Por FRANCISCO CARNESE Y PABLO TRUFFA
Neuquén > A 45 días del cierre de este 2013, año en el que cosechó dos duras derrotas electorales -para concejales y legisladores nacionales-, el intendente Horacio “Pechi” Quiroga se mostró entero. Remarcó que él no perdió porque no se presentó como candidato, aunque fue crítico con el trabajo que realizó su partido, Nuevo Compromiso Neuquino (NCN). (Ampliar en más información)
Aseguró que su deseo es ser gobernador de la provincia en 2015, dejó abierta la puerta para construir una alianza con Ramón Rioseco y otras fuerzas políticas y descartó la posibilidad de buscar una reelección. “En dos años no me veo en este edificio de Roca y Avenida Argentina”, adelantó.
En una charla a agenda abierta con este diario, el intendente de Neuquén sostuvo que para llegar a la conducción de la provincia no debe fijarse en los adversarios. Sin embargo, afirmó que “para tener legitimidad hay que voltear a un pesado como Sapag o Sobisch” y evaluó que Guillermo Pereyra “no es emblema del MPN”.
También reveló acercamientos con Mauricio Macri y Sergio Massa, de quienes rescató sus gestiones en la ciudad de Buenos Aires y el municipio de Tigre.
Quiroga se mostró serio pero amable durante el “on” y muy distendido y con su humor habitual en los breves minutos de “off”. “Puedo salir a la calle solo, como lo hago siempre, sin tener que mirar a mis espaldas, ni con seguridad privada”, aseguró en los minutos que duró una toma de fotos en el monumento a San Martín, en una clara alusión a la agresión que sufrió la semana pasada al salir de la Municipalidad.
¿Cómo analiza este año electoral donde, seguramente, los resultados tanto en los comicios para concejales como los nacionales no fueron los esperados?
Estoy muy tranquilo, las elecciones no pueden marcar permanentemente la situación de ánimo, porque he ganado y he perdido muchas veces. Estoy acostumbrado a que el triunfo no lo tiene que poner a uno eufórico ni la derrota destruirte. Yo gané en 1999 y en 2001 perdimos la de concejales, en 2003 y 2005 lo mismo, en 2007 gané la Intendencia y en 2009, al ser candidato a diputado nacional, perdí. Más tarde, después de haber perdido una interna para gobernador contra (Martín) Farizano, pude ganar y volver a ser intendente.
¿Pero no cree esta última elección a concejales tuvo otra connotación? ¿No fue una prueba de fuego para medir fuerzas hacia 2015?
La misma prueba de fuego que en 2001, donde encima salimos terceros. ¿De qué valió? No se perdió perspectiva para 2003 en ese momento. El comportamiento de la sociedad es pendular, siempre ha sido así.
¿La elección la perdió porque el gobernador (Jorge) Sapag se puso a la cabeza de la campaña en el MPN?
Cuando se gobierna hay gente que está a favor y gente que está en contra. Para esto hay que mirar el costo que pagó Sapag en las PASO, donde se desquitaron todos los sectores que estaban en contra del gobierno de la provincia. Nosotros tenemos la seguridad -por percepción personal y estudios que estamos haciendo- de que el gobierno de la ciudad está en el buen rumbo, que tiene un excelentísimo nivel de aceptación de la sociedad en su conjunto por encima del 60% de aprobación, de la misma manera que mi persona como intendente. De lo que no hay ninguna duda es que los votos no se arrastran.
En las PASO el resultado fue muy magro. ¿No afecta esto el proyecto de Nuevo Compromiso Neuquino a nivel provincial?
Creo que a nuestro partido le faltó protagonismo en este tiempo, no se desarrolló la estructura partidaria, porque nos hemos dedicado a la gestión. Lo que tiene que hacer NCN es abrirse a gente que no necesariamente tiene que estar en el gobierno. NCN debe ser una estructura política que tenga como único dogma el futuro, alejado de sectarismos. A cada uno debe respetársele sus ideas, sus estandartes, sus líderes y exigirles la buena fe, el espíritu creativo, el mirar para adelante. Ese objetivo está pendiente porque no hubo un desarrollo partidario, que no es hacer afiliados sino desarrollar el trabajo de estudio e investigación que permitan opinar con mucha consistencia sobre ese futuro al que queremos llegar.
¿Tiene como objetivo ser candidato a gobernador en 2015?
Tener objetivo suena a una obsesión, pero es una realidad que sueño con ser gobernador, tengo muchas ganas. Cuando intenté serlo en 2007 competimos lealmente y me ganaron en buena ley. Ahí yo ya tenía un plan de gobierno, pero la voluntad popular decidió otra cosa. De acá para adelante ganas me sobran, pero van a venir dos años muy complicados en el país vinculados con la necesidad de que Argentina vuelva al planeta Tierra, algo que puede afectar a muchos gobernantes. Habrá que ver lo que sucede de acá hasta ese momento.
¿Las fracturas dentro del MPN abren una posibilidad mayor a su candidatura?
No. Si alguien hace política pensando en eso, se equivoca. Yo tuve que enfrentar en su momento a un MPN unido y en algunas oportunidades le gané, lo que pasa es que sólo me alcanzó para lograr la Municipalidad de Neuquén. Si la gente percibe que estamos preparados para gobernar, sin duda, podremos ganar la provincia.
Usted recién planteaba que en el escenario de 2007 estuvo cerca, pero en esa oportunidad fue con una coalición que era la Concertación. Hoy los sectores que conformaban ese espacio están en el kirchnerismo. ¿Con quién piensa una posible alianza para 2015?
La única manera de poder compartir visiones es cómo nos imaginamos el futuro. Obviamente que esto tiene un límite. El 10 de diciembre de 2015 se termina el kirchnerismo y Jorge Sapag dejará de ser gobernador de la provincia; por lo tanto, lo que hay que reconstituir son las fuerzas de reemplazo que gobernarán la Argentina postkirchnerista. Cristina hoy es historia y a partir de 2015 prehistoria.
Usted dice que el kirchenerismo es historia, pero hoy es más del 30% del electorado a nivel nacional y ningún partido se acerca a ese porcentaje...
La Argentina necesita volver a ser un país normal y creo que los dirigentes presidenciables esto lo deben tener claro, más allá de las aspiraciones que tenga cada uno, construyendo un espacio que pueda llegar al gobierno.
Con respecto a Sapag, ¿usted está seguro de que no será candidato?
Hoy es así, ya que no puede ir por una nueva reelección, se lo impide la Constitución. Si él entiende que tiene margen político para una reforma, que presente un proyecto, mientras tanto sobre balbuceos no opino.
Si le dan a elegir entre enfrentar a Sapag o a Pereyra, ¿a quién prefiere?
Quien pretenda ser gobernador debe enfrentar al que sea, el único límite es la Constitución. Pero para tener legitimidad hay que voltear a los pesados, y ellos son Sapag y Sobisch. Pereyra no es un emblema del MPN, es una irrupción, tuvo un gran crecimiento pero emblemas son Sapag y Sobisch.
Rioseco no descartó a futuro una alianza con usted. ¿Puede haber un acercamiento?
Si Rioseco sigue perteneciendo al planeta kirchnerista, obviamente que no va a ser posible. Será continuidad de un país con inflación, sin federalismo, con falta de competividad. Si esto se pretende aplicar en la provincia, no habrá ninguna posibilidad, pero no sólo en el caso de Rioseco sino de cualquier otro dirigente.
¿Reconoce su gestión como intendente de Cutral Co?
Sí, es un muy buen intendente, que está haciendo una muy buena gestión y que ha hecho evolucionar y crecer a su comunidad.
¿Y con Javier Bertoldi?
Nunca he tenido diálogo con él, salvo en una o dos oportunidades, cuando trabajé para que fuera intendente en 2007, pero después nunca más volví a tener contacto. Ha hecho una administración sana, de acuerdo con los números de su municipio. Pero pertenece a una estructura que es el Partido Justicialista, Rioseco no. Desde la lógica lo veo a Rioseco mucho más independiente de lo que es el PJ y el kirchnerismo respecto de Bertoldi, algo que le permite mayor libertad de resolución.
¿Está dispuesto a ceder espacio en una hipotética fórmula?
Por supuesto que sí. Quiero ser útil a una provincia que pueda reemplazar a un partido que gobierna hace 50 años, a través de una conjunción de fuerzas que garantice el progreso y un desarrollo armónico, con una visión distinta del populismo y de la demagogia del funcionamiento de un Estado, que hoy es muy grande y muy inoperante. Tenemos que definir una nueva etapa, inspirados en las cosas buenas que se hicieron y catapultar a Neuquén con los signos del siglo XXI.
