
El equipo estĆ” subiendo por 2Āŗ vez al Campamento 1, para quedarse un par de jornadas aclimatando a la altura (6.150 ms), y luego retornar al Campo Base (5.300 mts). Distinatas cancelaciones de vuelos (tema volcĆ”n Islandia) hicieron que el director de la Expedición Francisco Minieri Saint-BĆ©at finalmente viajara el lunes a la noche, vĆa Miami - Katmandu. Se calcula que para fin de mes, estarĆ”n todos reunidos en el Campamento Base. El reporte de Alvar Puente. 19/4/2010 - REPORTE CAMPO BASE y CAMPAMENTO 1 – 6.150 MTS – (DĆas 26)
Escribe Alvar Puente
Periche parece el Ćŗltimo bastión de la civilización en el valle del Khumbu, a partir de este pequeƱo pueblito las laderas de las montaƱas se van acercando paulatinamente unas a otras conformando lo que es un clĆ”sico valle glaciar en U. Los kilómetros van quedando atrĆ”s y los metros se van haciendo sentir en la respiración agitada, el proceso de aclimatación es una lenta transformación del cuerpo y del espĆritu, nada se parece en la vida cotidiana a estar sometido a la carencia de oxigeno por tiempo prolongado, desde el mĆ”s sencillo acto de agacharse para atarse los cordones se puede convertir en una tarea opresiva para los pulmones y vacilante para la cabeza, con lo que la concentración es una mĆ”s de las consignas a tener en cuenta durante el acercamiento.
Acometemos la ladera este de lo que ya representa el macizo del Everest y despuĆ©s de un par de horas de ascenso llegamos al caserĆo de Dhukla en donde tras una hidratación dilatada nos enfrentamos a una cuesta morrĆØnica de unos 200 mts de desnivel, la primer muestra concreta del tamaƱo de este gran coloso que es el Chomolugma, la morrena frontal no sólo es descomunal sino que tambiĆ©n presenta piedras del tamaƱo de containers portuarios, sino mĆ”s… La caravana, que a esta altura sigue compartiendo a las expediciones y a los grupos de trekking que van hasta el base, es interminable y bajo los rayos del torturante sol por momentos el acercamiento a Logbuche se hace costoso. La tarde avanza y con la caĆda del sol llega el frio profundo, solo combatible desde las plumas de las espesas bolsas de dormir, en los hostels la Ćŗnica calefacción es una estufa en el centro del comedor, donde posteriormente sherpas y porteadores armaran sus jergones para pasar la noche, mientras las habitaciones son gĆ©lidas estancias de piedra que ayudan a dar una idea de lo que serĆ”n las noches en el campo base y en los campamentos superiores.
La fresca maƱana trae el escenario nuevo de cielos diĆ”fanos y nuevas vertientes y aristas de gigantescas montaƱas que hasta ahora sólo reconocĆamos en relatos himalayescos, en este caso es la arista sudeste del Nupse, cumbre inferior del macizo del Everest, que por pocos metros no se convierte en uno mĆ”s de los ochomiles, la que atrae nuestras miradas y nuestras ilusiones; sabemos que del otro lado de esta inescalada cresta nos espera la tan famosa y temida cascada del Khumbu, escollo inevitable de la ruta por el collado sur a la cima del mundo.
Caminamos por escasas horas sobre la morrena lateral del Khumbu, que ya entre las piedras va mostrando sus primeros hielos, hasta llegar a nuestro nuevo destino y Ćŗltimo antes de llagar al base, el caserĆo de Gorak Shep en la base del Pumori a 5200 msnm. La comodidad de los alojamientos previos ya muestra la incomodidad de vivir y de construir a esta altura del valle. Escaso confort pero como siempre con muchĆsima hospitalidad nos reciben a nosotros y a otras alrededor de 50 personas, almuerzo liviano y sin dilación actividad de aclimatación subiendo al mirador del Khalapathar, hombro a 5600 msnm camino al campo uno de la arista sur del imponente Pumori. El viento arrecia y con Ć©l el frio que en esta latitudes puede convertirse en un odioso enemigo que junto con la carencia de oxigeno hace de un placentero paseo un agónico calvario. Fotos de rigor, filmaciones para mostrar en casa que seguimos enteros y adelante y entre mate y mate hacemos pasar las horas antes de irnos a dormir con la excitación de la llegada al base en la próxima jornada.
Los Ćŗltimos kms son intrincados y complejos, el sendero es angosto y los cuellos de botella se suceden entre caminantes, porteadores y yaks. Ya desde lejos se van viendo los vivos colores de las decenas de carpas que atestan el campo base; habĆamos tenido la oportunidad de observar desde el Khalapathar la pequeƱa ciudad de aluminio y tela que se desperdiga en la margen occidental del glaciar del Khumbu, por lo que llegar a ella no resultó tan impactante aunque no deja de ser impresionante. Decenas de carpas y tiendas cocina y comedor se desparraman entre espolones de hielo, lagunas congeladas y arroyos sumidero del glaciar. Una pequeƱa ciudad estacional que ebulle durante los 3 meses previos al monzón y que desaparece aƱo tras aƱo dejando atrĆ”s algo de basura, centenares de plataformas talladas por el hombre que con el avance del hielo desaparecerĆ”n hasta la nueva arremetida, y por sobre todo deja en este angosto valle las esperanzas y las alegrĆas de cientos de escaladores que lo dejan todo por llegar a la cima del mundo.
Callejuelas talladas en el hielo entre plataformas y tiendas nos van llevando al pie de la cascada Khumbu, donde se encuentra nuestro campamento, bien al fondo del base. El idioma de rigor es el ingles y abundan los saludos de cortesĆa, desconocemos el lugar de origen del resto de las expediciones, de seguro que tendremos tiempo de sobra de sociabilizar. Desensillar se hace mĆ”s fĆ”cil de lo esperado ya que los sherpas han instalado ya nuestras carpas, por lo que sòlo nos queda ayudar en la instalación de los baƱos y el mejoramiento de los caminitos dentro del campamento. Todos damos la espalda a la inquietante cascada, necesitamos tiempo para sobreponernos a su impactante presencia, durante las primeras horas espero ansioso, a modo de test, que alguno de los chicos haga algĆŗn comentario al respecto, el silencio es de tumba, se lo atribuyo a la aclimatación no sólo a la altura sino a la presencia del coloso, del sueƱo, del ansiado objetivo desde hace casi dos aƱos, con su principal escollo, los seracs del Khumbu.
Las jornadas se suceden entre reinstalaciones en el campamento, tensión de sobretechos, electrónica de paneles solares, cables, movimiento de piedras, comidas opĆparas y largas charlas sobre lo que se viene en los próximos dĆas. No hay forma de abstraerse de la presencia del Everest, aunque no podamos ver la cumbre, tanto las avalanchas de nieve como de hielo y piedras se suceden con el paso de las horas recordando que los riesgos son reales y que de nuestra estrategia y de nuestra agilidad a la hora de superar la cascada de seracs va a depender buena parte del Ć©xito de la expedición.
A la caĆda del sol nada hay que hacer respecto del violento frĆo, se zambulle de los mĆ”s que soportables 10Āŗ C a los torturantes -15 que escarchan hasta el tĆ© dentro de los termos en el interior de las carpas. Los rituales a la hora de irse a dormir dentro de la tienda de campaƱa distan bastante de los habituales en nuestra lejana Patagonia, meterse en la bolsa de dormir demora unos minutos, levantar la temperatura es crucial y entramos todos vestidos hasta que el plumón de la bolsa toma temperatura y podemos comenzar a sacarnos capas. Durante el dĆa el sol es atesorado minuto a minuto, rara vez se sufre de calor pero se disfruta.
El 12de abril nos encuentra bastante instalados y a la espera de la Puja, una ceremonia budista por la que ya pasamos en Pangboche, en este caso con un lama distinto y con tintes mĆ”s festivos, en la que se bendice el material de escalada, a los sherpas y a todos aquellos que pretendan ir a la cumbre, sin esta ceremonia nadie de nuestra expedición debe salir hacia el campamento 1, los dioses no lo aprueban, lo que podrĆa traer mala suerte a todo el campamento. Frente a la cascada el lama entona canticos, el tambor retumba, el TĆ© nepalĆ circula y las horas pasan, llega el mediodĆa y al finalizar la ceremonia comienza el festejo junto con los sherpas, la cerveza corre y finalmente los bailes tradicionales nos unen en un solo canto aderezado con un brebaje local llamado CHA, altamente alcohólico, mezcla de fermento de harina de trigo con fermento de arroz; el dolor de cabeza y el malestar no se hacen esperar y la tarde nos encuentra cansados y en algunos casos hasta descompuestos. Sin embargo el intercambio cultural y de tradiciones dejan un sabor dulce y el agregado de tener la venia de los Dioses para encarar la siguiente etapa de la expedición, subir a los campamentos superiores, aporta tranquilidad al grupo, principalmente a los lugareƱos.
Las prĆ”cticas en la parte inferior de la cascada son acotadas pero sumamente Ćŗtiles, sabemos que la aclimatación se mezclarĆ” con el apremio de superar los 700 mts de desnivel y de riesgo de caĆda de seracs, por lo que maniobrar con agilidad en las cuerdas fijas y las escaleras de aluminio es crucial. Los doctores de la cascada, experimentados sherpas, definen una lĆnea que atraviesa los peligros de este afamado glaciar del Khumbu, sorteando grietas y verticales paredones con rudimentos de cuerdas y escaleras de aluminio.
Finalmente el dĆa 14 planeamos nuestro primer asalto a la cascada de seracs, el horario elegido es a las 4 de la maƱana, el clima lo impide y como en la noche anterior un manto de nieve fresca cubre el campamento, acompaƱado de un arreciante viento que hace que posterguemos la partida para las 9 de la maƱana, con la intención de comenzar el reconocimiento de la ruta, a sabiendas que se nos harĆ” imposible superar la cascada en toda su extensión. Pasamos largas horas caracoleando por entre gigantescos y amenazantes bloques de hielo, recorremos un tercio de la distancia que nos separa del campo 1 y justo antes del comienzo de una zona mĆ”s escabrosa detenemos la marcha, hidratamos y picoteamos algo y emprendemos el regreso al campamento. Si el clima lo permite encararemos nuevamente a eso de las 4 de la maƱana del dĆa siguiente la ruta hacia al campo 1. Tarde de descanso y de planificación. La noche nos encuentra viendo una pelĆcula en una de las computadoras, un placer de sibaritas que forma parte de una expedición de 2 meses en la que el presupuesto permite portear objetos que por momentos parecen banales en la montaƱa pero que en Ć©sta en particular estĆ”n permitidos.
Madrugamos nuevamente y en esta ocasión los cortantes -18Āŗ nos reciben con un despejado cielo que indica que en una hora mĆ”s hemos de partir hacia los 6150msnm del campo 1. Ya se ven las luces de las linternas de los sherpas, incansables trabajadores del Khumbu, que transitan la cascada en dirección al campo 2, nosotros por nuestra parte nos tomamos nuestro tiempo para desayunar abundantemente y a eso de las 4 de la maƱana arrancamos con nuestras botas triples, abrigo de duvet, crampones, piquetas, arneses y demĆ”s objetos que nos permitan alcanzar nuestro objetivo de la jornada. El frĆo arrecia y asusta, el aire escasea y la combinación de ambos castiga la garganta hasta hacernos toser convulsivamente.
Arrancamos todos juntos a un ritmo cansino, poniendo a prueba nuestros pulmones y nuestro corazón; lentamente y con un esfuerzo regulado vamos ganando altura en la tortuosa cascada, sherpas de otras expediciones van entremezclĆ”ndose entre nosotros y el grupo va disgregĆ”ndose, a medida que se sube y nos acercamos al amanecer los dedos se van entumeciendo cada vez mĆ”s a la espera del ansiado sol. Las dificultades parecen desaparecer en el tramo mĆ”s empinado de la cascada; las escaleras mĆ”s largas y estremecedoras llegan a una esperada planicie, aunque nada mĆ”s lejos del deseo de que se termine lo tĆ©cnico. La inclinación del terreno disminuye pero no terminan las dificultades, seguimos avanzando por un mar de grietas, los seracs se hacen cada vez mĆ”s esporĆ”dicos pero el riesgo no desaparece. Finalmente el sol hace acto de presencia y el Ć”nimo cambia lo mismo que cambia el terreno, comienza a aplanarse paulatinamente y despuĆ©s de media hora de caracolear por el plano vemos las carpas del campo 1. Durante la espera del disgregado grupo aprovechamos a probar los jet-boil, calentadores de alto rendimiento, que no parecen sentir los mĆ”s de 6000 msnm y que en escasos momentos llevan el agua a la temperatura justa para los primeros mates de este campamento. La vista se llena de montaƱas nuevamente, la arista norte del Nupse destaca a nuestra derecha, al fondo del valle glacial en el que estamos vemos pronunciado el Lhotse y asoma tras un filo a nuestra izquierda el tan ansiado Everest. El sol calienta los cuerpos y el espĆritu, y lentamente el grupo se reĆŗne en el plano de acumulación del glaciar del Khumbu. Filmaciones, fotos, mates y conversaciones sirven para pasar las horas que sabemos nos ayudarĆ”n a la hora de aclimatar antes de bajar nuevamente al base. La violencia del sol y los paradójicos mĆ”s de 30Āŗ de temperatura hacen que temamos lo peor en cuanto a la seguridad de la cascada y aceleramos el ritmo de bajada con lo que cada uno hace de su camino hacia abajo una carrera por no verse enredado en ningĆŗn incómodo evento, a mitad de camino nos encontramos con los “Doctores de la cascada” que estĆ”n trazando una sección nueva ya que en el transcurso de la maƱana se han desmoronado mĆ”s de 300 mts del camino original, por suerte sin vĆctimas que lamentar. El base nos recibe con el pico de mĆ”ximo calor, el cansancio es generalizado y la tarde nos permite unas horas de relajo antes de que la temperatura se zambulla al atardecer trayendo una nueva nevada. La actividad social de la tarde es una presentación de fotografĆas comparativas sobre el retroceso de los glaciares en el Himalaya a causa del calentamiento global presentada por David Breashears de la Asian Society . Las horas van pasando y las conversaciones hacen que olvidemos que nos hemos levantado hace mĆ”s de 20 hs y ya pasados de vueltas nos vamos a dormir con la satisfacción subconsciente de haber alcanzado el campo 1 del Everest y haber vuelto sin mayores consecuencias.
El sol matutino en nuestra jornada de descanso es un premio sublime a las mĆ”s de 11 hs de esfuerzo del dĆa anterior en la cascada a 6000 mts. Tocan tareas del hogar y entre lavanderĆa, y orden en la carpa comedor se van pasando los minutos; finalmente instalamos los paneles solares y los 12 voltios se van almacenando en las baterĆas, hasta que el ciclo habitual aquĆ en el valle del Khumbu hace presencia, la tarde se nubla y una ligera nevada cubre el Campo Base obligĆ”ndonos a recluirnos en la carpa comedor, otra jornada mĆ”s finaliza en la base del Chomolugma.
Enviado por Gustavo Andrade
Coordinador de Contenidos
Acaxa Argentina Srl
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Media & Sponsor de la Expedición
Escribe Alvar Puente
Periche parece el Ćŗltimo bastión de la civilización en el valle del Khumbu, a partir de este pequeƱo pueblito las laderas de las montaƱas se van acercando paulatinamente unas a otras conformando lo que es un clĆ”sico valle glaciar en U. Los kilómetros van quedando atrĆ”s y los metros se van haciendo sentir en la respiración agitada, el proceso de aclimatación es una lenta transformación del cuerpo y del espĆritu, nada se parece en la vida cotidiana a estar sometido a la carencia de oxigeno por tiempo prolongado, desde el mĆ”s sencillo acto de agacharse para atarse los cordones se puede convertir en una tarea opresiva para los pulmones y vacilante para la cabeza, con lo que la concentración es una mĆ”s de las consignas a tener en cuenta durante el acercamiento.
Acometemos la ladera este de lo que ya representa el macizo del Everest y despuĆ©s de un par de horas de ascenso llegamos al caserĆo de Dhukla en donde tras una hidratación dilatada nos enfrentamos a una cuesta morrĆØnica de unos 200 mts de desnivel, la primer muestra concreta del tamaƱo de este gran coloso que es el Chomolugma, la morrena frontal no sólo es descomunal sino que tambiĆ©n presenta piedras del tamaƱo de containers portuarios, sino mĆ”s… La caravana, que a esta altura sigue compartiendo a las expediciones y a los grupos de trekking que van hasta el base, es interminable y bajo los rayos del torturante sol por momentos el acercamiento a Logbuche se hace costoso. La tarde avanza y con la caĆda del sol llega el frio profundo, solo combatible desde las plumas de las espesas bolsas de dormir, en los hostels la Ćŗnica calefacción es una estufa en el centro del comedor, donde posteriormente sherpas y porteadores armaran sus jergones para pasar la noche, mientras las habitaciones son gĆ©lidas estancias de piedra que ayudan a dar una idea de lo que serĆ”n las noches en el campo base y en los campamentos superiores.
La fresca maƱana trae el escenario nuevo de cielos diĆ”fanos y nuevas vertientes y aristas de gigantescas montaƱas que hasta ahora sólo reconocĆamos en relatos himalayescos, en este caso es la arista sudeste del Nupse, cumbre inferior del macizo del Everest, que por pocos metros no se convierte en uno mĆ”s de los ochomiles, la que atrae nuestras miradas y nuestras ilusiones; sabemos que del otro lado de esta inescalada cresta nos espera la tan famosa y temida cascada del Khumbu, escollo inevitable de la ruta por el collado sur a la cima del mundo.
Caminamos por escasas horas sobre la morrena lateral del Khumbu, que ya entre las piedras va mostrando sus primeros hielos, hasta llegar a nuestro nuevo destino y Ćŗltimo antes de llagar al base, el caserĆo de Gorak Shep en la base del Pumori a 5200 msnm. La comodidad de los alojamientos previos ya muestra la incomodidad de vivir y de construir a esta altura del valle. Escaso confort pero como siempre con muchĆsima hospitalidad nos reciben a nosotros y a otras alrededor de 50 personas, almuerzo liviano y sin dilación actividad de aclimatación subiendo al mirador del Khalapathar, hombro a 5600 msnm camino al campo uno de la arista sur del imponente Pumori. El viento arrecia y con Ć©l el frio que en esta latitudes puede convertirse en un odioso enemigo que junto con la carencia de oxigeno hace de un placentero paseo un agónico calvario. Fotos de rigor, filmaciones para mostrar en casa que seguimos enteros y adelante y entre mate y mate hacemos pasar las horas antes de irnos a dormir con la excitación de la llegada al base en la próxima jornada.
Los Ćŗltimos kms son intrincados y complejos, el sendero es angosto y los cuellos de botella se suceden entre caminantes, porteadores y yaks. Ya desde lejos se van viendo los vivos colores de las decenas de carpas que atestan el campo base; habĆamos tenido la oportunidad de observar desde el Khalapathar la pequeƱa ciudad de aluminio y tela que se desperdiga en la margen occidental del glaciar del Khumbu, por lo que llegar a ella no resultó tan impactante aunque no deja de ser impresionante. Decenas de carpas y tiendas cocina y comedor se desparraman entre espolones de hielo, lagunas congeladas y arroyos sumidero del glaciar. Una pequeƱa ciudad estacional que ebulle durante los 3 meses previos al monzón y que desaparece aƱo tras aƱo dejando atrĆ”s algo de basura, centenares de plataformas talladas por el hombre que con el avance del hielo desaparecerĆ”n hasta la nueva arremetida, y por sobre todo deja en este angosto valle las esperanzas y las alegrĆas de cientos de escaladores que lo dejan todo por llegar a la cima del mundo.
Callejuelas talladas en el hielo entre plataformas y tiendas nos van llevando al pie de la cascada Khumbu, donde se encuentra nuestro campamento, bien al fondo del base. El idioma de rigor es el ingles y abundan los saludos de cortesĆa, desconocemos el lugar de origen del resto de las expediciones, de seguro que tendremos tiempo de sobra de sociabilizar. Desensillar se hace mĆ”s fĆ”cil de lo esperado ya que los sherpas han instalado ya nuestras carpas, por lo que sòlo nos queda ayudar en la instalación de los baƱos y el mejoramiento de los caminitos dentro del campamento. Todos damos la espalda a la inquietante cascada, necesitamos tiempo para sobreponernos a su impactante presencia, durante las primeras horas espero ansioso, a modo de test, que alguno de los chicos haga algĆŗn comentario al respecto, el silencio es de tumba, se lo atribuyo a la aclimatación no sólo a la altura sino a la presencia del coloso, del sueƱo, del ansiado objetivo desde hace casi dos aƱos, con su principal escollo, los seracs del Khumbu.
Las jornadas se suceden entre reinstalaciones en el campamento, tensión de sobretechos, electrónica de paneles solares, cables, movimiento de piedras, comidas opĆparas y largas charlas sobre lo que se viene en los próximos dĆas. No hay forma de abstraerse de la presencia del Everest, aunque no podamos ver la cumbre, tanto las avalanchas de nieve como de hielo y piedras se suceden con el paso de las horas recordando que los riesgos son reales y que de nuestra estrategia y de nuestra agilidad a la hora de superar la cascada de seracs va a depender buena parte del Ć©xito de la expedición.
A la caĆda del sol nada hay que hacer respecto del violento frĆo, se zambulle de los mĆ”s que soportables 10Āŗ C a los torturantes -15 que escarchan hasta el tĆ© dentro de los termos en el interior de las carpas. Los rituales a la hora de irse a dormir dentro de la tienda de campaƱa distan bastante de los habituales en nuestra lejana Patagonia, meterse en la bolsa de dormir demora unos minutos, levantar la temperatura es crucial y entramos todos vestidos hasta que el plumón de la bolsa toma temperatura y podemos comenzar a sacarnos capas. Durante el dĆa el sol es atesorado minuto a minuto, rara vez se sufre de calor pero se disfruta.
El 12de abril nos encuentra bastante instalados y a la espera de la Puja, una ceremonia budista por la que ya pasamos en Pangboche, en este caso con un lama distinto y con tintes mĆ”s festivos, en la que se bendice el material de escalada, a los sherpas y a todos aquellos que pretendan ir a la cumbre, sin esta ceremonia nadie de nuestra expedición debe salir hacia el campamento 1, los dioses no lo aprueban, lo que podrĆa traer mala suerte a todo el campamento. Frente a la cascada el lama entona canticos, el tambor retumba, el TĆ© nepalĆ circula y las horas pasan, llega el mediodĆa y al finalizar la ceremonia comienza el festejo junto con los sherpas, la cerveza corre y finalmente los bailes tradicionales nos unen en un solo canto aderezado con un brebaje local llamado CHA, altamente alcohólico, mezcla de fermento de harina de trigo con fermento de arroz; el dolor de cabeza y el malestar no se hacen esperar y la tarde nos encuentra cansados y en algunos casos hasta descompuestos. Sin embargo el intercambio cultural y de tradiciones dejan un sabor dulce y el agregado de tener la venia de los Dioses para encarar la siguiente etapa de la expedición, subir a los campamentos superiores, aporta tranquilidad al grupo, principalmente a los lugareƱos.
Las prĆ”cticas en la parte inferior de la cascada son acotadas pero sumamente Ćŗtiles, sabemos que la aclimatación se mezclarĆ” con el apremio de superar los 700 mts de desnivel y de riesgo de caĆda de seracs, por lo que maniobrar con agilidad en las cuerdas fijas y las escaleras de aluminio es crucial. Los doctores de la cascada, experimentados sherpas, definen una lĆnea que atraviesa los peligros de este afamado glaciar del Khumbu, sorteando grietas y verticales paredones con rudimentos de cuerdas y escaleras de aluminio.
Finalmente el dĆa 14 planeamos nuestro primer asalto a la cascada de seracs, el horario elegido es a las 4 de la maƱana, el clima lo impide y como en la noche anterior un manto de nieve fresca cubre el campamento, acompaƱado de un arreciante viento que hace que posterguemos la partida para las 9 de la maƱana, con la intención de comenzar el reconocimiento de la ruta, a sabiendas que se nos harĆ” imposible superar la cascada en toda su extensión. Pasamos largas horas caracoleando por entre gigantescos y amenazantes bloques de hielo, recorremos un tercio de la distancia que nos separa del campo 1 y justo antes del comienzo de una zona mĆ”s escabrosa detenemos la marcha, hidratamos y picoteamos algo y emprendemos el regreso al campamento. Si el clima lo permite encararemos nuevamente a eso de las 4 de la maƱana del dĆa siguiente la ruta hacia al campo 1. Tarde de descanso y de planificación. La noche nos encuentra viendo una pelĆcula en una de las computadoras, un placer de sibaritas que forma parte de una expedición de 2 meses en la que el presupuesto permite portear objetos que por momentos parecen banales en la montaƱa pero que en Ć©sta en particular estĆ”n permitidos.
Madrugamos nuevamente y en esta ocasión los cortantes -18Āŗ nos reciben con un despejado cielo que indica que en una hora mĆ”s hemos de partir hacia los 6150msnm del campo 1. Ya se ven las luces de las linternas de los sherpas, incansables trabajadores del Khumbu, que transitan la cascada en dirección al campo 2, nosotros por nuestra parte nos tomamos nuestro tiempo para desayunar abundantemente y a eso de las 4 de la maƱana arrancamos con nuestras botas triples, abrigo de duvet, crampones, piquetas, arneses y demĆ”s objetos que nos permitan alcanzar nuestro objetivo de la jornada. El frĆo arrecia y asusta, el aire escasea y la combinación de ambos castiga la garganta hasta hacernos toser convulsivamente.
Arrancamos todos juntos a un ritmo cansino, poniendo a prueba nuestros pulmones y nuestro corazón; lentamente y con un esfuerzo regulado vamos ganando altura en la tortuosa cascada, sherpas de otras expediciones van entremezclĆ”ndose entre nosotros y el grupo va disgregĆ”ndose, a medida que se sube y nos acercamos al amanecer los dedos se van entumeciendo cada vez mĆ”s a la espera del ansiado sol. Las dificultades parecen desaparecer en el tramo mĆ”s empinado de la cascada; las escaleras mĆ”s largas y estremecedoras llegan a una esperada planicie, aunque nada mĆ”s lejos del deseo de que se termine lo tĆ©cnico. La inclinación del terreno disminuye pero no terminan las dificultades, seguimos avanzando por un mar de grietas, los seracs se hacen cada vez mĆ”s esporĆ”dicos pero el riesgo no desaparece. Finalmente el sol hace acto de presencia y el Ć”nimo cambia lo mismo que cambia el terreno, comienza a aplanarse paulatinamente y despuĆ©s de media hora de caracolear por el plano vemos las carpas del campo 1. Durante la espera del disgregado grupo aprovechamos a probar los jet-boil, calentadores de alto rendimiento, que no parecen sentir los mĆ”s de 6000 msnm y que en escasos momentos llevan el agua a la temperatura justa para los primeros mates de este campamento. La vista se llena de montaƱas nuevamente, la arista norte del Nupse destaca a nuestra derecha, al fondo del valle glacial en el que estamos vemos pronunciado el Lhotse y asoma tras un filo a nuestra izquierda el tan ansiado Everest. El sol calienta los cuerpos y el espĆritu, y lentamente el grupo se reĆŗne en el plano de acumulación del glaciar del Khumbu. Filmaciones, fotos, mates y conversaciones sirven para pasar las horas que sabemos nos ayudarĆ”n a la hora de aclimatar antes de bajar nuevamente al base. La violencia del sol y los paradójicos mĆ”s de 30Āŗ de temperatura hacen que temamos lo peor en cuanto a la seguridad de la cascada y aceleramos el ritmo de bajada con lo que cada uno hace de su camino hacia abajo una carrera por no verse enredado en ningĆŗn incómodo evento, a mitad de camino nos encontramos con los “Doctores de la cascada” que estĆ”n trazando una sección nueva ya que en el transcurso de la maƱana se han desmoronado mĆ”s de 300 mts del camino original, por suerte sin vĆctimas que lamentar. El base nos recibe con el pico de mĆ”ximo calor, el cansancio es generalizado y la tarde nos permite unas horas de relajo antes de que la temperatura se zambulla al atardecer trayendo una nueva nevada. La actividad social de la tarde es una presentación de fotografĆas comparativas sobre el retroceso de los glaciares en el Himalaya a causa del calentamiento global presentada por David Breashears de la Asian Society . Las horas van pasando y las conversaciones hacen que olvidemos que nos hemos levantado hace mĆ”s de 20 hs y ya pasados de vueltas nos vamos a dormir con la satisfacción subconsciente de haber alcanzado el campo 1 del Everest y haber vuelto sin mayores consecuencias.
El sol matutino en nuestra jornada de descanso es un premio sublime a las mĆ”s de 11 hs de esfuerzo del dĆa anterior en la cascada a 6000 mts. Tocan tareas del hogar y entre lavanderĆa, y orden en la carpa comedor se van pasando los minutos; finalmente instalamos los paneles solares y los 12 voltios se van almacenando en las baterĆas, hasta que el ciclo habitual aquĆ en el valle del Khumbu hace presencia, la tarde se nubla y una ligera nevada cubre el Campo Base obligĆ”ndonos a recluirnos en la carpa comedor, otra jornada mĆ”s finaliza en la base del Chomolugma.
Enviado por Gustavo Andrade
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