Por NicolƔs Poggi (@pogginico), acreditado de NOVA en Casa Rosada.
Llegó la hora. La Casa Rosada se apresta a iniciar el mes de marzo con la discusión por las paritarias en el centro de la mesa. Lo que se diagramó durante los agitados meses del verano se concretarÔ en el inicio de una puja que muchos ven como la mÔs compleja de la era kirchnerista.
La prueba de fuego fue el piso para los gremios docentes, establecido en un aumento del 22 por ciento en tres tramos. Rechazada, la cifra obligó a pasar a un cuarto intermedio para el lunes. El cÔlculo resulta especialmente sensible porque de esos números se atarÔn las provincias para acordar con los maestros; cualquier gobernador puede hacer ensayos, pero todos esperan la resolución de la pauta nacional.
No fue un buen comienzo. Las negociaciones continuarĆ”n y se presume que podrĆa alcanzarse un acuerdo con el correr de las ofertas. El gobierno de Cristina Kirchnerse enfrenta asĆ a sus propios desmanejos a la hora de discutir salarios: los gremios reclaman una suba acorde al alza de los precios, reconocida tardĆamente con el nuevo Ćndice de precios al consumidor del Indec.
Antes y despuĆ©s, el kirchnerismo seguirĆ” batallando con los acuerdos de precios, tan difĆciles de elaborar en la teorĆa como de controlar en la prĆ”ctica. La primera iniciativa, voluntarista y acaso reflejo de la terquedad presidencial, fue el plan “Mirar para Cuidar”, que apenas si se desplegó en alguna destemplada zona del Gran Buenos Aires. Conscientes de esa falencia, la nueva etapa del programa “Precios Cuidados” aporta instrumentos tecnológicos y la vĆa de las sanciones para que las empresas no reincidan en sus estrategias de remarcación.
Todo eso puede estar claro y hasta conformar una iniciativa encomiable, pero ningĆŗn acuerdo se sostiene sin las condiciones macroeconómicas favorables. Lo dijo Aldo Ferrer, un economista afĆn al pensamiento oficial: lo ideal serĆa que no hubiera controles. La regulación estatal en un nivel superior al de las góndolas deberĆa garantizar que la inflación no se descontrole.
Axel Kicillof y los suyos pueden aceptar el alza de precios como parte de un crecimiento económico orientado a fomentar el consumo y robustecer el mercado interno. De hecho es el debate de los gobiernos populistas en la región. Pero los actuales niveles de inflación domĆ©stica impiden hacer frente a los reclamos salariales y planificar el mediano plazo. Puertas adentro, el Gobierno aĆŗn no termina de digerir la devaluación de enero. Sin estadĆsticas oficiales confiables, trazar un diagnóstico era una quimera. Aunque tarde, y sin recambio de la cĆŗpula del Indec, el camino empezó a desandarse.
Los popes
La CGT oficial enfrenta el mismo dilema. Recibe a diario el malestar de las bases y se propone plantarse al Gobierno sin medias tintas; por las dudas, la Rosada les adelantó a los popes que la discusión de cada sector serĆ” “libre”. Ninguna asoma sencilla.
La transitada unidad de la central, que la mayorĆa estipulaba para despuĆ©s de las elecciones, tambiĆ©n quedó lejos. QuizĆ”s las paritarias hayan sido la clave para la contención. RĆ”pido de reflejos, el Gobierno anticipó que no habĆa imposiciones –aunque no se descartó el aumento por decreto para los docentes-, lo que parece haber abierto una tregua entre los hombres de Antonio Caló, que atienden la puja salarial al mismo tiempo que el armado peronista para 2015.
AhĆ se filtran todos. Y esa misma discusión es la que parece alejar a Hugo Moyanode sus ex aliados. Antes de octubre, en ambas centrales daban por descontada la vuelta a las bases; incluso entre los caciques sindicales que abrevan en el massismo. Hoy, las posturas polĆticas tornan irrealizable esa confluencia.
En ese juego, Daniel Scioli pretende moverse como un pez en el agua. Ya se plantea como el candidato del “consenso”, un gobernante que sabrĆ” ver lo mejor de la dĆ©cada kirchnerista y corregir los desvarĆos. Es una tarea de orfebre. Sabe que no estarĆ” solo: lo miran con recelo compaƱeros gobernadores como Juan Manuel Urtubey y el “lanzado” Sergio Urribarri y ministros de la talla de Florencio Randazzo. Todos aspiran a ordenarse en las PASO.
Por fuera, Sergio Massa los mira “reproducirse” y espera engrosas las arcas del voto antikirchnerista. Pero no descuida el territorio y ya anotó la incorporación de un cacique del Conurbano como RaĆŗl OthacehĆ©. Para el tigrense, es el momento de juntar a todos. Aunque, claro, sin descuidar el peronismo.
