El incremento de la faltas por parte de alumnos y docentes se posiciona como uno de los principales temas de anÔlisis. En los últimos años del primario y los iniciales del secundario alcanza hasta el 30%. Por Laura Hojman
El alto Ćndice de ausentismo de alumnos y docentes en las escuelas argentinas, instalado desde hace varios aƱos en la cultura escolar, no logra revertirse, va en incremento y se convertirĆ” este aƱo en uno de los ejes prioritarios de la agenda de los ministros de Educación del paĆs, que ven con preocupación el incumplimiento de leyes educativas y calendarios escolares.
En un contexto en el que históricamente en el paĆs los planes y las leyes educativas van por un lado y la realidad cotidiana del aula por el otro, las jurisdicciones pidieron un tratamiento "prioritario" a la escalada de inasistencias de alumnos de los Ćŗltimos aƱos del nivel primario y de los primeros del secundario –que llegan a trepar al 30 por ciento-, como asĆ tambiĆ©n de docentes de media, mayormente de asignaturas especiales –con promedio de tres horas libres semanales, entre ellas los idiomas.
El complicado panorama de los "faltazos" en las aulas, segĆŗn el jefe de la cartera educativa, Alberto Sileoni, aseguró a DyN, conspira entre otros objetivos de la polĆtica del Ć”rea con la obediencia a leyes educativas, como la Nacional, que en uno de sus artĆculos establece la "obligatoriedad" del secundario, y que dijo "los propios docentes tienen que ser los que estĆ©n concientizados y sean quienes garanticen el cumplimiento".
Asimismo, los ministros de las 24 jurisdicciones reclamaron reiteradamente en los plenarios del Consejo Federal de Educación (CFE) cuando "vuelan" a Buenos Aires desde sus jurisdicciones, la imposibilidad de alcanzar en los últimos años, metas como la "inclusión" de jóvenes en el sistema educativo, cuyos números hoy no "cierran" al momento de medir ingresantes egresados.
El cĆrculo "defectuoso" del fuerte ausentismo y horas libres continĆŗa tambiĆ©n con los actuales baches en "los controles de salud" de los maestros y las "condiciones laborales" en que desarrollan su tarea, como admitió el mismo Sileoni.
La problemĆ”tica de las enfermedades profesionales, licencias mĆ©dicas, dolencias pscicológicas y hasta psiquiĆ”tricas y la falta de una fuerte polĆtica de salud preventiva para los maestros es una clĆ”sica denuncia de los sindicatos docentes del paĆs desde al menos 20 aƱos que no fue incluida en una agenda de polĆtica o planes, sino que fue abordada en aisladas discusiones de mesas paritarias, especialmente en casos de casos terminales.
Hasta hace poco tiempo una licencia para un docente bonaerense con una enfermedad crónica o terminal tenĆa una serie de tramitaciones burocrĆ”ticas al punto que, cuando se concretaba el permiso para dejar de trabajar, el maestro ya habĆa muerto.
No obstante, las agremiaciones de docentes, que miraron con cierta reticencia las denuncias de los funcionarios sobre las inasistencias en las diversas gestiones, por sentir la amenaza de un avance contra el Estatuto del sector, hoy en apariencia estarĆan dispuestos a participar del debate de ausencias y licencias pero con propuestas propias.
Entre los casos, la Unión Docentes Argentinos (UDA) cuestionó la falta de tratamiento de un proyecto propio presentado en el Congreso de la Nación y en el ministerio de Educación para la apertura de gabinetes interdisciplinarios en las escuelas que, dijeron, "nunca tuvo tratamiento".
En el debate del ausentismo tambiƩn aportaron con relevamientos y datos algunas fundaciones, aunque con diferentes matices y propuestas.
Una, conocida por estos dĆas, desempolvó la vieja propuesta de los economistas de FIEL en los aƱos '90, que propone una "reforma del sistema educativo" con evaluaciones a los maestros para determinar un sistema de "premios y castigos" y sueldos diferenciados, crear las escuelas autogestionadas para facultar a directivos a tomar y despedir maestros e intervenir sobre los calendarios escolares, y tambiĆ©n para formar a los futuros docentes "con el fin de evitar la resistencia y el boicot gremial".
El léxico del estudio, ademÔs, remite de los años de la reforma educativa del menemismo, al hablar de "gasto" en educación desde un lado mÔs economicista, en lugar de "inversión" como aconsejan los pedagogos.
No obstante hay una coincidencia entre visiones oficiales y privadas respecto al papel de los padres en el cumplimiento de la escolaridad, fundamentalmente de los jóvenes, porque muchos ignoran o desestiman la obligatoriedad de la educación hasta los 18 años de edad.
"Hay una gran tolerancia de los padres con las inasistencias de sus hijos, que a la larga socava la escuela pública y socava la trayectoria de los chicos", por lo que "es un tema para trabajar con las familias", señaló Sileoni, que prometió poner en agenda el tema en el Consejo Federal.
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