Revelan que el salvador del soldado Ryan fue un sacerdote - Piedra OnLine

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lunes, 7 de noviembre de 2011

Revelan que el salvador del soldado Ryan fue un sacerdote

En las memorias, el capellÔn Francis L. Sampson detalla cómo se organizó el operativo de regreso.

Por Sergio Rubin
QuiĆ©n que haya visto la pelĆ­cula Rescatando al soldado Ryan (1998) , de Steven Spielberg, no se emocionó con la actuación de Tom Hanks en el papel del capitĆ”n John H. Miller, que –tras el desembarco en NormandĆ­a– recibe la orden de buscar a un soldado y enviarlo de regreso a los Estados Unidos porque su vida no debĆ­a correr riesgo luego de que su madre perdiera en la guerra a sus otros tres hijos. Y que, hacia el final del filme, llega a ofrendar su vida para que el soldado se salve. Pues bien: ahora se sabe que el verdadero salvador de Frederick “Fritz” Niland –la identidad real de Ryan– fue un capellĆ”n militar, Francis L. Sampson.


El propio Sampson –capellĆ”n de la 101Āŗ División Aerotransportada– volcó sus vivencias en el libro “MirĆ” allĆ” abajo: Una historia de la Aerotransportada escrita por un sacerdote paracaidista”, de 1958. La cercanĆ­a de los homenajes que en los Estados Unidos se estĆ”n organizando para 2012, por el centenario de su nacimiento, llevaron a que se vuelva a hablar de Ć©l. Y de cómo ocurrió realmente la historia que conmovió a millones de espectadores.

El filme plantea que el capitĆ”n Miller encara una ardua bĆŗsqueda. Pero, en la realidad, fue Fritz quien se contactó en el campamento con el padre Sampson a los pocos dĆ­as del desembarco en las costas francesas. Fue luego de enterarse de que su hermano Robert –que tambiĆ©n se habĆ­a lanzado en paracaĆ­das– habĆ­a muerto y querĆ­a que lo ayudara a encontrar su cuerpo, que aparentemente estaba en un cementerio cercano. Pero en la lista de inhumados no aparecĆ­a su nombre sino el de otro hermano, Preston. Finalmente no sólo hallaron la tumba de Robert: Sampson descubrió que un tercer hermano habĆ­a desaparecido luego de que su avión fuera derribado por los japoneses.

Al comunicarle esta Ćŗltima noticia, Sampson cuenta que Fritz comenzó a repetir: “¿QuĆ© harĆ” ahora? ¿QuĆ© serĆ” de ella?”. Hablaba de su madre. El sacerdote le respondió que la mujer aĆŗn lo tenĆ­a a Ć©l y harĆ­a todo lo posible para repatriarlo. Y lo logró. Tras el reencuentro con sus padres –la madre no era viuda como aparece en la pelĆ­cula– Fritz sirvió en una unidad acantonada en Nueva York. Al final de la guerra la familia recibió una sorpresa: el hijo supuestamente abatido por los japoneses habĆ­a sobrevivido.

Si bien el padre Sampson no corrió riesgos para conseguir la vuelta de Fritz, sí los tuvo por otras situaciones. En su salto en paracaídas en el crucial Día D perdió su kit de misa y, en vez de ponerse a cubierto, se abocó a buscarlo en medio de la oscuridad, entre disparos y morterazos, hasta que lo encontró. Horas después, cuando atendía a unos heridos en una granja, fue detenido por soldados alemanes, que lo pusieron contra una pared con la aparente intención de fusilarlo. Sólo la aparición de otro soldado alemÔn que se percató de que era sacerdote, evitó su muerte.

El padre Sampson pasó 6 meses en un campo de prisioneros. Pero no se dio por vencido. Una vez liberado, volvió a la Aerotransportada. AƱos mĆ”s tarde, estuvo en la guerra de Corea y en 1967 fue nombrado jefe de los capellanes militares de los Estados Unidos. Y –ya retirado– llegó a asistir a los paracaidistas que actuaron en Vietnam. En el cĆ©lebre libro de Cornelius Ryan, “El dĆ­a mĆ”s largo”, las peripecias del cura ocupan varias pĆ”ginas. No es para menos.

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