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miƩrcoles, 20 de julio de 2011

El espejo venezolano

Por fortuna, la Argentina no es Venezuela y, a pesar de los esfuerzos de sus simpatizantes mÔs fervorosos y de su propia propensión a pasar por alto los consejos ajenos, la presidenta Cristina FernÔndez de Kirchner no la gobierna de manera tan autocrÔtica como su homólogo venezolano Hugo ChÔvez. Así y todo, podemos tomar lo que estÔ sucediendo en Venezuela a raíz de la enfermedad del caudillo por una advertencia de lo peligroso que es permitir que el sistema político gire en torno de una sola persona, ademÔs de procurar sustituir la realidad por "un relato". Al difundirse la noticia de que ChÔvez padece cÔncer, lo que lo obligarÔ a trasladarse periódicamente a Cuba para un tratamiento de quimioterapia, tanto el oficialismo como la oposición se sumieron en el desconcierto. Los partidarios del gobierno saben que sin ChÔvez el movimiento que se creó para apoyarlo, que obedece todas sus órdenes sin chistar, se desintegrarÔ muy pronto, mientras que sus adversarios, aglutinados sólo por la hostilidad compartida hacia un presidente que parece decidido a desmantelar lo que queda de las instituciones democrÔticas, estÔn tan divididos que es legítimo cuestionar su capacidad para formar un eventual gobierno que esté en condiciones de hacer frente a los problemas gravísimos que le dejarÔ "el socialismo del siglo XXI".

Como Juan Domingo Perón solĆ­a insinuar, cuando lo Ćŗnico que mantiene intacto un movimiento polĆ­tico es el carisma de un lĆ­der supuestamente providencial, el heredero serĆ” "el pueblo"; es decir, nadie. Puede que sin ChĆ”vez el chavismo se parezca al peronismo que, despuĆ©s del fallecimiento de su fundador y filósofo, se transformó en un conjunto variopinto de aparatos electoralistas que se comprometerĆ­an con cualquier corriente ideológica –izquierdista, neoliberal, da igual– que en opinión de los jefes los ayudarĆ­a a aferrarse a parcelas de poder. TambiĆ©n es posible que las distintas fracciones se alejen tanto las unas de las otras que el movimiento se disgregue por completo. Lo mismo puede decirse del kirchnerismo. Sin Cristina a la cabeza, se disolverĆ­a en el maremĆ”gnum populista en un lapso muy breve. Es merced al personalismo exagerado caracterĆ­stico de nuestra cultura polĆ­tica que la presidenta ha podido darse el lujo de modificar a su antojo las listas electorales oficialistas, desplazando a veteranos del PJ que se habĆ­an encolumnado con abnegación detrĆ”s de su "proyecto", ya que todos estĆ”n convencidos de que es dueƱa del grueso de los votos que, en su ausencia, se verĆ­an repartidos entre una multitud de agrupaciones.

En Venezuela, los chavistas son igualmente conscientes de que la unidad del movimiento en el que militan depende de la presencia de una sola persona y que, lo mismo que Cristina, el caudillo bolivariano se ha rodeado de mediocridades por entender que le serƔn mƔs leales que quienes cuentan con cierto peso propio.

Como Cristina, ChÔvez es autor de un "relato" que ha servido para brindar la impresión de que su gestión tiene por meta hacer de la sociedad venezolana un dechado de justicia social, muy superior a las del resto de América Latina, Europa y Estados Unidos. Huelga decir que los resultados concretos no coinciden con tales pretensiones. La economía venezolana, beneficiada por un torrente de petrodólares, estÔ haciendo agua por todos lados. La tasa de inflación es aún mÔs elevada que la registrada aquí por las consultoras privadas, la CÔmara de Diputados y algunos gobiernos provinciales y apenas hay crecimiento en una región en la que casi todos los países estÔn anotÔndose aumentos sostenidos del ingreso per cÔpita. Por lo demÔs, Caracas se ha convertido en una de las ciudades mÔs peligrosas del mundo entero. Sin embargo, para ChÔvez tales detalles importan poco porque a su juicio lo único que realmente cuenta es "el relato" épico que ha confeccionado. Aunque la brecha entre las presuntas aspiraciones del gobierno y lo que efectivamente ha logrado sea mucho mÔs amplia en Venezuela de lo que es en la Argentina, se trata de manifestaciones del mismo fenómeno. Tarde o temprano, en ambos países le corresponderÔ a la clase política local encargarse de lo dejado por gobiernos que han subordinado demasiado a sus propias ilusiones ideológicas. Es de esperar que resulten estar a la altura de los desafíos que les aguardan.

Foto: http://es.toonpool.com/cartoons/Hugo%20Chaves_34289

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