Condorito.- - Piedra OnLine

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jueves, 21 de octubre de 2010

Condorito.-



Sentado entre la madre y el padre esperando el Roca en Constitución, un chico de menos de 10 aƱos leĆ­a una Condorito la semana pasada. PensĆ©, “mientras haya un pibe leyendo la Condorito, habrĆ” futuro”. DespuĆ©s lo relativicĆ©. Pero al tiempo me di cuenta que a lo mejor estaba en lo cierto. DespuĆ©s lo relativicĆ© de vuelta. Vaya uno a saber.

Lógicamente, compré una Condorito Oro y confirmé algunas de mis sospechas.
Pepo

Uno de los ciudadanos mĆ”s importantes de los 200 aƱos de vida de Chile es seguramente RenĆ© RĆ­os Boettiger, alias Pepo. Junto a Pablo Neruda, Salvador Allende y el Chino RĆ­os. Este dibujante, sobrino del presidente Juan Antonio RĆ­os (1942/1946), tras una carrera dedicada a la historieta polĆ­tica, decidió meterse con la soberanĆ­a cultural (frente al avioncito de Disney que buscaba representar a la chilenitud) y se mandó un Cóndor, chiquito, emblema de lo trasandino por excelencia. De ahĆ­ en mĆ”s el “pajarraco” irĆ” desarrollando una estĆ©tica, y se irĆ” rodeando de personajes que le darĆ”n el marco conceptual de hĆ©roe de lo lumpen.

ViƱeta
Condorito eleva el universo de las temÔticas de la infancia. No hay guerras, peleas, aventuras, conflictos; hay lenguaje. Lo sincrético del desarrollo, es importantísimo: tres pÔginas como muchísimo, casi siempre de una hoja, muchas mitades, algunos pies de pÔgina, y, por supuesto, las condoricosas, en las que todo se resuelve en una viñeta. Ese formato facilita la lectura en los pibes que tienen problemas de concentración. No hace falta entender el chiste, porque el otro quizÔs sí lo entendés, y si no, no hay problema, hay otro, y así. Condorito no estÔ escrito para chicos de 10 años, las dinÔmicas son sociales, muchas veces para adultos, y no tienen el reparo de lo políticamente correcto. Hay borrachos (Garganta de Lata), garcas (Pepe Cortisona), lelos (Ungenio), que hablan de infidelidad, adicciones, que son ventajeros, se ríen de la religión, y un largo etcétera. Lo que sí puede englobar a todos los personajes es que en su mayoría son perdedores, pobres, y que se manejan por impulsos. Tanto es así que la única casa de material es la de los suegros de Condorito, los padres de Yayita: Doña Treme y Don Cuasi.

Espacio y tiempo

Otro acierto es la negación de lo verosímil. Desde el momento en que el personaje principal es un cóndor que habla y camina, nada puede ser normal, mÔs cuando uno de sus mejores amigos se llama Huevoduro, y tiene el rostro blanco y ovoide. Condorito bien puede ser viejo, alemÔn, pirata, rico, pobrísimo, abogado, italiano, futbolista y réferi, empleado y jefe, cura y feligrés, mozo y comensal. Zanjada esa dificultad, nada es imposible.

Sin embargo detrÔs de esa volatilidad hay un Condorito real, un punto cero donde todo vuelve. Cuando no hay necesidad de forzar el guión hacia algún escenario, Condorito es vago, lee el diario sobre un tronco, se emborracha, es un solterón empedernido y lancero, tiene muchos amigos, un sobrino, mascotas en shuffle, pocos enemigos, es pícaro y no trabaja.

Condorito, una posibilidad

Otra genialidad de Pepo, el autor, es que (antes se daba mĆ”s que en el pasteurizado Condorito actual) los personajes viven en una ciudad, Pelotillehue, que es un espacio a componer con las sucesivas revistas, cartogrĆ”fico. Antepasado directo de Los Simpson, en Condorito hay personajes para cada estereotipo necesario y lugares para cada desarrollo. Y esos lugares son espacios lĆŗdicos. Nada en Pelotillehue (la Springfield del cono sur) es tomado en serio. AhĆ­ viene la impostergable letanĆ­a: el Bar ‘El Tufo’; el RestorĆ”n ‘El pollo farsante’; el Hotel ‘Lucho’; etcĆ©tera. Pero esos espacios fĆ­sicos no se estancan, mutan todo el tiempo. Nunca el restorĆ”n ‘El Pollo Farsante’ es igual al anterior ‘Pollo Farsante’, por ejemplo. A veces es de categorĆ­a, a veces, una fonda, a veces el mozo es maitre, y a veces el maitre es mozo. A veces es Condorito quien le sirve al Saco de Plomo, y a veces es el “PlumĆ­fero” quien le lleva la carta a Pepe Cortisona. Lo Ćŗnico que no varĆ­a es el pelo en la sopa.

Buenas Peras es Shelbyville

Volviendo al espacio lĆŗdico, quizĆ”s el gran imĆ”n a favor de la lectura infantil es la cantidad de lemas y objetos que secundan la escena. Ya sea la parodia publicitaria (Jabón Sussio ‘No lava’; Tome ‘Pin’ y Haga ‘Pun’; El Hocicón ‘Diario pobre pero honrado’) o el universo paralelo en tensión (futbolistas en los cuadros que patean una pelota que se sale del marco -en la otra viƱeta el mismo tipo trata de recuperarla-, o los clĆ”sicos chabones adentro de los buzones, los cocodrilos que babean, los sonĆ”mbulos con velas, o los cocodrilos sonĆ”mbulos con velas adentro de los buzones). Siempre detrĆ”s de los diĆ”logos pasan cosas raras: las paredes con esa humedad verde asquerosa, las alcantarillas sin tapa y las tranqueras y paredones con grafitis. Existe una paleta de colores Ćŗnica que representa tambiĆ©n a Condorito.


(Hay una historia genial detrĆ”s del sempiterno grafiti “Muerte al Roto Quezada”. Cuenta la leyenda que Pepo y su mujer fueron a comer a un lugar y por desgracia a la dama le robaron la cartera. Pepo mandó a llamar al encargado, el tal Quezada, que le dijo que “el hurto” sudedió por gente como ellos, que no debĆ­an salir a comer afuera. Desde ese momento, Pepo se vengó desde el background de sus tiras con tanta insistencia que Quezada se hizo pasar por muerto, despuĆ©s de dĆ©cadas de escarnio semipĆŗblico, para que no lo jodan mĆ”s. Cuando Pepo se enteró del ardid, volvió recargado a la lapidación. Las hijas de Quezada finalmente le pidieron encarecidamente por carta al dibujante que no inste mĆ”s a matar a su padre. Todo esto despareció de la historieta cuando se homogeneizó para conquistar nuevos mercados, como el vicio de Condorito por el cigarrillo y los coloquialismos.)

¡Plop!

Pasan los aƱos y las Condorito, con sus ¡Plop! y sus ¡Exijo una explicación!, siguen vendiĆ©ndose en los kioscos de diarios de la mitad del cono sur. Pocas historietas han logrado a travĆ©s de los aƱos algo tan trascendente.

Siempre por fuera de los homenajes y los reconocimientos.

Porque Condorito es incómodo, no trasmite valores, no persigue la canonización de un arte, no tiene un héroe en su núcleo, ni buenos modales, ni un dibujo virtuoso, ni nada de lo que naturalmente se resaltaría de un producto cultural.

Pero nada de todo eso importarƔ demasiado mientras haya un chico con una Condorito en la mano, leyendo un chiste de Condorito en el que estƩ dibujado un pibe leyendo una Condorito, en la que estƩ dibujado un pibe leyendo una Condorito, en la que estƩ dibujado un pibe leyendo una Condorito, y asƭ, ad infinitum.

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