
El Vaticano actuó por la vía diplomática para interceder por la mujer condenada a lapidación. Italia tomó como propio el reclamo de Sakineh en contra de su lapidación. (afp) Voceros de la Santa Sede recordaron que la Iglesia Católica se opone a la pena de muerte y pidió el perdón de la acusada.
Roma (AFP-NA) > El Vaticano recordó ayer que se opone a la pena de muerte, a propósito del caso de la condena a lapidación de la iraní Sakineh Mohammadi Ashtiani, y afirmó que intercede ante las autoridades de Irán "por vía diplomática" y no públicamente, indicó su portavoz.
"La Santa Sede sigue este caso con atención e implicación", declaró el padre Federico Lombardi en "una respuesta a las preguntas de los periodistas" acreditados en la Santa Sede.
"La posición de la Iglesia, opuesta a la pena de muerte, es conocida, y la lapidación es una forma particularmente brutal", dijo.
No obstante, la intervención de la Santa Sede "sobre las cuestiones humanitarias ante autoridades de otros países" se realiza habitualmente "no de forma pública, sino a través de los canales diplomáticos".
En efecto, el Papa Benedicto XVI no hizo ninguna alusión al asunto este domingo durante la plegaria del angelus.
El pedido del hijo
El anuncio del Vaticano es en respuesta al pedido que Sajad Ashtiani -el hijo de Sakineh- le hiciera al Papa Benedicto XVI para que "intervenga para salvarle la vida".
La Santa Sede reaccionó subrayando que está "contra toda forma de condena a muerte y que la lapidación es una de sus formas más horribles", en palabras del portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
Lombardi aclaró que el Vaticano no responde de forma pública cuando se pide su intervención en cuestiones humanitarias en terceros países, pero que sí puede actuar por vías diplomáticas.
Justicia islámica
Sakineh Mohammadi Ashtiani, de 43 años, fue acusada de mantener "relaciones ilícitas" con dos hombres tras la muerte de su esposo. La Justicia iraní la encontró culpable de adulterio y complicidad en el asesinato de su marido. Por este hecho fue condenada a muerte por lapidación en 2006, una antigua práctica que consiste en arrojar piedras sobre el acusado hasta su muerte.
La condena desencadenó una gran campaña internacional destinada a evitar su ejecución. Gracias a esta presión, el 13 de julio último las autoridades iraníes anunciaron que revisarían la condena.
Pese a ello, un tribunal iraní la encontró culpable de "difundir la corrupción y la indecencia" al mostrar una imagen suya sin velo, por lo que la condenó a recibir 99 latigazos.
Roma (AFP-NA) > El Vaticano recordó ayer que se opone a la pena de muerte, a propósito del caso de la condena a lapidación de la iraní Sakineh Mohammadi Ashtiani, y afirmó que intercede ante las autoridades de Irán "por vía diplomática" y no públicamente, indicó su portavoz.
"La Santa Sede sigue este caso con atención e implicación", declaró el padre Federico Lombardi en "una respuesta a las preguntas de los periodistas" acreditados en la Santa Sede.
"La posición de la Iglesia, opuesta a la pena de muerte, es conocida, y la lapidación es una forma particularmente brutal", dijo.
No obstante, la intervención de la Santa Sede "sobre las cuestiones humanitarias ante autoridades de otros países" se realiza habitualmente "no de forma pública, sino a través de los canales diplomáticos".
En efecto, el Papa Benedicto XVI no hizo ninguna alusión al asunto este domingo durante la plegaria del angelus.
El pedido del hijo
El anuncio del Vaticano es en respuesta al pedido que Sajad Ashtiani -el hijo de Sakineh- le hiciera al Papa Benedicto XVI para que "intervenga para salvarle la vida".
La Santa Sede reaccionó subrayando que está "contra toda forma de condena a muerte y que la lapidación es una de sus formas más horribles", en palabras del portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
Lombardi aclaró que el Vaticano no responde de forma pública cuando se pide su intervención en cuestiones humanitarias en terceros países, pero que sí puede actuar por vías diplomáticas.
Justicia islámica
Sakineh Mohammadi Ashtiani, de 43 años, fue acusada de mantener "relaciones ilícitas" con dos hombres tras la muerte de su esposo. La Justicia iraní la encontró culpable de adulterio y complicidad en el asesinato de su marido. Por este hecho fue condenada a muerte por lapidación en 2006, una antigua práctica que consiste en arrojar piedras sobre el acusado hasta su muerte.
La condena desencadenó una gran campaña internacional destinada a evitar su ejecución. Gracias a esta presión, el 13 de julio último las autoridades iraníes anunciaron que revisarían la condena.
Pese a ello, un tribunal iraní la encontró culpable de "difundir la corrupción y la indecencia" al mostrar una imagen suya sin velo, por lo que la condenó a recibir 99 latigazos.
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