La palabra escrita: Anna Frank en Bariloche - Piedra OnLine

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domingo, 21 de octubre de 2012

La palabra escrita: Anna Frank en Bariloche

"En los claroscuros de esta historia mínima, el bien y el mal se manifiestan en todas sus terribles dimensiones", el régimen totalitario y genocida que decidió el exterminio de un pueblo, los crueles avatares de la guerra, la actuación de los bienintencionados que aportaron la preciosa ayuda para que algunos pudieran sobrevivir, los inocentes condenados, los indiferentes, los obedientes incondicionales... Crónicas de Hans Schulz, para B2000.
El diario de Anne Frank. Detalle (Ampliar en mÔs información)

El miĆ©rcoles  17 de octubre en compaƱƭa de mi hija y de  algunos integrantes de la comunidad judĆ­a de Bariloche visitamos la muestra “Ana Frank, una historia vigente” que recorre la corta e intensa vida y obra de la joven alemana de familia judĆ­a Annaliese Marie Frank (1929-1945). (1) Y digo obra porque sin la permanencia de su extraordinario diario personal, como tantas otras vidas jóvenes que se perdieron en los oscuros laberintos de la sombrĆ­a red de campos de exterminio que diseƱaron y construyeron los burócratas nacionalsocialistas en pos de la “solución final al problema judĆ­o”, la vida de Ana seguramente se hubiese hundido en el olvido.

Para un argentino descendiente de alemanes recorrer este tipo de muestras que despliegan frente a nuestros ojos todo el horror del que fue capaz un rĆ©gimen genocida alemĆ”n siempre representa un desafĆ­o emocional. Sin embargo debemos seguir apoyando consistentemente el necesario esclarecimiento crĆ­tico de esta oscura etapa de la historia de la humanidad para ayudar “a prevenir el eterno retorno del mal absoluto” como dijera el Juez MartĆ­n Lozada en su disertación previa a la presentación del libro “Mandato paterno. El frĆ”gil hilo del recuerdo” en la sede de la Comunidad JudĆ­a de Bariloche hace sólo unos pocos dĆ­as.

AquĆ­, en los claroscuros de esta historia mĆ­nima, el bien y el mal se manifiestan en todas sus terribles dimensiones: el rĆ©gimen totalitario y  genocida que ha decidido el exterminio de un pueblo, los crueles avatares de la guerra, la actuación de los bienintencionados que aportaron la preciosa ayuda para que algunos pudieran sobrevivir, los inocentes condenados por su religión y pertenencia a un pueblo determinado, los indiferentes, los obedientes incondicionales a las órdenes de las organizaciones criminales, los delatores.

En los tramos finales de la segunda gran guerra del “siglo de las tinieblas” el refugio ideal en que Ana y sus familiares se mantuvieron escondidos tampoco estuvo a salvo de la maldad de los hombres.  A causa de una denuncia anónima y a sólo pocas semanas de la llegada liberadora de los ejĆ©rcitos aliados, Ana, su familia y los miembros de otras familias que compartĆ­an el refugio secreto fueron detenidos por los nazis. Estos saquearon las habitaciones en busca de joyas y dinero e ignoraron el diario. Los dueƱos de la casa lo encontraron tirado entre el desorden general que ofrecĆ­a el escondite despuĆ©s del arresto. Los fieles lacayos del genocidio en curso se llevaron a los seres humanos y otros elementos que consideraron importantes. Pero despreciaron la palabra escrita que muda en el piso esperaba un mejor momento.  

Actualmente todos conocemos el diario de Anna Frank y muchos lo hemos leĆ­do. Sin embargo cada vez que abordamos el tema lo hacemos desde otro lugar y en otro contexto personal, social y polĆ­tico. Por mera empatĆ­a vivencial el que esta vez recorriera la muestra junto a mi hija de 16 aƱos y otras/os jóvenes provocó en mĆ­ un cambio en la mirada y en las percepciones sobre la vida de la joven Ana. Al recorrerla no pude dejar de imaginarse situaciones similares para la propia familia. La Europa soƱada de la que me hablaron mis padres convertida en atroz pesadilla. Lo “no dicho”, lo silenciado y las tragedias deliberadamente ignoradas entre los mĆ­os en una larga serie de paneles explicativos expuestos en una sala de la Escuela NĀŗ 266 en Bariloche el mes de octubre del aƱo 2012.

Tal vez fue el horror de la dictadura y los consiguientes juicios por delitos de Lesa Humanidad llevados a cabo en nuestro paĆ­s los que cambiaron la percepción de las cosas de una gran parte de los intencionalmente desafectados en estas latitudes, es decir de la de aquellos que se habĆ­an adscrito a la teorĆ­a de los dos demonios, los negadores,  los banalizadores. Es posible. Nadie puede permanecer inmune ante tanto horror.

Poderosa es la palabra escrita y los testimonios de victimas y testigos presenciales pero incluso ellos a veces no alcanzan. Todavía hoy, cuando el Presidente de facto de la Junta Militar que gobernó el país entre los años 1976 y 1983 ya reconoció y reivindicó el uso de los métodos criminales que se diseñaron desde el gobierno en aquellos años, se escuchan argumentos que niegan que haya existido en el país una política deliberada de terrorismo de Estado. (2)

A veces esta obsecuencia tambiĆ©n envuelve las discusiones sobre los crĆ­menes europeos. En una conversación informal que tuve en Buenos Aires hace sólo unas semanas en el marco de la presentación de mi libro mi interlocutor argumentaba que el Holocausto no pudo haber sido posible “porque no habĆ­a tantos judĆ­os en Europa”. Sin embargo el detallado informe de la “tabla europea” que presentara Eichmann en la conferencia de Wannsee a principios del aƱo 1942 decĆ­a otra cosa: 11 millones incluyendo a los judĆ­os de la Unión SoviĆ©tica. (3) DespuĆ©s de mĆ”s de sesenta aƱos de ocurrida la ShoĆ” y con una irrefutable profusión de documentación disponible este banalizador argentino contemporĆ”neo persistĆ­a en sus obsesivos argumentos fundamentalistas mĆ”s allĆ” de la prueba irrefutable de los meticulosos nĆŗmeros de los mismos burócratas alemanes. ¿CuĆ”ntas muestras, instalaciones y memoriales son necesarios para mantener viva la necesaria reflexión crĆ­tica sobre la historia? ¿CuĆ”ntos debates deberemos todavĆ­a llevar a cabo para esclarecer lo ocurrido en nuestra historia reciente?

Los aƱos pasan y a la distancia, para las nuevas generaciones, los acontecimientos se vuelven difusos. Los sobrevivientes y testigos presenciales de una Ć©poca se desvanecen. Entonces: ¿QuĆ© es lo que nos queda para el ejercicio de la memoria responsable?  Las ruinas del horror, los memoriales, los registros visuales y ante todo la palabra escrita, como el precioso diario de Ana, fruto de la minuciosa prĆ”ctica que la joven ejercitó a lo largo de mĆ”s de dos aƱos en su vulnerable refugio. Vulnerable a la tenaz  persistencia del mal absoluto.