Esta expectativa ha sido alentada por el gobierno como una forma de contrarrestar el clima de "miedo a perder el empleo" que la oposición habĆa contribuido a generar con motivo del debate sobre la (mal) llamada ley anti-despidos. Un clima de ese tipo era muy poco adecuado para vetar esa ley, como lo hizo finalmente el presidente. Pero si bien es indudable que la expectativa de una mejora de la economĆa en el segundo semestre fue funcional al propósito buscado, tambiĆ©n lo es que generó una restricción para el gobierno. Si la tasa de inflación no baja sustancialmente y el nivel de actividad no se recupera, la administración de Macri va a pagar costos en tĆ©rminos de la percepción que los agentes tienen de su capacidad para manejar la economĆa. Lograr esos objetivos no serĆ” fĆ”cil, ademĆ”s de plantear una serie de interrogantes.
Se puede esperar que la tasa de inflación se retraiga luego de la fuerte aceleración que siguió a las correcciones de precios relativos y que el nivel de actividad se reanime en algo por el efecto de las paritarias sobre el salario real y la reactivación de la obra pĆŗblica. Pero tratar de satisfacer la expectativa creada mĆ”s allĆ” de esto podrĆa poner en peligro otros objetivos de polĆtica que el gobierno habĆa seƱalado como prioritarios. Esto es particularmente asĆ en lo relativo al ajuste fiscal y la recuperación de la competitividad del sector transable.
La competitividad podrĆa sufrir porque el tipo de cambio real ha tendido recientemente a caer. Esto ocurrió porque la inflación se aceleró y el tipo de cambio nominal se retrajo primero y se estancó despuĆ©s, debido a las altas tasas de interĆ©s. Si en el segundo semestre se pone todo el empeƱo en lograr tasas de inflación bien por debajo del 2%, es difĆcil que las autoridades se preocupen demasiado si el tipo de cambio nominal evoluciona por debajo de los precios ya que ello ayudarĆa a suavizar la inflación, sobre todo en un contexto en que los aumentos recientes en combustibles no van a ayudar a reducirla.
El contexto en que se estĆ” produciendo esta trayectoria del tipo de cambio no es propicio para evitar –al menos a corto plazo– una apreciación real. Por un lado, no serĆ” harĆ” fĆ”cil que la inflación se reduzca hasta alinearse con la evolución del tipo de cambio nominal porque las sucesivas paritarias se han firmado bien por encima del 30% y en algunos casos sólo se firmó por seis meses. AdemĆ”s, se incrementó el salario mĆnimo con un aumento a materializarse en tres tramos. Por otro lado, las expectativas sobre las acciones de la Fed han virado suavemente hacia la posibilidad de que haya una corrección alcista en la tasa de los fondos federales. Bajo estas circunstancias, los capitales estĆ”n saliendo del mercado europeo para dirigirse a Estados Unidos y los emergentes. No sorprende que el Banco Central estĆ© desalentando la compra de LEBACs desde el exterior.
El ordenamiento fiscal necesario para llegar a los niveles de dĆ©ficit establecidos por Prat-Gay tambiĆ©n podrĆa encontrar dificultades si se privilegiara el nivel de actividad antes que las correcciones en el gasto y los impuestos. En el perĆodo reciente ha habido seƱales en este sentido. Luego del fuerte aumento de los precios regulados (electricidad, gas, agua) se anunció que no habrĆ” mĆ”s ajustes y, ademĆ”s, se han lanzado una serie de iniciativas con costo fiscal. Entre ellas, la sanción de la ley para devolver el IVA (hasta 300 pesos mensuales) en las compras de alimentos por jubilados con haber mĆnimo y beneficiarios de planes sociales; asistencia fiscal y financiera a las pymes; reintegro gradual (3% por aƱo) del 15% de coparticipación y aceleración de las licitaciones de obras pĆŗblicas.
Estas medidas se adicionan a las que ya habĆa tomado el gobierno relativas a impuestos, asignación universal por hijo, etc. que tambiĆ©n tienen costo fiscal. Si bien es difĆcil establecer con precisión cuĆ”l serĆ” el impacto final sobre el dĆ©ficit fiscal, las evaluaciones hasta el presente indican que el aproximadamente 1.2% del PBI que se espera ganar con las correcciones tarifarias seguramente se perderĆ” por el financiamiento de las medidas mencionadas, lo que genera dudas respecto del cumplimiento de las metas de dĆ©ficit establecidas.
Lo que surge de lo anterior es que el gobierno se estĆ” tomando el gradualismo muy en serio. Esto ha despertado crĆticas de quienes consideran que para ordenar la macroeconomĆa serĆa mĆ”s efectivo un tratamiento de shock, tanto en el plano fiscal como el monetario. ¿Por quĆ© estĆ” el gobierno optando por un gradualismo de este tipo? Parece razonable argumentar que esas razones hay que buscarlas mĆ”s en la economĆa polĆtica que en el plano estricto de la economĆa. Como el oficialismo no cuenta con mayorĆas en ninguna de las dos cĆ”maras, si una estrategia de shock generara protestas sociales de importancia o una actitud de oposición militante por parte de los gobernadores o los intendentes, la gobernabilidad podrĆa verse afectada. Ya hemos argumentado mĆ”s arriba que fueron razones en primer lugar polĆticas las que llevaron a las autoridades a generar expectativas tan firmes de que el segundo semestre serĆ” mejor.
Desde un punto de vista de economĆa polĆtica, lo que el gobierno estĆ” haciendo es decidir frente a un dilema: ajustar mĆ”s rĆ”pido los desequilibrios macroeconómicos exponiĆ©ndose a problemas de gobernabilidad o ajustar mĆ”s gradualmente pero asumiendo menores riesgos polĆticos. Como dice el adagio ingles, "There is no such thing as a free lunch"; no se puede conseguir algo sin sacrificar algo. Si esto es asĆ, no es correcto discutir la opción shock vs. gradualismo sin evaluar la viabilidad polĆtica y las consecuencias para la gobernabilidad.
Si consideramos que el gobierno ya optó por el gradualismo, lo mÔs interesante desde el punto de vista económico es identificar y evaluar el tipo de riesgos macroeconómicos en que estÔn incurriendo las autoridades y sus estrategias para manejarlos. En relación con esto, pareciera que el gobierno estÔ optando, bÔsicamente, por tratar de encauzar la evolución del corto plazo operando sobre las expectativas de largo plazo. La idea parece ser "ayudar" al corto plazo creando la convicción de que no sólo el semestre que viene sino el "futuro" serÔn mejores económicamente. Esto hasta cierto punto se estÔ reflejando en las encuestas que muestran que la gente contesta que hoy su situación no es buena pero cree que mejorarÔ.
Los riesgos de tratar de "anclar" el corto con el largo plazo tiene varias facetas. El primer riesgo es que las penurias del presente lo hagan ingobernable. Ya dijimos que para esto se estĆ” aplicando el gradualismo. El segundo riesgo deviene del hecho de que el gradualismo hay que financiarlo. El dĆ©ficit fiscal hay que financiarlo hoy. AquĆ aparentemente se recurrirĆ” al financiamiento extraordinario. Para mitigar los efectos fiscales del gradualismo y conseguir financiamiento mĆ”s allĆ” de los canales habituales, se espera que las autoridades lancen un blanqueo con amnistĆa para dólares no declarados que podrĆa mejorar tanto las cuentas fiscales como las externas. AdemĆ”s, para indicar que el financiamiento no serĆ” un problema, el secretario de finanzas Caputo declaró –tratando de estirar el horizonte de las expectativas sobre lo que harĆ” el gobierno– que no se piensa volver al mercado de renta fija hasta 2018 con el objetivo de dejar lugar a empresas y provincias. El tercer riesgo es que las expectativas de inflación se desmadren. Para evitarlo el Banco Central ha estado colocando las tasas de interĆ©s en niveles muy elevados, aunque en los Ćŗltimos dĆas las ha ido reduciendo en algo para comunicar su expectativa de que ve la inflación cayendo. Probablemente, el intento de mayor alcance para anclar las expectativas fue el que dio el presidente del Banco Central al presentar el primer Informe de PolĆtica Monetaria. En el mismo se detalla lo que el gobierno espera que ocurra con la demanda de dinero para lo que resta del aƱo. AdemĆ”s se establecen los objetivos de inflación y la intención de avanzar con la implementación de un rĆ©gimen de metas de inflación. El cuarto riesgo es que el "futuro" de crecimiento no sea finalmente lo que se espera debido a que la evolución de las variables de corto plazo no se alinea con lo que la Argentina necesita para reanimar el crecimiento y, sobre todo, la generación de empleo.
Si esta es la forma en que el gobierno racionaliza sus polĆticas es realmente difĆcil de saber. Entre otras cosas porque no se presentó un programa económico y las medidas se van conociendo de manera sucesiva. Sin embargo, consideramos que esta racionalización ayuda a ordenar el anĆ”lisis. Creemos que es muy Ćŗtil para mostrar las tensiones que aparecen entre la gobernabilidad, la estabilización de corto plazo y la necesidad de retomar el crecimiento. Lo ejemplificamos, a modo de conclusión, con las tensiones que se enfrentarĆ”n para establecer un rĆ©gimen de metas de inflación.
Para establecer un rĆ©gimen de metas de inflación, la polĆtica monetaria debe ser autónomamente manejada por el Banco Central. Esto se debe a que la autoridad monetaria debe poder determinar la tasa de interĆ©s exclusivamente en función de la meta de inflación que se haya establecido. Por supuesto, para que las acciones de la autoridad monetaria sean efectivas las mismas deben estar en condiciones de influir sobre las expectativas del sector privado y, para que ello ocurra, las acciones del Banco Central deben gozar de credibilidad. En lo institucional, un factor clave para lograr esa credibilidad es que el Banco Central sea independiente del Ejecutivo. Sin embargo, con declarar la independencia no alcanza. TambiĆ©n deben estar dadas las condiciones económicas para que esa independencia pueda ser ejercida. Y, en relación con esto, hay dos condiciones económicas necesarias.
La primera se refiere a la no existencia de dominancia fiscal, sea en el presente o en el futuro cercano. Esto es, no debe existir el temor de que la tesorerĆa recurra a la emisión monetaria para financiar el dĆ©ficit fiscal en el presente o el futuro cercano. Para ello el dĆ©ficit fiscal de hoy debe ser financiable sin emisión y, ademĆ”s, la deuda pĆŗblica debe ser sustentable ya que, si el dĆ©ficit es elevado y la emisión se evita aumentando excesivamente la deuda pĆŗblica, Ć©sta podrĆa rĆ”pidamente devenir insostenible.
La segunda condición es no utilizar la polĆtica monetaria para influir de manera sistemĆ”tica sobre el tipo de cambio. El Banco Central podrĆa hacerlo por dos razones que influirĆan de manera diferente sobre la inflación. Por un lado, podrĆa tentarse e inducir bajas en el tipo de cambio nominal pronunciadas para lograr –vĆa pass-through– una reducción mĆ”s rĆ”pida de la inflación. Esto es, podrĆa aumentar marcadamente la tasa de interĆ©s para apurar el ajuste hacia abajo de la inflación. El mercado leerĆa esta acción como poco sostenible porque generarĆa desempleo y atraso cambiario. Por otro lado, de manera opuesta, el Banco Central podrĆa tratar de mantener un tipo de cambio excesivamente depreciado para promover la competitividad. Para lograrlo deberĆa reducir la tasa de interĆ©s, lo cual –de nuevo vĆa pass-through– acelerarĆa la inflación haciendo poco creĆble la meta establecida. AdemĆ”s, para lograr la depreciación deberĆa reducir la tasa de interĆ©s promoviendo el incremento del nivel de actividad, lo que tambiĆ©n empujarĆa la inflación hacia arriba.
¿Cómo se observan las iniciativas del gobierno considerando que desea moverse hacia un rĆ©gimen de metas?
Primero, en lo que hace a la independencia del Banco Central se han dado algunos pasos. En particular, se acordó con hacienda que no se emitirĆan mĆ”s de 160.000 millones para financiar al fisco y el Banco Central ha estado determinando las tasas de interĆ©s. Sin embargo, tambiĆ©n es cierto que, en función de la promesa de que la inflación serĆ” muy inferior en el segundo semestre, la tasa de interĆ©s ha estado en niveles muy elevados y, como se dijo, ello colocó el tipo de cambio nominal en niveles deprimidos en relación a los observados en el perĆodo que siguió a la unificación del cepo. El mercado podrĆa muy bien anticipar que la autoridad se siente muy cómoda con un tipo de cambio que ayude a anclar la inflación. El problema es que, como es fĆ”cil imaginar, una tasa tan alta influye negativamente sobre el empleo en un momento en que el presidente vetó la ley sobre desempleo. En los Ćŗltimos dĆas el Central ha empezado a reducir las tasas. En este contexto, es difĆcil para el mercado elucidar si el Central es o no influido por lo que desea el ejecutivo y esto podrĆa erosionar la credibilidad. El punto mĆ”s general es que en el plano institucional no hay todavĆa independencia.
Segundo, la polĆtica fiscal sigue un curso que hace difĆcil discernir si finalmente serĆ” posible cumplir con la meta de dĆ©ficit que se ha fijado. Hemos visto que esto puede interpretarse en el sentido de que esto ocurre porque el gobierno "debe" lograr un segundo semestre mejor para estar en lĆnea con sus promesas y en función de ello prefiere posponer en algo el ajuste. El gobierno tiene, en relación con esto, un punto muy a favor: no enfrenta problemas de sostenibilidad de deuda pĆŗblica y podrĆa endeudarse en los mercados externos para financiar el dĆ©ficit, aunque las declaraciones de Caputo no van en este sentido, sĆ podrĆan endeudarse las provincias. Un nivel de dĆ©ficit como el actual combinado con tasas de interĆ©s altas como las que paga la argentina podrĆan en el futuro no tan lejano producir situaciones de insostenibilidad de deuda pĆŗblica. Hay que tener en cuenta que lo que importa en la cuenta de la sostenibilidad es la diferencia entre la tasa de interĆ©s de la deuda pĆŗblica y la tasa de crecimiento. Tasas elevadas y crecimiento bajo son una combinación nada deseable.
Si se optara por mantener una polĆtica dura combinada con gradualismo fiscal, habrĆa que tomar en cuenta que una polĆtica monetaria "dura" para bajar la inflación rĆ”pido combinada con una polĆtica fiscal "blanda" para evitar que el nivel de actividad se deteriore tiene efectos deletĆ©reos para el crecimiento.
En suma, aún si el gobierno tuviera muy claro hacia dónde quiere ir en el mediano plazo, para ir en esa dirección, deberÔ sortear un obstÔculo fundamental: los desequilibrios macroeconómicos heredados que presionan en dirección opuesta a la del crecimiento y la creación de empleo. Hoy por hoy, el mayor activo que tiene el gobierno para dar la lucha es la expectativa de los agentes de que el "futuro" serÔ mejor. Un activo frÔgil.
Se puede esperar que la tasa de inflación se retraiga luego de la fuerte aceleración que siguió a las correcciones de precios relativos y que el nivel de actividad se reanime en algo por el efecto de las paritarias sobre el salario real y la reactivación de la obra pĆŗblica. Pero tratar de satisfacer la expectativa creada mĆ”s allĆ” de esto podrĆa poner en peligro otros objetivos de polĆtica que el gobierno habĆa seƱalado como prioritarios. Esto es particularmente asĆ en lo relativo al ajuste fiscal y la recuperación de la competitividad del sector transable.
La competitividad podrĆa sufrir porque el tipo de cambio real ha tendido recientemente a caer. Esto ocurrió porque la inflación se aceleró y el tipo de cambio nominal se retrajo primero y se estancó despuĆ©s, debido a las altas tasas de interĆ©s. Si en el segundo semestre se pone todo el empeƱo en lograr tasas de inflación bien por debajo del 2%, es difĆcil que las autoridades se preocupen demasiado si el tipo de cambio nominal evoluciona por debajo de los precios ya que ello ayudarĆa a suavizar la inflación, sobre todo en un contexto en que los aumentos recientes en combustibles no van a ayudar a reducirla.
El contexto en que se estĆ” produciendo esta trayectoria del tipo de cambio no es propicio para evitar –al menos a corto plazo– una apreciación real. Por un lado, no serĆ” harĆ” fĆ”cil que la inflación se reduzca hasta alinearse con la evolución del tipo de cambio nominal porque las sucesivas paritarias se han firmado bien por encima del 30% y en algunos casos sólo se firmó por seis meses. AdemĆ”s, se incrementó el salario mĆnimo con un aumento a materializarse en tres tramos. Por otro lado, las expectativas sobre las acciones de la Fed han virado suavemente hacia la posibilidad de que haya una corrección alcista en la tasa de los fondos federales. Bajo estas circunstancias, los capitales estĆ”n saliendo del mercado europeo para dirigirse a Estados Unidos y los emergentes. No sorprende que el Banco Central estĆ© desalentando la compra de LEBACs desde el exterior.
El ordenamiento fiscal necesario para llegar a los niveles de dĆ©ficit establecidos por Prat-Gay tambiĆ©n podrĆa encontrar dificultades si se privilegiara el nivel de actividad antes que las correcciones en el gasto y los impuestos. En el perĆodo reciente ha habido seƱales en este sentido. Luego del fuerte aumento de los precios regulados (electricidad, gas, agua) se anunció que no habrĆ” mĆ”s ajustes y, ademĆ”s, se han lanzado una serie de iniciativas con costo fiscal. Entre ellas, la sanción de la ley para devolver el IVA (hasta 300 pesos mensuales) en las compras de alimentos por jubilados con haber mĆnimo y beneficiarios de planes sociales; asistencia fiscal y financiera a las pymes; reintegro gradual (3% por aƱo) del 15% de coparticipación y aceleración de las licitaciones de obras pĆŗblicas.
Estas medidas se adicionan a las que ya habĆa tomado el gobierno relativas a impuestos, asignación universal por hijo, etc. que tambiĆ©n tienen costo fiscal. Si bien es difĆcil establecer con precisión cuĆ”l serĆ” el impacto final sobre el dĆ©ficit fiscal, las evaluaciones hasta el presente indican que el aproximadamente 1.2% del PBI que se espera ganar con las correcciones tarifarias seguramente se perderĆ” por el financiamiento de las medidas mencionadas, lo que genera dudas respecto del cumplimiento de las metas de dĆ©ficit establecidas.
Lo que surge de lo anterior es que el gobierno se estĆ” tomando el gradualismo muy en serio. Esto ha despertado crĆticas de quienes consideran que para ordenar la macroeconomĆa serĆa mĆ”s efectivo un tratamiento de shock, tanto en el plano fiscal como el monetario. ¿Por quĆ© estĆ” el gobierno optando por un gradualismo de este tipo? Parece razonable argumentar que esas razones hay que buscarlas mĆ”s en la economĆa polĆtica que en el plano estricto de la economĆa. Como el oficialismo no cuenta con mayorĆas en ninguna de las dos cĆ”maras, si una estrategia de shock generara protestas sociales de importancia o una actitud de oposición militante por parte de los gobernadores o los intendentes, la gobernabilidad podrĆa verse afectada. Ya hemos argumentado mĆ”s arriba que fueron razones en primer lugar polĆticas las que llevaron a las autoridades a generar expectativas tan firmes de que el segundo semestre serĆ” mejor.
Desde un punto de vista de economĆa polĆtica, lo que el gobierno estĆ” haciendo es decidir frente a un dilema: ajustar mĆ”s rĆ”pido los desequilibrios macroeconómicos exponiĆ©ndose a problemas de gobernabilidad o ajustar mĆ”s gradualmente pero asumiendo menores riesgos polĆticos. Como dice el adagio ingles, "There is no such thing as a free lunch"; no se puede conseguir algo sin sacrificar algo. Si esto es asĆ, no es correcto discutir la opción shock vs. gradualismo sin evaluar la viabilidad polĆtica y las consecuencias para la gobernabilidad.
Si consideramos que el gobierno ya optó por el gradualismo, lo mÔs interesante desde el punto de vista económico es identificar y evaluar el tipo de riesgos macroeconómicos en que estÔn incurriendo las autoridades y sus estrategias para manejarlos. En relación con esto, pareciera que el gobierno estÔ optando, bÔsicamente, por tratar de encauzar la evolución del corto plazo operando sobre las expectativas de largo plazo. La idea parece ser "ayudar" al corto plazo creando la convicción de que no sólo el semestre que viene sino el "futuro" serÔn mejores económicamente. Esto hasta cierto punto se estÔ reflejando en las encuestas que muestran que la gente contesta que hoy su situación no es buena pero cree que mejorarÔ.
Los riesgos de tratar de "anclar" el corto con el largo plazo tiene varias facetas. El primer riesgo es que las penurias del presente lo hagan ingobernable. Ya dijimos que para esto se estĆ” aplicando el gradualismo. El segundo riesgo deviene del hecho de que el gradualismo hay que financiarlo. El dĆ©ficit fiscal hay que financiarlo hoy. AquĆ aparentemente se recurrirĆ” al financiamiento extraordinario. Para mitigar los efectos fiscales del gradualismo y conseguir financiamiento mĆ”s allĆ” de los canales habituales, se espera que las autoridades lancen un blanqueo con amnistĆa para dólares no declarados que podrĆa mejorar tanto las cuentas fiscales como las externas. AdemĆ”s, para indicar que el financiamiento no serĆ” un problema, el secretario de finanzas Caputo declaró –tratando de estirar el horizonte de las expectativas sobre lo que harĆ” el gobierno– que no se piensa volver al mercado de renta fija hasta 2018 con el objetivo de dejar lugar a empresas y provincias. El tercer riesgo es que las expectativas de inflación se desmadren. Para evitarlo el Banco Central ha estado colocando las tasas de interĆ©s en niveles muy elevados, aunque en los Ćŗltimos dĆas las ha ido reduciendo en algo para comunicar su expectativa de que ve la inflación cayendo. Probablemente, el intento de mayor alcance para anclar las expectativas fue el que dio el presidente del Banco Central al presentar el primer Informe de PolĆtica Monetaria. En el mismo se detalla lo que el gobierno espera que ocurra con la demanda de dinero para lo que resta del aƱo. AdemĆ”s se establecen los objetivos de inflación y la intención de avanzar con la implementación de un rĆ©gimen de metas de inflación. El cuarto riesgo es que el "futuro" de crecimiento no sea finalmente lo que se espera debido a que la evolución de las variables de corto plazo no se alinea con lo que la Argentina necesita para reanimar el crecimiento y, sobre todo, la generación de empleo.
Si esta es la forma en que el gobierno racionaliza sus polĆticas es realmente difĆcil de saber. Entre otras cosas porque no se presentó un programa económico y las medidas se van conociendo de manera sucesiva. Sin embargo, consideramos que esta racionalización ayuda a ordenar el anĆ”lisis. Creemos que es muy Ćŗtil para mostrar las tensiones que aparecen entre la gobernabilidad, la estabilización de corto plazo y la necesidad de retomar el crecimiento. Lo ejemplificamos, a modo de conclusión, con las tensiones que se enfrentarĆ”n para establecer un rĆ©gimen de metas de inflación.
Para establecer un rĆ©gimen de metas de inflación, la polĆtica monetaria debe ser autónomamente manejada por el Banco Central. Esto se debe a que la autoridad monetaria debe poder determinar la tasa de interĆ©s exclusivamente en función de la meta de inflación que se haya establecido. Por supuesto, para que las acciones de la autoridad monetaria sean efectivas las mismas deben estar en condiciones de influir sobre las expectativas del sector privado y, para que ello ocurra, las acciones del Banco Central deben gozar de credibilidad. En lo institucional, un factor clave para lograr esa credibilidad es que el Banco Central sea independiente del Ejecutivo. Sin embargo, con declarar la independencia no alcanza. TambiĆ©n deben estar dadas las condiciones económicas para que esa independencia pueda ser ejercida. Y, en relación con esto, hay dos condiciones económicas necesarias.
La primera se refiere a la no existencia de dominancia fiscal, sea en el presente o en el futuro cercano. Esto es, no debe existir el temor de que la tesorerĆa recurra a la emisión monetaria para financiar el dĆ©ficit fiscal en el presente o el futuro cercano. Para ello el dĆ©ficit fiscal de hoy debe ser financiable sin emisión y, ademĆ”s, la deuda pĆŗblica debe ser sustentable ya que, si el dĆ©ficit es elevado y la emisión se evita aumentando excesivamente la deuda pĆŗblica, Ć©sta podrĆa rĆ”pidamente devenir insostenible.
La segunda condición es no utilizar la polĆtica monetaria para influir de manera sistemĆ”tica sobre el tipo de cambio. El Banco Central podrĆa hacerlo por dos razones que influirĆan de manera diferente sobre la inflación. Por un lado, podrĆa tentarse e inducir bajas en el tipo de cambio nominal pronunciadas para lograr –vĆa pass-through– una reducción mĆ”s rĆ”pida de la inflación. Esto es, podrĆa aumentar marcadamente la tasa de interĆ©s para apurar el ajuste hacia abajo de la inflación. El mercado leerĆa esta acción como poco sostenible porque generarĆa desempleo y atraso cambiario. Por otro lado, de manera opuesta, el Banco Central podrĆa tratar de mantener un tipo de cambio excesivamente depreciado para promover la competitividad. Para lograrlo deberĆa reducir la tasa de interĆ©s, lo cual –de nuevo vĆa pass-through– acelerarĆa la inflación haciendo poco creĆble la meta establecida. AdemĆ”s, para lograr la depreciación deberĆa reducir la tasa de interĆ©s promoviendo el incremento del nivel de actividad, lo que tambiĆ©n empujarĆa la inflación hacia arriba.
¿Cómo se observan las iniciativas del gobierno considerando que desea moverse hacia un rĆ©gimen de metas?
Primero, en lo que hace a la independencia del Banco Central se han dado algunos pasos. En particular, se acordó con hacienda que no se emitirĆan mĆ”s de 160.000 millones para financiar al fisco y el Banco Central ha estado determinando las tasas de interĆ©s. Sin embargo, tambiĆ©n es cierto que, en función de la promesa de que la inflación serĆ” muy inferior en el segundo semestre, la tasa de interĆ©s ha estado en niveles muy elevados y, como se dijo, ello colocó el tipo de cambio nominal en niveles deprimidos en relación a los observados en el perĆodo que siguió a la unificación del cepo. El mercado podrĆa muy bien anticipar que la autoridad se siente muy cómoda con un tipo de cambio que ayude a anclar la inflación. El problema es que, como es fĆ”cil imaginar, una tasa tan alta influye negativamente sobre el empleo en un momento en que el presidente vetó la ley sobre desempleo. En los Ćŗltimos dĆas el Central ha empezado a reducir las tasas. En este contexto, es difĆcil para el mercado elucidar si el Central es o no influido por lo que desea el ejecutivo y esto podrĆa erosionar la credibilidad. El punto mĆ”s general es que en el plano institucional no hay todavĆa independencia.
Segundo, la polĆtica fiscal sigue un curso que hace difĆcil discernir si finalmente serĆ” posible cumplir con la meta de dĆ©ficit que se ha fijado. Hemos visto que esto puede interpretarse en el sentido de que esto ocurre porque el gobierno "debe" lograr un segundo semestre mejor para estar en lĆnea con sus promesas y en función de ello prefiere posponer en algo el ajuste. El gobierno tiene, en relación con esto, un punto muy a favor: no enfrenta problemas de sostenibilidad de deuda pĆŗblica y podrĆa endeudarse en los mercados externos para financiar el dĆ©ficit, aunque las declaraciones de Caputo no van en este sentido, sĆ podrĆan endeudarse las provincias. Un nivel de dĆ©ficit como el actual combinado con tasas de interĆ©s altas como las que paga la argentina podrĆan en el futuro no tan lejano producir situaciones de insostenibilidad de deuda pĆŗblica. Hay que tener en cuenta que lo que importa en la cuenta de la sostenibilidad es la diferencia entre la tasa de interĆ©s de la deuda pĆŗblica y la tasa de crecimiento. Tasas elevadas y crecimiento bajo son una combinación nada deseable.
Si se optara por mantener una polĆtica dura combinada con gradualismo fiscal, habrĆa que tomar en cuenta que una polĆtica monetaria "dura" para bajar la inflación rĆ”pido combinada con una polĆtica fiscal "blanda" para evitar que el nivel de actividad se deteriore tiene efectos deletĆ©reos para el crecimiento.
En suma, aún si el gobierno tuviera muy claro hacia dónde quiere ir en el mediano plazo, para ir en esa dirección, deberÔ sortear un obstÔculo fundamental: los desequilibrios macroeconómicos heredados que presionan en dirección opuesta a la del crecimiento y la creación de empleo. Hoy por hoy, el mayor activo que tiene el gobierno para dar la lucha es la expectativa de los agentes de que el "futuro" serÔ mejor. Un activo frÔgil.
