Aunque a la presidenta Cristina FernĆ”ndez de Kirchner le encanta aprovechar las oportunidades que le brindan los foros internacionales para predicar los mĆ©ritos del "modelo" económico autóctono, no le gustarĆa para nada que los gobiernos de otros paĆses, convencidos por su elocuencia, decidieran imitarla, pero tal y como estĆ”n las cosas no sorprenderĆa que muchos comenzaran a hacerlo. De ser asĆ, la Argentina se verĆa entre los paĆses mĆ”s perjudicados. Por cierto, de optar la presidenta brasileƱa Dilma Rousseff por una polĆtica comercial kirchnerista que la hiciera frenar bajo pretextos diversos la importación de productos argentinos, el impacto sobre nuestro paĆs serĆa con toda seguridad muy doloroso. Mal que nos pese, los presagios en tal sentido son ominosos. Por motivos comprensibles, los empresarios brasileƱos, en especial los del Estado de San Pablo, estĆ”n pidiendo al gobierno de Dilma que reaccione con mĆ”s vigor contra las medidas a su entender arbitrarias que han tomado el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y la ministra de Industria, DĆ©bora Giorgi, con el propósito de salvarnos de una "invasión" de bienes forĆ”neos.
Aunque los brasileños insisten en que son reacios a ocasionarle a Cristina dificultades antes de celebrarse las elecciones presidenciales del 23 de octubre, se prevé que, una vez concluido el trÔmite, emprenderÔn una ofensiva con la intención de forzarla a dejar de mantener sus productos bloqueados por mucho tiempo en la Aduana.
El cambio de actitud del gobierno de Dilma se debe no sólo al fastidio que le ha provocado la estrategia proteccionista de nuestro gobierno –segĆŗn la Organización Mundial de Comercio, la Argentina estĆ” entre los paĆses mĆ”s proteccionistas del planeta, razón por la que hace poco su director, Robert Zoellick, exhortó al gobierno a no tomar mĆ”s "decisiones estĆŗpidas"–, sino tambiĆ©n a la pĆ©rdida de competitividad de la economĆa brasileƱa. A pesar de ser considerado por casi todos una potencia emergente muy prometedora, se pronostica que este aƱo Brasil crecerĆ” un relativamente magro 3,5%, mientras que la tasa de inflación, que supera el 7% anual, asusta tanto al gobierno que se ha resignado a enfriar la economĆa a fin de reducirla. Por lo demĆ”s, el gobierno de Dilma estĆ” devaluando esporĆ”dicamente el real que, conforme a todos los parĆ”metros, se ha hecho demasiado fuerte Ćŗltimamente, lo que alarma mucho a nuestros empresarios; saben que la devaluación del real, que a partir de inicios de agosto ha perdido casi el 20% de su valor, combinada con la ralentización de la economĆa del socio mayor del Mercosur, golpearĆ” con dureza las exportaciones de bienes industriales que dependen excesivamente de la buena voluntad brasileƱa. Asimismo, estĆ” incidiendo en el turismo puesto que, desde el punto de vista de nuestros vecinos, la Argentina ya no es un paĆs barato, pero desde la de los argentinos, Brasil sĆ lo es.
Si no fuera por la inflación –la de las consultoras multadas y los supermercados, no la del Indec– el gobierno de Cristina podrĆa asegurar que el peso acompaƱara al real, y otras monedas, para conservar su competitividad, pero no quiere arriesgarse permitiĆ©ndolo por entender que tendrĆa un impacto inmediato en los precios locales. Por constituir la relación del peso con el dólar estadounidense que, a pesar de todo, sigue siendo la moneda de referencia internacional, el ancla que impide que el paĆs caiga en una nueva espiral inflacionaria de consecuencias previsibles, a los responsables del "modelo" les falta un instrumento económico fundamental en tiempos tan agitados como los actuales, en los que son muchos los paĆses que estĆ”n tratando de defenderse manipulando el valor de la moneda. Si Brasil logra recuperarse pronto, el tema dejarĆ” de ser tan importante ya que de acuerdo comĆŗn la evolución de nuestra economĆa depende en buena medida del poder de compra del socio dominante del Mercosur, pero por desgracia parecerĆa que tendrĆ”n que transcurrir algunos aƱos antes de que ello ocurra. Mientras tanto, al gobierno kirchnerista le serĆ” necesario prepararse para una coyuntura internacional mucho menos benigna que la acostumbrada, una en la que las autoridades de otros paĆses se sentirĆ”n tentadas a privilegiar sus propios intereses con mĆ©todos parecidos a los empleados por los kirchneristas mismos.
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