Algunos juguetes sexuales contienen ftalatos, que pueden daƱar al feto
Pueden reducir la producción de testosterona y causar diversos problemas
Estos compuestos se usan también en champús, cremas y objetos de plÔstico
Ćngel DĆaz | Madrid
El uso de vibradores, consoladores y demĆ”s juguetes sexuales es cada vez mĆ”s habitual, gracias en buena parte a nuevos mecanismos de distribución de estos productos, como las reuniones de 'tupper sex' o el comercio 'online'. Como prĆ”ctica sexual en sĆ, no provoca mayores daƱos, segĆŗn mĆ©dicos y sexólogos, pero el material del que estĆ”n hechos algunos de estos objetos ha hecho saltar las alarmas en paĆses como Dinamarca y, mĆ”s recientemente, Alemania.
Los ftalatos son sustancias que aportan flexibilidad y elasticidad a los plĆ”sticos y cuyo uso industrial estĆ” ampliamente extendido. Experimentos con ratones han mostrado que pueden daƱar la salud de los roederes y muchos expertos opinan que esta indeseable propiedad es tambiĆ©n aplicable, aunque en menor medida, a los humanos. No hay nada cientĆficamente confirmado, pero el principio de precaución ha llevado a la Unión Europea a limitar la utilización de estos compuestos en juguetes para niƱos.
El problema ya ha sido tratado en Dinamarca por la Agencia de Medioambiente, la cual concluyó, tras un exhaustivo informe sobre la materia, que las mujeres embarazadas o que estén dando el pecho a sus bebés no deben abusar de juguetes sexuales hechos con ftalatos. El motivo es que, mientras que un adulto estÔ razonablemente a salvo de estos compuestos, un feto o un recién nacido puede sufrir algunos problemas tras ser expuesto a ellos, en particular los niños varones.
Estos materiales son demasiado parecidos a las hormonas masculinas; por eso mismo, pueden causar alteraciones en el sistema endocrino, sobre todo si son absorbidas por el organismo en fases tan sensibles a los cambios, como pueden ser el desarrollo prenatal o la primera infancia.
Exposición prenatal
Estudios estadĆsticos han asociado la exposición a los ftalatos durante este periodo con diversos problemas en el desarrollo, sobre todo de Ćndole reproductiva. La investigación que abrió los ojos a la comunidad cientĆfica sobre los peligros de estos compuestos fue realizada por la ginecóloga Shanna Swan, de la Universidad de Rochester (EEUU). Desde entonces, una creciente literatura cientĆfica ha relacionado la exposición prenatal a ftalatos con una reducción de la testosterona.
La doctora Swan encontró en su trabajo pionero una relación entre la exposición de las madres a los ftalatos durante el embarazo, medida mediante anĆ”lisis de orina, y una menor distancia entre el ano y los genitales de sus hijos varones. Los resultados fueron importantes porque esta medida es una de las caracterĆsticas que diferencia a hombres y mujeres: los primeros presentan, como media, mayor distancia anogenital. Es decir, la exposición del feto a los ftalatos provocaba, si no daƱos graves, sĆ una cierta feminización de los futuros varones.
Las conclusiones de Swan han sido despuĆ©s refrendadas en otros estudios de su mismo grupo, que han asociado el exceso de ftalatos con menores niveles de hormonas andrógenas e incluso un menor apego o destreza por los juegos tĆpicamente masculinos en estos niƱos, una conducta que es consistente con lo observado en experimentos con ratones: cuando se expone a los roedores a estas sustancias, los machos roedores renuncian a algunos hĆ”bitos propios de su condición sexual.
Hay una diferencia fundamental entre el tipo de evidencia directa que se ha obtenido en animales, tras someterlos a experimentos en el laboratorio, y los resultados que pueden adjudicarse a personas, que siempre dependen de estadĆsticas y datos obtenidos en la vida real, donde nos enfrentamos a infinidad de factores que interactĆŗan con nuestro organismo y son potencialmente perjudiciales.
Discusión cientĆfica
Aislar el efecto de los ftalatos, o de cualquier otro compuesto, es una ardua tarea que se fundamenta en la acumulación de estudios, a falta de una prueba indiscutible –una 'pistola humeante'– que permita zanjar la discusión. Los humanos somos animales muy complejos y el ambiente en que nos desenvolvemos lo es aĆŗn mĆ”s. AsĆ las cosas, los expertos que abogan por la limitación de los ftalatos hablan del principio de precaución: no expongamos al pĆŗblico a materiales cuyos efectos no entendemos del todo. La industria, por su parte, demanda evidencias: no prohibamos, sin tener pruebas, sustancias que no se han demostrado daƱinas.
La legislación de la Unión Europea ha adoptado ya medidas preventivas en el caso de los juguetes y productos destinados a los niños. Se han prohibido tres tipos de ftalatos y otros tres se han limitado a objetos que los niños no puedan llevarse a la boca. MÔs recientemente, el pasado mes de junio, han entrado en vigor nuevas medidas de control para biberones y chupetes, en los que acaba de prohibirse la utilización de bisfenol A.
Este compuesto estÔ muy relacionado con los ftalatos: también se usa para aportar elasticidad a los plÔsticos, y también es un disruptor hormonal, es decir, puede alterar el sistema endocrino. Sin embargo, tal y como recuerda Swan, no existe legislación que limite la exposición prenatal a estos productos, que es precisamente la mÔs peligrosa.
Volker Beck, parlamentario alemĆ”n por el Partido Verde Europeo, es una figura pĆŗblica muy conocida en el paĆs germano, principalmente por su activismo ecologista y gay. Ahora ha emprendido una campaƱa en el Bundestag para que el Gobierno prohiba el uso de ftalatos en los vibradores. Beck ha comparado los peligros de estos compuestos con los de la energĆa nuclear y ha asegurado que pueden causar infertilidad, diabetes y cĆ”ncer, afirmaciones que exageran y distorsionan los resultados cientĆficos. TambiĆ©n ha pedido que se advierta a la población de los peligros de los ftalatos, tal y como ya han hecho las autoridades danesas, algo en lo que los expertos sĆ se muestran de acuerdo.
ChampĆŗs y cremas de belleza
"Las mujeres embarazadas o lactantes deberĆan aplicar el principio de precaución no sólo con los juguetes eróticos, sino con todos los productos que contengan ftalatos, porque llegan directamente al feto a travĆ©s de la placenta", explica la doctora Marieta FernĆ©ndez, de la Universidad de Granada. "El problema de los ftalatos es que no estĆ”n sólo en juguetes sexuales: estamos expuestos por multitud de vĆas", aclara esta experta, quien elogia "el coraje de la administración danesa".
Los ftalatos pueden encontrarse en productos tan comunes como cremas de belleza, champús, recipientes de plÔstico para la comida, recubrimientos de vinilo, perfumes o equipamiento médico.
"Hemos visto que los niƱos en cuya leche materna hay mĆ”s ftalatos, presentan menos niveles de hormonas sexuales", detalla, por su parte, el doctor Jaime Mendiola, de la Universidad de Murcia. "En la etapa prenatal se debe evitar cualquier exposición: es una etapa de la vida especialmente importante y sensible, y cualquier cambio podrĆa producir una disfunción", aƱade.
En ratones y otros animales, se han detectado malformaciones en el feto a causa de estos compuestos, ademĆ”s de cĆ”ncer de hĆgado y otros problemas graves. El cĆ”ncer, sin embargo, estarĆa prĆ”cticamente descartado en humanos, debido a que los mecanismos mediante los que se genera no son trasladables a nuestra especie. Aun asĆ, los riesgos son varios. SegĆŗn la doctora FernĆ”ndez, pueden darse casos de hipospadia (anomalĆa congĆ©nita en el pene), criptorquidia (testĆculos ocultos) u otros problemas que no son visibles en el nacimiento pero se manifiestan despuĆ©s a lo largo de la vida adulta.

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