Hace unos días, Roberto Antimilla, un productor ganadero que alquila un campo ubicado a unos 5 kilómetros de Sierra Colorada, sufrió un feroz ataque de perros que le mataron una veintena de ovejas. El buen año en materia climática ha renovado sus esperanzas y en este sentido el campesino lucha desde su humilde lugar para subsistir e intentar resurgir con la actividad principal de esta zona, como lo es la ganadería ovina. Sin embargo admite que "no sólo tuvimos que soportar la sequía y la ceniza volcánica sino que ahora sufrimos el accionar de los perros. Alquilo el campo con mucho esfuerzo y puedo identificar cuáles entraron a matarme ovejas por segunda vez", señaló.
En la última década los campesinos de la Región Sur han sufrido duros embates de la naturaleza. La intensa sequía y la ceniza volcánica mataron miles de ovejas dejando en algunos sectores, campos sin animales. Esto hizo que rápidamente proliferaran las plagas como el zorro y el puma. En campos cercanos a los centros poblados, como es el caso del que alquila Antimilla, se le suma la presencia de perros vagabundos que generan un gran daño sobre las majadas. En la mayoría de las localidades de la zona, la población canina es muy elevada y gran parte de los perros están abandonados en la vía pública.
