Por fortuna, la Argentina no es Venezuela y, a pesar de los esfuerzos de sus simpatizantes mĆ”s fervorosos y de su propia propensión a pasar por alto los consejos ajenos, la presidenta Cristina FernĆ”ndez de Kirchner no la gobierna de manera tan autocrĆ”tica como su homólogo venezolano Hugo ChĆ”vez. AsĆ y todo, podemos tomar lo que estĆ” sucediendo en Venezuela a raĆz de la enfermedad del caudillo por una advertencia de lo peligroso que es permitir que el sistema polĆtico gire en torno de una sola persona, ademĆ”s de procurar sustituir la realidad por "un relato". Al difundirse la noticia de que ChĆ”vez padece cĆ”ncer, lo que lo obligarĆ” a trasladarse periódicamente a Cuba para un tratamiento de quimioterapia, tanto el oficialismo como la oposición se sumieron en el desconcierto. Los partidarios del gobierno saben que sin ChĆ”vez el movimiento que se creó para apoyarlo, que obedece todas sus órdenes sin chistar, se desintegrarĆ” muy pronto, mientras que sus adversarios, aglutinados sólo por la hostilidad compartida hacia un presidente que parece decidido a desmantelar lo que queda de las instituciones democrĆ”ticas, estĆ”n tan divididos que es legĆtimo cuestionar su capacidad para formar un eventual gobierno que estĆ© en condiciones de hacer frente a los problemas gravĆsimos que le dejarĆ” "el socialismo del siglo XXI".
Como Juan Domingo Perón solĆa insinuar, cuando lo Ćŗnico que mantiene intacto un movimiento polĆtico es el carisma de un lĆder supuestamente providencial, el heredero serĆ” "el pueblo"; es decir, nadie. Puede que sin ChĆ”vez el chavismo se parezca al peronismo que, despuĆ©s del fallecimiento de su fundador y filósofo, se transformó en un conjunto variopinto de aparatos electoralistas que se comprometerĆan con cualquier corriente ideológica –izquierdista, neoliberal, da igual– que en opinión de los jefes los ayudarĆa a aferrarse a parcelas de poder. TambiĆ©n es posible que las distintas fracciones se alejen tanto las unas de las otras que el movimiento se disgregue por completo. Lo mismo puede decirse del kirchnerismo. Sin Cristina a la cabeza, se disolverĆa en el maremĆ”gnum populista en un lapso muy breve. Es merced al personalismo exagerado caracterĆstico de nuestra cultura polĆtica que la presidenta ha podido darse el lujo de modificar a su antojo las listas electorales oficialistas, desplazando a veteranos del PJ que se habĆan encolumnado con abnegación detrĆ”s de su "proyecto", ya que todos estĆ”n convencidos de que es dueƱa del grueso de los votos que, en su ausencia, se verĆan repartidos entre una multitud de agrupaciones.
En Venezuela, los chavistas son igualmente conscientes de que la unidad del movimiento en el que militan depende de la presencia de una sola persona y que, lo mismo que Cristina, el caudillo bolivariano se ha rodeado de mediocridades por entender que le serƔn mƔs leales que quienes cuentan con cierto peso propio.
Como Cristina, ChĆ”vez es autor de un "relato" que ha servido para brindar la impresión de que su gestión tiene por meta hacer de la sociedad venezolana un dechado de justicia social, muy superior a las del resto de AmĆ©rica Latina, Europa y Estados Unidos. Huelga decir que los resultados concretos no coinciden con tales pretensiones. La economĆa venezolana, beneficiada por un torrente de petrodólares, estĆ” haciendo agua por todos lados. La tasa de inflación es aĆŗn mĆ”s elevada que la registrada aquĆ por las consultoras privadas, la CĆ”mara de Diputados y algunos gobiernos provinciales y apenas hay crecimiento en una región en la que casi todos los paĆses estĆ”n anotĆ”ndose aumentos sostenidos del ingreso per cĆ”pita. Por lo demĆ”s, Caracas se ha convertido en una de las ciudades mĆ”s peligrosas del mundo entero. Sin embargo, para ChĆ”vez tales detalles importan poco porque a su juicio lo Ćŗnico que realmente cuenta es "el relato" Ć©pico que ha confeccionado. Aunque la brecha entre las presuntas aspiraciones del gobierno y lo que efectivamente ha logrado sea mucho mĆ”s amplia en Venezuela de lo que es en la Argentina, se trata de manifestaciones del mismo fenómeno. Tarde o temprano, en ambos paĆses le corresponderĆ” a la clase polĆtica local encargarse de lo dejado por gobiernos que han subordinado demasiado a sus propias ilusiones ideológicas. Es de esperar que resulten estar a la altura de los desafĆos que les aguardan.

No hay comentarios:
Publicar un comentario