44 millones y sin Kirchner
Por Esteban Peicovich (*)
Sorpresas te da la muerte. Incorrecta como es, en turno injusto, se llevó a Kirchner. La vida continĆŗa. No me gustaba Kirchner. Pero menos me gustan los gorilas de derecha y de izquierda que pujan por joderse. Unos, amplificĆ”ndolo. Otros, ningunĆ©andolo. En este hoy la Casa no estĆ” en orden. Pero en 2003 casi ni Casa habĆa. AĆŗn olĆa a chamuscado. Por entonces estuve por entrevistar a Kirchner para La Nación pero su tan "democrĆ”tico" filtro de campaƱa Alberto FernĆ”ndez me rechazó por "algo" denunciado en mi Semana. Eran datos chequeados: en Santa Cruz se habĆan entregado estufas por votos, la prensa se expresaba con barbijo, y otras delicias mĆ”s. No era nada nuevo en el folklore del paĆs. Pero probaba que el candidato tampoco lo era.
¿Un obituario puede blanquear un prontuario? Dije que no me gustaba Kirchner. Pero me atrajo como pieza periodĆstica, cuando venido del frĆo como Lupo o Lupin, fue eyectado de la galera mĆ”gica de la polĆtica tribal en uso. Chaplinesco a la hora del bastón, eludió a tres de nuestras imbancables tĆas (retórica, pompa y circunstancia) y entre otras frases dijo:”El desafĆo es el cambio” y "Traje a rayas para los evasores” (El mismo llegarĆa a estar incurso en esta frase).
Kirchner llegó, ganó, juró, irrumpió, casi "nadó" sobre el cabecerĆo de sus adictos y terminó sangrando y con gasa en la frente por chocar con una cĆ”mara de fotos. ¿QuĆ© harĆa este casi desconocido patagónico?" ¿Se limitarĆa a jugar solo con el Protocolo o jugarĆa tambiĆ©n con el Sistema? ¿VendrĆa a modernizar la polĆtica o a imponerle un corset segĆŗn le viniera en gana?
Desde su ingreso a la Rosada no paró. Entusiasta, repentista, hiperkinĆ©tico, atravesó su primera semana a Mach 3. El lunes ató cabos con colegas estratĆ©gicos. El martes destrabó en Entre RĆos el conflicto escolar. El miĆ©rcoles acudió en auxilio de Formosa (la mĆ”s frĆ”gil). El jueves celebró como comandante constitucional el DĆa del EjĆ©rcito y la renovación de las tres armas. El viernes viajó con todo el gabinete a Santa Fe a discutir el Mercosur con el presidente de Paraguay. Y el sĆ”bado entró a vivir en la residencia de Olivos. Era el Otro. Y lo Otro. ¿TraerĆa el cambio o el disfraz del cambio? HabĆa que esperarlo.
Pronto mostrarĆa agallas de conductor. Posesivo y frontal tomó varios toros por las astas. Y al tiempo que ejercĆa su poder construyó Caja (de caudales) que amigos dilectos y sectarios se ocuparon de abultar. Autoritario, excluyente, ripioso, Kirchner cubrió con Ć©xito su perĆodo. Sinceró la Corte, defendió los Derechos Humanos (pero no todos), se desprendió de la Gran Deuda, acordó con Lula, acumuló reservas y dejó expedito el paso de Cristina a la Presidencia.
Personaje shakesperiano (que lo fue) diseñó la utopĆa de una dinastia K., manoteó poder donde lo hubiese, y ya entreviendo que el paĆs podĆa quedarle chico, extendió su afĆ”n a unir el sur del continente. Pasión, furia, acción. Ante fenómeno tal, una oposición escuĆ”lida y estĆ”tica se limitó a sumar denuncias que reciĆ©n se tratarĆan durante el Juicio Final. Era el tiempo K y K marcaba el tiempo.
¿La muerte mejora el curriculum?¿La muerte dignifica? La desaparición de Kirchner sonó como aldabonazo. Parte del paĆs lo lloró. Otra lo lamentó. Y otra se aisló en el estupor y la indiferencia. (Y porque estĆ” en la naturaleza misma de todo serpentario, el rancio gorilaje celebró).
Su muerte sĆŗbita coincidió con el inicio del censo nacional. Ahora somos 44 millones menos Kirchner. Encuesta que hoy se hiciese para saber que quiere el pueblo ¡ya!, darĆa, lejos, mayorĆa a los moderados. Con clamor que va de Lapataia a San Antonio de los Cobres, pidiendo lo mismo: que se pacte y encare un cambio profundo (pero civilizado) o civilizado (pero profundo). Un sueƱo de difĆcil andadura pues los sectarios de derecha e izquierda desprecian a los moderados mĆ”s de lo que ellos se desprecian entre sĆ.
Comparados con los de India y Sudafrica nuestros conflictos Ćntimos son de risa. Pero aĆŗn asĆ, es difĆcil aflore aquĆ un Gandhi o un Mandela. Pasa que un disparate enorme (la escasa distancia entre problema y solución) obliga a lo argentino a estar siempre "en veremos". AsĆ va que celebramos bicentenario anclados en obstinado y repetido AƱo Cero. En convivencia espasmódica, pues los votos nunca llegan a destino. O se pierden o se tuercen o los deglute un poder instalado "a ese efecto". Mucha verdad encierra la sentencia "Todo pasa", aunque aquĆ no rige pues da en pasar siempre lo mismo. O nos machaca una bota o nos ahorca un mercader o nos arrea un mandamĆ”s. Ni evolución ni revolución. Desorden y desbande. "ProblemĆ”tico y febril" el 20. Y el siglo 21 tambiĆ©n.
Es prematuro afirmar cuĆ”l serĆ” la real talla de Kirchner. Pero en la historia entró. En lo que va de esta aun balbuciente democracia solo Ć©l y AlfonsĆn cruzaron ese umbral. El resto fue un relleno de fantasĆa. De como se conduzca la presidenta Cristina FernĆ”ndez y se comporte la oposición (por ahora nonata) dependerĆ” la salida pronta o lenta del laberinto en el que queda el paĆs tras la muerte de Kirchner. Pasados los duelos y quebrantos, tanteando en medio de una niebla que envuelve a dirigentes y habitantes, destaca prĆstino, el consejo que supo acercarnos hace muy poco el presidente del Uruguay. Que dejemos de jodernos entre nosotros. Que no otro mensaje que Ć©se nos dejó JosĆ© Mujica al responder a la prensa con verso cuasi de bolero"Los argentinos no se saben querer".
(*) especial para Perfil.com.
Por Esteban Peicovich (*)
Sorpresas te da la muerte. Incorrecta como es, en turno injusto, se llevó a Kirchner. La vida continĆŗa. No me gustaba Kirchner. Pero menos me gustan los gorilas de derecha y de izquierda que pujan por joderse. Unos, amplificĆ”ndolo. Otros, ningunĆ©andolo. En este hoy la Casa no estĆ” en orden. Pero en 2003 casi ni Casa habĆa. AĆŗn olĆa a chamuscado. Por entonces estuve por entrevistar a Kirchner para La Nación pero su tan "democrĆ”tico" filtro de campaƱa Alberto FernĆ”ndez me rechazó por "algo" denunciado en mi Semana. Eran datos chequeados: en Santa Cruz se habĆan entregado estufas por votos, la prensa se expresaba con barbijo, y otras delicias mĆ”s. No era nada nuevo en el folklore del paĆs. Pero probaba que el candidato tampoco lo era.
¿Un obituario puede blanquear un prontuario? Dije que no me gustaba Kirchner. Pero me atrajo como pieza periodĆstica, cuando venido del frĆo como Lupo o Lupin, fue eyectado de la galera mĆ”gica de la polĆtica tribal en uso. Chaplinesco a la hora del bastón, eludió a tres de nuestras imbancables tĆas (retórica, pompa y circunstancia) y entre otras frases dijo:”El desafĆo es el cambio” y "Traje a rayas para los evasores” (El mismo llegarĆa a estar incurso en esta frase).
Kirchner llegó, ganó, juró, irrumpió, casi "nadó" sobre el cabecerĆo de sus adictos y terminó sangrando y con gasa en la frente por chocar con una cĆ”mara de fotos. ¿QuĆ© harĆa este casi desconocido patagónico?" ¿Se limitarĆa a jugar solo con el Protocolo o jugarĆa tambiĆ©n con el Sistema? ¿VendrĆa a modernizar la polĆtica o a imponerle un corset segĆŗn le viniera en gana?
Desde su ingreso a la Rosada no paró. Entusiasta, repentista, hiperkinĆ©tico, atravesó su primera semana a Mach 3. El lunes ató cabos con colegas estratĆ©gicos. El martes destrabó en Entre RĆos el conflicto escolar. El miĆ©rcoles acudió en auxilio de Formosa (la mĆ”s frĆ”gil). El jueves celebró como comandante constitucional el DĆa del EjĆ©rcito y la renovación de las tres armas. El viernes viajó con todo el gabinete a Santa Fe a discutir el Mercosur con el presidente de Paraguay. Y el sĆ”bado entró a vivir en la residencia de Olivos. Era el Otro. Y lo Otro. ¿TraerĆa el cambio o el disfraz del cambio? HabĆa que esperarlo.
Pronto mostrarĆa agallas de conductor. Posesivo y frontal tomó varios toros por las astas. Y al tiempo que ejercĆa su poder construyó Caja (de caudales) que amigos dilectos y sectarios se ocuparon de abultar. Autoritario, excluyente, ripioso, Kirchner cubrió con Ć©xito su perĆodo. Sinceró la Corte, defendió los Derechos Humanos (pero no todos), se desprendió de la Gran Deuda, acordó con Lula, acumuló reservas y dejó expedito el paso de Cristina a la Presidencia.
Personaje shakesperiano (que lo fue) diseñó la utopĆa de una dinastia K., manoteó poder donde lo hubiese, y ya entreviendo que el paĆs podĆa quedarle chico, extendió su afĆ”n a unir el sur del continente. Pasión, furia, acción. Ante fenómeno tal, una oposición escuĆ”lida y estĆ”tica se limitó a sumar denuncias que reciĆ©n se tratarĆan durante el Juicio Final. Era el tiempo K y K marcaba el tiempo.
¿La muerte mejora el curriculum?¿La muerte dignifica? La desaparición de Kirchner sonó como aldabonazo. Parte del paĆs lo lloró. Otra lo lamentó. Y otra se aisló en el estupor y la indiferencia. (Y porque estĆ” en la naturaleza misma de todo serpentario, el rancio gorilaje celebró).
Su muerte sĆŗbita coincidió con el inicio del censo nacional. Ahora somos 44 millones menos Kirchner. Encuesta que hoy se hiciese para saber que quiere el pueblo ¡ya!, darĆa, lejos, mayorĆa a los moderados. Con clamor que va de Lapataia a San Antonio de los Cobres, pidiendo lo mismo: que se pacte y encare un cambio profundo (pero civilizado) o civilizado (pero profundo). Un sueƱo de difĆcil andadura pues los sectarios de derecha e izquierda desprecian a los moderados mĆ”s de lo que ellos se desprecian entre sĆ.
Comparados con los de India y Sudafrica nuestros conflictos Ćntimos son de risa. Pero aĆŗn asĆ, es difĆcil aflore aquĆ un Gandhi o un Mandela. Pasa que un disparate enorme (la escasa distancia entre problema y solución) obliga a lo argentino a estar siempre "en veremos". AsĆ va que celebramos bicentenario anclados en obstinado y repetido AƱo Cero. En convivencia espasmódica, pues los votos nunca llegan a destino. O se pierden o se tuercen o los deglute un poder instalado "a ese efecto". Mucha verdad encierra la sentencia "Todo pasa", aunque aquĆ no rige pues da en pasar siempre lo mismo. O nos machaca una bota o nos ahorca un mercader o nos arrea un mandamĆ”s. Ni evolución ni revolución. Desorden y desbande. "ProblemĆ”tico y febril" el 20. Y el siglo 21 tambiĆ©n.
Es prematuro afirmar cuĆ”l serĆ” la real talla de Kirchner. Pero en la historia entró. En lo que va de esta aun balbuciente democracia solo Ć©l y AlfonsĆn cruzaron ese umbral. El resto fue un relleno de fantasĆa. De como se conduzca la presidenta Cristina FernĆ”ndez y se comporte la oposición (por ahora nonata) dependerĆ” la salida pronta o lenta del laberinto en el que queda el paĆs tras la muerte de Kirchner. Pasados los duelos y quebrantos, tanteando en medio de una niebla que envuelve a dirigentes y habitantes, destaca prĆstino, el consejo que supo acercarnos hace muy poco el presidente del Uruguay. Que dejemos de jodernos entre nosotros. Que no otro mensaje que Ć©se nos dejó JosĆ© Mujica al responder a la prensa con verso cuasi de bolero"Los argentinos no se saben querer".
(*) especial para Perfil.com.
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