Los que viven de changas necesitan ayuda económica, porque no pueden trabajar al aire libre. Tienen que limpiar el techo cada media hora. Historias de vida en tiempo real.
La Angostura cambió su foto de presentación. Las cenizas del volcĆ”n chileno Puyehue la convirtieron en una localidad “igual a Cariló, pero con montaƱas”. Eso es lo que dicen sus habitantes y puede confirmarse al ver los mĆ”s de 5 millones de metros cĆŗbicos de arena volcĆ”nica, que abundan en las entradas de las casas, se amontonan al costado de las rutas, complican el cauce de los rĆos y pesan lo suficiente como para haber tirado techos y hasta Ć”rboles. A eso se suma que ayer la ciudad permaneció la mitad del dĆa sin sistema de telefonĆa ni fibra óptica, y todavĆa habĆa barrios sin agua ni luz, a pesar de que bajó la actividad del volcĆ”n y que llovió todo el dĆa con algunas neviscas en las montaƱas.
Antes de partir hacia RĆo Gallegos, ayer por la maƱana, la presidenta Cristina FernĆ”ndez anunció que la provincia de NeuquĆ©n recibirĆ” 5 millones de pesos mĆ”s, aparte del millón que ya le habĆa sido asignado. SegĆŗn explicó el ministro del Interior, Florencio Randazzo, la presidenta hizo un relevamiento “municipio por municipio” de NeuquĆ©n y RĆo Negro, las dos provincias mĆ”s afectadas por el fenómeno, y “ordenó a las Ć”reas nacionales con sede allĆ, como EjĆ©rcito, Desarrollo Social, Vialidad Nacional, Parques Nacionales y el Ministerio de Agricultura y GanaderĆa, que pongan a su personal a trabajar en la recuperación de esa ciudad”, donde viven 11 mil habitantes. TambiĆ©n aseguró que “el Ministerio de Trabajo otorgó 300 programas de asistencia para que aquellas empresas afectadas puedan mantener el nivel de empleo en la zona”.
El viceministro de Desarrollo Social, Sergio Berni, informó que desde que comenzaron a caer cenizas en La Angostura, el pasado 4 de junio, se llevó asistencia a 4000 personas del barrio El MallĆn, donde “las casas son un poco mĆ”s precarias y se intenta alivianar el peso de la arena para que no se vengan los techos abajo”, relató.
AllĆ vive Ernesto Schauman, un carpintero de 42 aƱos que estĆ” viviendo de ahorros y de la ayuda que le envĆa su mamĆ” desde Buenos Aires, porque hace varios dĆas que Ć©l no puede ir a trabajar a la hosterĆa donde le quedó pendiente un arreglo con aberturas de madera. “No se pueden hacer esas tareas a la intemperie porque se arruinan”, explica Ernesto a Tiempo Argentino, y detalla: “En casa, tuve dos horas de luz en seis dĆas y el agua se corta todo el tiempo. Lleno la olla por las dudas, cada vez que vuelve un poco.” Al lado de su casa vive Eulalia Queulo, que tiene 58 aƱos y sufre problemas respiratorios. “Estuve dos dĆas internada porque las cenizas me raspaban mucho el pecho”, dice mientras busca un joven dispuesto a barrerle el techo. “Hay que subirse y yo no estoy en condiciones”, argumenta. Su vecino Schauman vive solo pero estĆ” haciendo lugar en su casa para que se pueda mudar allĆ uno de sus amigos, que “con 70 aƱos estĆ” viviendo a 50 metros de un arroyo y eso es lo mĆ”s peligroso en este momento”.
Mirta CofrĆ© sabe bien de quĆ© se trata eso. Tiene su casa a pasos del RĆo Totoral, donde ayer buzos tĆ”cticos de Prefectura midieron la profundidad de la arena (ver aparte), en la zona del Paraje Rincón, a sólo 19 kilómetros de la frontera con Chile. Mirta vive allĆ desde hace nueve aƱos, con su esposo y su nieta Giuliana, cuidando vacas, terneros y gallinas. “Hay que dejar de hacer todo para limpiar el techo cada media hora y que no se caiga, como pasó en muchos hogares”, subraya CofrĆ© y su nieta, de 16 aƱos, aporta: “Estamos sin agua y, despuĆ©s de las elecciones a gobernador, ya no nos trajeron mĆ”s bidones ni pasto. Por eso hay gente que no puede mantener a los animales y estĆ” carneando.”
El paisaje patagónico no deja de ser atractivo, pero ahora es ademĆ”s riesgoso. Lo que abandonó por el momento es su blanco impoluto y en cambio luce su suelo cubierto de arena volcĆ”nica de un marrón tenue, que no llamarĆa la atención en cualquier isla caribeƱa, pero que en el sur sĆ contrasta con su color habitual. De lejos, las montaƱas parecen grises porque, al menos hasta que caiga nieve, el polvo del Puyehue tampoco les tiene piedad. “Vamos asumiendo de a poco el desastre que es esto. Nos va a llevar mucho tiempo reponernos”, analiza Marcos Arreche, vicedirector de Defensa Civil local, y cuestiona: “La pregunta del millón es dónde vamos a llevar toda esta arena. Estamos tramitando que vengan especialistas en catĆ”strofes de la ONU para que midan el impacto ambiental. Se calcula que hay en el suelo mĆ”s de 5 millones de metros cĆŗbicos de arena y que pesa 700 kilos por metro cuadrado”.
El ministro del Interior detalló que el dinero que aporte la Nación se destinarĆ” a “avanzar en la limpieza y la recolección de las cenizas de la vĆa pĆŗblica a travĆ©s de maquinarias y camiones”.
Pero los vecinos también ayudan: cuando no cae ceniza, como ayer, agarran la pala y acumulan la mayor parte de la arena en un rincón de la puerta de entrada de las casas.
Eduardo MuƱoz vive con su familia en el barrio Margarita, otro de los mĆ”s afectados de la ciudad. Junto a sus hijos, Oscar, de 14 aƱos, y Ariel, de seis, dedica las tardes a levantar arena. “AsĆ, cuando salimos de casa, se puede ver un poco el verde del pasto y eso nos sube el Ć”nimo”, justifica con una sonrisa, pero deja al descubierto su sensación: “Van a pasar diez o 15 aƱos para que esto se vaya.”
Vialidad Nacional realiza constantes operativos en las rutas, que permiten la recuperación de unos 1000 kilómetros de camino entre NeuquĆ©n y RĆo Negro, donde ya se decretó la emergencia agropecuaria, al igual que en Chubut. El intendente de La Angostura, Ricardo Alonso, consiguió el jueves que el gobernador neuquino, Jorge Sapag, dictara allĆ la “zona de desastre y la emergencia social y económica”, pero aĆŗn espera que el gobierno nacional haga lo mismo. Desde Defensa Civil se informó que cerca de 2000 pobladores emigraron desde el jueves a destinos como NeuquĆ©n o Esquel, porque estaban sin luz y no tenĆan actividades para hacer en la ciudad, que queda a sólo 35 kilómetros del volcĆ”n chileno.
En el barrio de Margarita tambiĆ©n vive la familia SolĆs. RenĆ© trata de parar la olla con changas en el mantenimiento de parques, pero ahora que esos lugares estĆ”n cubiertos de arena sólo puede contribuir a barrerlos. Su esposa, Cecilia, sale a limpiar casas cuando no se ocupa de cuidar a sus tres hijos: SofĆa, de 17 aƱos, Carolina, de 13, y BenjamĆn, de cinco, que tendrĆ”n un mes sin ir a clases.
“Al principio, tuve miedo de que los supermercados aumentaran los precios y no pudiera comprar lo de siempre, pero por suerte eso no ocurrió”, dice Cecilia, que en cuanto se quedó sin luz, aprovechó las frutas que tenĆa en la heladera y las transformó en mermeladas.
A los SolĆs les llegó la ayuda de Desarrollo Social para arreglar el techo, que se les habĆa venido abajo. Sin poder salir a trabajar, con inconvenientes edilicios y con la casa varios dĆas inundada porque las cenizas tapaban la alcantarilla, Cecilia asegura: “No hay que ponerse mal, sobre todo por los chicos. Si tenemos dificultades para ir a trabajar, me pondrĆ© a hacer pan y lo venderĆ© por el barrio.”

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