Recorriendo muchas de las ciudades neuquinas y rionegrinas es posible identificar no sólo un crecimiento en términos demográficos y urbanísticos, sino fundamentalmente un nuevo "paisaje" que se podría ir instalando: el de las urbanizaciones privadas.
Si observamos los procesos de urbanización en ciudades de la región –Bariloche, San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Neuquén, Roca– es creciente el número de proyectos de inversión de poderosos capitales en general "externos" a estos territorios y donde el formato predominante es el de club de campo, country y barrio privado.
Una característica distintiva de muchos de estos proyectos es que se asientan sobre un ambiente natural de alto valor ecológico y paisajístico y allí replican pautas arquitectónicas, de ocio y bienestar que se han vuelto homogéneas y son propias de un turismo y un estilo de vida globalizados.
De profundizarse estas tendencias, nuestras ciudades serán presa de una creciente homogeneización en la oferta inmobiliaria y en la turística, así como de una estandarización del hábitat que se desarrolla sin conexión con las culturas, las identidades y los ambientes locales.
¿De qué se trata este modelo de las urbanizaciones privadas?
Es un tipo novedoso de configuración urbana que llega a ser una de las tendencias más importantes del mercado inmobiliario de las últimas décadas –en ciudades de América Latina y Argentina–.
El fenómeno en la provincia de Buenos Aires data de los años 80 y responde, en principio, a una demanda de ocio en espacios suburbanos y en contacto con la naturaleza por parte de sectores de clase media alta y alta que residen en la Capital. Posteriormente, y a causa de factores tanto económicos como sociales, se produce el asentamiento de las familias en forma permanente en los countries y la consolidación de un nuevo tipo de cultura y dinámica urbanas.
Varios investigadores que han estudiado el fenómeno señalan que estas urbanizaciones son la manifestación de un proceso de segregación voluntaria que apunta a la conformación de comunidades socialmente homogéneas, cercadas y separadas de "lo otro", aquello diferente y muchas veces visualizado como "peligroso".
En algunos casos se observa el desarrollo de estas urbanizaciones en zonas donde se concentran barrios pobres, donde "...la incrustación de nichos de riqueza en extendidos bolsones de pobreza tiende a aumentar la visibilidad de las distancias sociales" (Svampa).
Los barrios privados, los countries, los clubes de campo son urbanizaciones que se identifican desde un conjunto de marcas muy claras de diferenciación: establecen una frontera física (cerco perimetral, amurallamiento, portal de ingreso, etc.), poseen un acceso restringido, con dispositivos de seguridad y vigilancia permanentes, cuentan con infraestructura educativa y deportiva propia, entre otras características singulares.
La "seguridad" aparece asociada a la vigilancia y al control de "los otros" y esto construye un mecanismo tranquilizador frente al peligro y la violencia creciente que supone la ciudad. La seguridad se constituye en un servicio mercantilizado y privatizado, de la mano de la reproducción de un discurso sobre la "inseguridad" urbana que sirve de justificación a este modelo. De esta forma, los sectores sociales que acceden a estas urbanizaciones pasan a comprar su propia seguridad privada.
Además, instalan una cultura privada, regida por normas de convivencia y vínculos particulares, así como por normas arquitectónicas determinadas. En algunos casos, llegan a constituirse como un espacio cerrado a tiempo completo, donde por ejemplo la población infantil tiene allí su escuela, club, amigos y vecinos como único circuito de socialización, todo dentro del mismo espacio signado por la homogeneidad.
Respecto de los vínculos que se establecen con el exterior, con los habitantes de cada lugar, se trata en general de relaciones entre clientes-proveedores, con los comerciantes y los trabajadores/as de servicios (jardineros, domésticas, albañiles, instructores, personas de vigilancia, etc.). Son además, vínculos sometidos a controles de seguridad –en el ingreso, estadía y salida– tanto de los "visitantes" como de los trabajadores/as que asisten allí en forma cotidiana.
En síntesis, este modelo expresa e instala una diferenciación que es social y económica, pero también espacial o territorial.
La emergencia de este modelo en las ciudades de la región
¿Qué procesos están vinculados con el fenómeno descripto?
* La presencia de capitales nacionales e internacionales, presencia motorizada por la búsqueda de rentabilidad económica y ventajas comparativas tales como el valor de las tierras y el estado de conservación de los ambientes naturales.
* La situación de ahogo, producto de la baja productividad y ganancia de pequeños productores de la región, donde las políticas sectoriales siguen empujando a su expulsión y desaparición como tales. Sobre zonas de chacras y campos avanzan entonces nuevos proyectos urbanísticos y turísticos.
* Una fragmentación mayor en los espacios urbanizados, donde el mercado establece zonas "privadas" destinadas al uso residencial y turístico de sectores con alto poder adquisitivo y a la vez impone mayores dificultades para que otros sectores puedan acceder a la tierra y a la vivienda.
Bajo este nuevo rostro de las ciudades que se va dibujando, la otra cara también visible es la de constantes tomas de tierras y la generación de nuevos asentamientos, donde –que difiere de los primeros– las marcas de diferenciación que los rodea son las casillas precarias, el hacinamiento, la falta de agua potable, el riesgo ambiental, la carencia de otros servicios públicos y una sensación compartida de exclusión económica, social, política y ambiental.
En los escenarios de los últimos años, sólo se ha dado lugar –por acción y omisión– a la reducción de los espacios naturales y sociales a la especulación inmobiliaria y a la generación de extraordinarias ganancias económicas en inversiones que apuestan a reducidos sectores privilegiados.
Resulta crucial y urgente el debate que desde los diferentes sectores sociales y los estados municipales se lleve adelante frente al interrogante de qué modelo de ciudades estamos construyendo o, mejor dicho, están definiendo algunos sectores por la vía del mercado y con las lentes del economicismo.
Una ciudad siempre es diversa, constituye un entramado de relaciones sociales y políticas, de memoria y proyectos futuros. Una ciudad, también, siempre es territorio y ciudadanía, en un vínculo permanente y complejo, desde el cual resulta posible acortar y no profundizar las brechas en cuanto a la calidad de vida –social y ambiental– de sus habitantes y la concreción de derechos humanos fundamentales para todos.
(*) Socióloga y docente
MARISA BILDER (*)
Si observamos los procesos de urbanización en ciudades de la región –Bariloche, San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Neuquén, Roca– es creciente el número de proyectos de inversión de poderosos capitales en general "externos" a estos territorios y donde el formato predominante es el de club de campo, country y barrio privado.
Una característica distintiva de muchos de estos proyectos es que se asientan sobre un ambiente natural de alto valor ecológico y paisajístico y allí replican pautas arquitectónicas, de ocio y bienestar que se han vuelto homogéneas y son propias de un turismo y un estilo de vida globalizados.
De profundizarse estas tendencias, nuestras ciudades serán presa de una creciente homogeneización en la oferta inmobiliaria y en la turística, así como de una estandarización del hábitat que se desarrolla sin conexión con las culturas, las identidades y los ambientes locales.
¿De qué se trata este modelo de las urbanizaciones privadas?
Es un tipo novedoso de configuración urbana que llega a ser una de las tendencias más importantes del mercado inmobiliario de las últimas décadas –en ciudades de América Latina y Argentina–.
El fenómeno en la provincia de Buenos Aires data de los años 80 y responde, en principio, a una demanda de ocio en espacios suburbanos y en contacto con la naturaleza por parte de sectores de clase media alta y alta que residen en la Capital. Posteriormente, y a causa de factores tanto económicos como sociales, se produce el asentamiento de las familias en forma permanente en los countries y la consolidación de un nuevo tipo de cultura y dinámica urbanas.
Varios investigadores que han estudiado el fenómeno señalan que estas urbanizaciones son la manifestación de un proceso de segregación voluntaria que apunta a la conformación de comunidades socialmente homogéneas, cercadas y separadas de "lo otro", aquello diferente y muchas veces visualizado como "peligroso".
En algunos casos se observa el desarrollo de estas urbanizaciones en zonas donde se concentran barrios pobres, donde "...la incrustación de nichos de riqueza en extendidos bolsones de pobreza tiende a aumentar la visibilidad de las distancias sociales" (Svampa).
Los barrios privados, los countries, los clubes de campo son urbanizaciones que se identifican desde un conjunto de marcas muy claras de diferenciación: establecen una frontera física (cerco perimetral, amurallamiento, portal de ingreso, etc.), poseen un acceso restringido, con dispositivos de seguridad y vigilancia permanentes, cuentan con infraestructura educativa y deportiva propia, entre otras características singulares.
La "seguridad" aparece asociada a la vigilancia y al control de "los otros" y esto construye un mecanismo tranquilizador frente al peligro y la violencia creciente que supone la ciudad. La seguridad se constituye en un servicio mercantilizado y privatizado, de la mano de la reproducción de un discurso sobre la "inseguridad" urbana que sirve de justificación a este modelo. De esta forma, los sectores sociales que acceden a estas urbanizaciones pasan a comprar su propia seguridad privada.
Además, instalan una cultura privada, regida por normas de convivencia y vínculos particulares, así como por normas arquitectónicas determinadas. En algunos casos, llegan a constituirse como un espacio cerrado a tiempo completo, donde por ejemplo la población infantil tiene allí su escuela, club, amigos y vecinos como único circuito de socialización, todo dentro del mismo espacio signado por la homogeneidad.
Respecto de los vínculos que se establecen con el exterior, con los habitantes de cada lugar, se trata en general de relaciones entre clientes-proveedores, con los comerciantes y los trabajadores/as de servicios (jardineros, domésticas, albañiles, instructores, personas de vigilancia, etc.). Son además, vínculos sometidos a controles de seguridad –en el ingreso, estadía y salida– tanto de los "visitantes" como de los trabajadores/as que asisten allí en forma cotidiana.
En síntesis, este modelo expresa e instala una diferenciación que es social y económica, pero también espacial o territorial.
La emergencia de este modelo en las ciudades de la región
¿Qué procesos están vinculados con el fenómeno descripto?
* La presencia de capitales nacionales e internacionales, presencia motorizada por la búsqueda de rentabilidad económica y ventajas comparativas tales como el valor de las tierras y el estado de conservación de los ambientes naturales.
* La situación de ahogo, producto de la baja productividad y ganancia de pequeños productores de la región, donde las políticas sectoriales siguen empujando a su expulsión y desaparición como tales. Sobre zonas de chacras y campos avanzan entonces nuevos proyectos urbanísticos y turísticos.
* Una fragmentación mayor en los espacios urbanizados, donde el mercado establece zonas "privadas" destinadas al uso residencial y turístico de sectores con alto poder adquisitivo y a la vez impone mayores dificultades para que otros sectores puedan acceder a la tierra y a la vivienda.
Bajo este nuevo rostro de las ciudades que se va dibujando, la otra cara también visible es la de constantes tomas de tierras y la generación de nuevos asentamientos, donde –que difiere de los primeros– las marcas de diferenciación que los rodea son las casillas precarias, el hacinamiento, la falta de agua potable, el riesgo ambiental, la carencia de otros servicios públicos y una sensación compartida de exclusión económica, social, política y ambiental.
En los escenarios de los últimos años, sólo se ha dado lugar –por acción y omisión– a la reducción de los espacios naturales y sociales a la especulación inmobiliaria y a la generación de extraordinarias ganancias económicas en inversiones que apuestan a reducidos sectores privilegiados.
Resulta crucial y urgente el debate que desde los diferentes sectores sociales y los estados municipales se lleve adelante frente al interrogante de qué modelo de ciudades estamos construyendo o, mejor dicho, están definiendo algunos sectores por la vía del mercado y con las lentes del economicismo.
Una ciudad siempre es diversa, constituye un entramado de relaciones sociales y políticas, de memoria y proyectos futuros. Una ciudad, también, siempre es territorio y ciudadanía, en un vínculo permanente y complejo, desde el cual resulta posible acortar y no profundizar las brechas en cuanto a la calidad de vida –social y ambiental– de sus habitantes y la concreción de derechos humanos fundamentales para todos.
(*) Socióloga y docente
MARISA BILDER (*)
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