales, que advirtió a quien tenga mascotas de que el ruido puede atemorizarlas y hacerlas huir.
"Los animales tienen una audición mucho mÔs sensible que la de los humanos, asà que los ruidos fuertes pueden hacerlos saltar por las ventanas", explica grÔficamente la organización.
La vuvuzela, sucedĆ”neo plĆ”stico del tradicional cuerno sudafricano kudu, no limita su acción a los estadios. Los aficionados recuerdan dĆa y noche por las calles su existencia.
Existen incluso orquestas de vuvuzelas. Samora Ntsebeza, miembro de una de ellas, pronosticó que se han vuelto tan populares que se exportarÔn a Brasil para el próximo Mundial.
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