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lunes, 8 de agosto de 2011

Lo que se juega en la política neuquina

Las elecciones del 23 de octubre serán determinantes para la década. El núcleo de la paradoja. Los cálculos de los hemisferios. Cómo se consigue unidad en la diversidad en el MPN. Y cómo se manifiesta la actual imposibilidad de recrear lo que se había conseguido en la oposición.

Es posible que las elecciones del 23 de octubre –no el ensayo del domingo próximo- generen un protagonismo inédito en la capital neuquina. Este distrito, el políticamente más importante de toda la Patagonia, puede determinar con cierta claridad si la tendencia de la década será extenderle un certificado de confianza al MPN, único partido provincial realmente en pie en la Argentina, o si le anticipará un camino de retirada o transformación en otras variables políticas.

La resolución de la interna por acuerdo en el MPN fue un hecho importante. Indicó algo que se declama mucho pero se practica poco en la política nacional: el privilegio de un partido, es decir de una institución, por encima de los individuos. En un país donde los únicos que parecen existir son los hombres y las mujeres como candidatos semi-permanentes, más allá de las organizaciones que los respaldan, el partido provincial de Neuquén ha dejado una señal interesante: la idea de que se necesita ganar un distrito para imponer un proyecto que es colectivo, y que excede las apetencias personales.

Si ese colectivo representa a la mayoría neuquina realmente, es decir, si sus propósitos son bendecidos democráticamente, es lo que se pondrá en juego el 23 de octubre, encarnado esto en la figura de José Brillo como síntesis de la siempre dinámica “unidad” del MPN.

Ganando esos comicios, el MPN tendrá su certificado para la década, porque sumaría la ya ganada consagración provincial, con la del distrito más importante. La confluencia de la cuestión general y la específica es gravitante en Neuquén, porque indicaría si desde la oposición se mantiene -o no- el único cuartel que puede poner en riesgo la continuidad a mediano y largo plazo del proyecto provincialista y sus 50 años de vida exitosa.

El MPN resolverá el problema de la diversidad de ambiciones sectoriales que existen dentro y fuera de su seno, con listas colectoras. Más allá de que procurará integrar una lista propia lo más representativa posible, lo cierto es que las colectoras con candidatos al Deliberante serán muchas.

Cada sector aportará sus colectoras con sus necesidades de representación. Así fue como por ejemplo ya se validó la incorporación de la lista de Jorge Salas, piquetero social de oficio, aliado del gobierno provincial en los últimos años. Fue una recomendación del propio Jorge Sapag.

Habrá otros sectores que buscarán la confluencia en Brillo para sumar un ladrillito a su propia construcción política. El MID, por ejemplo, que tan buena elección provincial hizo, seguirá en esa senda. En este espacio se manifiestan afiliados del MPN que siguen construyendo sus opciones utilizando la generosidad de nuestro sistema político-electoral.

En este crucial enfrentamiento, se dará asimismo la paradoja Brillo-Quiroga. Los dos diputados nacionales sintetizan en buena medida la lucha capitalina de los últimos años. Mientras Brillo va con la consigna de privilegiar el partido por sobre los hombres, Quiroga, en esta oportunidad, juega a fondo su inserción personal en el electorado. A tal punto que competirá con el partido creado para esta ocasión, Nuevo Compromiso Neuquino, una organización que se sustenta en su propia figura, y que la realidad irá diciendo si prosperará como tal o servirá solo para una ocasión como la presente.

Desde algunos sectores, hay enojo con la idea la polarización Brillo-Quiroga. “No existe”, se afirma, sobre la base de que calculan que entre los dos podrán concitar no más de 60 por ciento del electorado, mientras que el 40 por ciento restante sería captado por las otras ofertas.

Es lo que sustenta la filosofía de que todavía se puede recrear la coalición municipal: el negocio sería entonces dividir por tres, y quedarse con la porción más abundante.

Pero el horizonte para esa posibilidad está lleno de nubarrones admonitorios. El radicalismo no parece encontrar la fórmula mínima de acuerdo para superar una interna que podría obturar el camino hacia la competencia del propio Martín Farizano. UNE se despega cada vez más de sus aliados, buscando la apuesta al crecimiento propio. Y el PJ no encuentra razones de peso para tender una mano solidaria hacia su ancestral rival devenido en aliado inestable.

En el MPN otean este panorama y sacan una rápida conclusión: cualquier voto a otras fuerzas políticas, dicen, será un voto menos para Quiroga. Imaginan un electorado dividido en dos hemisferios, el de los adictos al partido provincial, y el de los que están en contra. “La división le resta a la mitad de los otros”, confían, con cierto sarcasmo.

En esta complejidad, no hay certezas a mano sobre el eventual resultado que tendrá la resolución del conflicto, que inexorablemente llegará el 23 de octubre. Pero sí es posible afirmar lo que al principio se enunciara en esta nota: la votación marcará las posibilidades de liderazgo político para toda la década, no solo para los próximos cuatro años.

Rubén Boggi

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