La muerte de Kirchner puede modificar procesos de construcción polĆtica que estaban en marcha en NeuquĆ©n. La ansiedad que eso despierta sólo podrĆ” ser satisfecha en la medida que se confirmen conductas y decisiones que tomarĆ” Cristina FernĆ”ndez. AquĆ, un breve panorama de cómo estĆ”n las cosas.
Es formidable la ansiedad polĆtica que ha instalado en la región –como parte de un paĆs igualmente ansioso- la muerte de NĆ©stor Kirchner.
Tal vez no valga la pena redundar en esta caracterĆstica de la hora, que sólo abre la posibilidad de la especulación, del razonamiento en función de los pocos elementos con los que se cuenta, para avizorar quĆ© proceso devendrĆ” tras la desaparición del hombre que absorbió casi totalmente el protagonismo polĆtico argentino durante siete aƱos.
Lo primero que habrĆa que entender es que rara vez ocurre algo tan fuerte que es capaz de torcer drĆ”sticamente el rumbo de un proceso polĆtico, social, y económico, sea este el que sea. La muerte de Kirchner, mĆ”s allĆ” de las connotaciones mĆticas que se le han atribuido, no parece ser un hecho tan importante que por sĆ mismo cambie la realidad argentina instantĆ”neamente.
SĆ es posible que modifique sustancialmente las construcciones polĆticas que se estaban fraguando para enfrentar las elecciones del aƱo próximo. Y a partir de esa posibilidad, es tambiĆ©n posible que se abra un nuevo horizonte de expectativas, y que esas expectativas terminen por modificar el rumbo de la economĆa, la polĆtica y la sociedad.
En NeuquĆ©n, ahora todos esperan a la presidenta Cristina FernĆ”ndez. Es necesario saber si la mandataria asume la conducción polĆtica que dejó huĆ©rfana su marido. MĆ”s concretamente, saber quĆ© pasarĆ” con algunos pactos ya establecidos, y otros que estaban por establecerse. Todos aspectos de un esquema muy complicado, que se sintetizaba en Kirchner y su habilidad estratĆ©gica para construir polĆtica territorial.
La ansiedad trabaja en estas horas especialmente en tres fuerzas polĆticas: el MPN, el PJ y la UCR. En el primero, los protagonistas presuntamente divergentes son Jorge Sapag y Jorge Sobisch; en el segundo, hay una trilogĆa incompatible integrada por Javier Bertoldi, Sergio Gallia y Nancy Parrilli; en el tercero, un dĆŗo contradictorio: MartĆn Farizano y Horacio Quiroga.
El partido provincial, se presume, entra ahora en una convulsión mayor. Los primeros gestos del gobierno de Jorge Sapag fueron de exaltación del kirchnerismo ante el drama vivido. Sapag se instaló todo lo cerca de la mandataria que pudo en las extenuantes horas del velorio. La vicegobernadora, Ana Pechen, fue deslizando mientras tanto frases destinadas a crear la idea de la continuidad de la relación con la Rosada.
El ala gubernamental del MPN se abrazó al sĆmbolo K casi con pasión: siete dĆas de duelo contra tres que dispuso el gobierno nacional. El gobierno tiene demasiadas fichas puestas en el ahora inestable tablero que ordenaba todos los dĆas desde Olivos el desaparecido ex presidente. Temas como Chihuido, el precio y los contratos que se puedan establecer para el gas de yacimientos no convencionales, necesitan confirmación urgente. De lo contrario, podrĆa cambiar todo. Hasta la fecha de las elecciones.
El MPN partidario, mientras tanto, mantuvo silencio. Sólo el presidente del partido, Jorge Sobisch, dio a conocer en nombre de la Junta de Gobierno, un escueto comunicado de condolencia por la muerte de Kirchner. El ex gobernador, que venĆa de refrendar su candidatura a gobernador una y otra vez, es posible que acentĆŗe su campaƱa en ese rumbo. Ahora, con mĆ”s protagonismo, sobre la base de exaltar el catecismo propio del MPN. Sobisch, aunque parezca esto de Perogrullo, buscarĆ” “emepenizar” ideológicamente el partido, y advertirĆ” los riesgos de que se diluya en un escenario de fuerte cooptación del “revival” setentista que ha llegado inexorablemente y estĆ” en su paroxismo.
Tanto en el peronismo como en el radicalismo, el gran tema es ahora si se confluye en una coalición a nivel provincial, o no. Es decir, si se mantiene el pacto que hizo en su momento Horacio Quiroga con Oscar Parrilli, y que luego quedó en manos de MartĆn Farizano, un hombre que llegó a un grado de mayor intimidad con NĆ©stor y Cristina, ayudado por las circunstancias y por su propio enfoque ideológico.
Buena parte de la posibilidad o no de la coalición la decidirĆ” el peronismo. La designación de la senadora Nancy Parrilli como candidata a gobernadora se interpretó como un puente hacia esa coalición que propiciara en realidad la candidatura del radical Farizano: la hermana del secretario general de la Presidencia podrĆa ser una compaƱera de fórmula ideal, para garantizar lo que en definitiva al radicalismo neuquino capitalino le interesa: el poder –polĆtico y económico- que le transfiere el respaldo K.
Javier Bertoldi no estĆ” de acuerdo con este camino. El intendente de Centenario, que se lleva bien con Farizano, estĆ” incluido en un grupo que piensa que el PJ ya entregó mucho para recibir muy poco. Esta manera de pensar es K y no K. Tiene que ver con lo territorial, con lo distrital. Concretamente, el PJ quiere llevar candidato a intendente en la capital neuquina (DarĆo MartĆnez) y a gobernador en la provincia. En todo caso, jugar una interna con Farizano, o resolver mediante el consenso vĆa encuestas.
Sergio Gallia es la otra posibilidad que presenta el menĆŗ justicialista. El intendente de Plottier se precia de tener diĆ”logo con todos los sectores. Mantuvo perfil bajo hasta Ćŗltimo momento, y ahora se lanzó con una propuesta simple: el peronismo que Ć©l propone es capaz de unirse con todos o cualquiera que aporte votos, siempre y cuando se reconozca la capacidad justicialista de encabezar procesos de construcción polĆtica. Hace tiempo ya que Gallia tomó una decisión. Cree que puede jugar a ganador. Es decir, no estĆ” dispuesto a juntarse con perdedores profesionales, sino con jugares de primera que apuesten a ganar en cada partido que se juegue. Hay que tomarlo en cuenta: no fue nunca un hombre que el kirchnerismo sintió como suyo; lo ayudó el gobierno nacional poco o nada; y sin embargo se las arregló para volver a ser una opción.
Horacio Quiroga es el otro jugador importante en este escenario pletórico de ansiedad. El diputado no estuvo en Argentina en estos dĆas funerarios. HabĆa viajado a Australia, en uno de esos viajes parlamentarios que suelen comentarse poco pero que siempre estĆ”n. Vuelve para enfrentar una circunstancia clave: en pocos dĆas mĆ”s, el ComitĆ© Provincia debe decidir la convocatoria a elecciones internas para renovar la conducción partidaria.
Quiroga, se ha afirmado, no quiere mÔs internas, sino ir directamente a competir en la general para volver a ser intendente de la capital neuquina. Dicen que no le tiembla el pulso si para ello debe presentarse con agrupación propia.
El dilema de la coalición que pretende armarse para enfrenta al MPN es asĆ cada vez mĆ”s grande. Farizano debe negociar con Quiroga, y al mismo tiempo cumplir con pactos preexistentes, que involucran a la UNE de Mariano Mansilla, al PJ representado hasta ahora por Oscar Parrilli, y en cada municipio de la provincia, el compromiso con cada uno de los caciques territoriales de la oposición al MPN. Todo este proceso intrincado y fatigoso, era supervisado desde Olivos por NĆ©stor Kirchner, como lo era todo proceso de construcción polĆtica electoral rumbo al 2011 en todos y cada uno de los distritos del paĆs.
Ahora, habrĆ” que esperar y confirmar cada uno de los gestos que ofrezca Cristina. La presidenta volverĆ” envuelta en la mĆstica revolucionaria que nos gusta tanto a los argentinos, para enfrentarse con una realidad que suele deglutirse esa mĆstica con la insaciable capacidad digestiva de los bolsillos.
RubƩn Boggi
Es formidable la ansiedad polĆtica que ha instalado en la región –como parte de un paĆs igualmente ansioso- la muerte de NĆ©stor Kirchner.
Tal vez no valga la pena redundar en esta caracterĆstica de la hora, que sólo abre la posibilidad de la especulación, del razonamiento en función de los pocos elementos con los que se cuenta, para avizorar quĆ© proceso devendrĆ” tras la desaparición del hombre que absorbió casi totalmente el protagonismo polĆtico argentino durante siete aƱos.
Lo primero que habrĆa que entender es que rara vez ocurre algo tan fuerte que es capaz de torcer drĆ”sticamente el rumbo de un proceso polĆtico, social, y económico, sea este el que sea. La muerte de Kirchner, mĆ”s allĆ” de las connotaciones mĆticas que se le han atribuido, no parece ser un hecho tan importante que por sĆ mismo cambie la realidad argentina instantĆ”neamente.
SĆ es posible que modifique sustancialmente las construcciones polĆticas que se estaban fraguando para enfrentar las elecciones del aƱo próximo. Y a partir de esa posibilidad, es tambiĆ©n posible que se abra un nuevo horizonte de expectativas, y que esas expectativas terminen por modificar el rumbo de la economĆa, la polĆtica y la sociedad.
En NeuquĆ©n, ahora todos esperan a la presidenta Cristina FernĆ”ndez. Es necesario saber si la mandataria asume la conducción polĆtica que dejó huĆ©rfana su marido. MĆ”s concretamente, saber quĆ© pasarĆ” con algunos pactos ya establecidos, y otros que estaban por establecerse. Todos aspectos de un esquema muy complicado, que se sintetizaba en Kirchner y su habilidad estratĆ©gica para construir polĆtica territorial.
La ansiedad trabaja en estas horas especialmente en tres fuerzas polĆticas: el MPN, el PJ y la UCR. En el primero, los protagonistas presuntamente divergentes son Jorge Sapag y Jorge Sobisch; en el segundo, hay una trilogĆa incompatible integrada por Javier Bertoldi, Sergio Gallia y Nancy Parrilli; en el tercero, un dĆŗo contradictorio: MartĆn Farizano y Horacio Quiroga.
El partido provincial, se presume, entra ahora en una convulsión mayor. Los primeros gestos del gobierno de Jorge Sapag fueron de exaltación del kirchnerismo ante el drama vivido. Sapag se instaló todo lo cerca de la mandataria que pudo en las extenuantes horas del velorio. La vicegobernadora, Ana Pechen, fue deslizando mientras tanto frases destinadas a crear la idea de la continuidad de la relación con la Rosada.
El ala gubernamental del MPN se abrazó al sĆmbolo K casi con pasión: siete dĆas de duelo contra tres que dispuso el gobierno nacional. El gobierno tiene demasiadas fichas puestas en el ahora inestable tablero que ordenaba todos los dĆas desde Olivos el desaparecido ex presidente. Temas como Chihuido, el precio y los contratos que se puedan establecer para el gas de yacimientos no convencionales, necesitan confirmación urgente. De lo contrario, podrĆa cambiar todo. Hasta la fecha de las elecciones.
El MPN partidario, mientras tanto, mantuvo silencio. Sólo el presidente del partido, Jorge Sobisch, dio a conocer en nombre de la Junta de Gobierno, un escueto comunicado de condolencia por la muerte de Kirchner. El ex gobernador, que venĆa de refrendar su candidatura a gobernador una y otra vez, es posible que acentĆŗe su campaƱa en ese rumbo. Ahora, con mĆ”s protagonismo, sobre la base de exaltar el catecismo propio del MPN. Sobisch, aunque parezca esto de Perogrullo, buscarĆ” “emepenizar” ideológicamente el partido, y advertirĆ” los riesgos de que se diluya en un escenario de fuerte cooptación del “revival” setentista que ha llegado inexorablemente y estĆ” en su paroxismo.
Tanto en el peronismo como en el radicalismo, el gran tema es ahora si se confluye en una coalición a nivel provincial, o no. Es decir, si se mantiene el pacto que hizo en su momento Horacio Quiroga con Oscar Parrilli, y que luego quedó en manos de MartĆn Farizano, un hombre que llegó a un grado de mayor intimidad con NĆ©stor y Cristina, ayudado por las circunstancias y por su propio enfoque ideológico.
Buena parte de la posibilidad o no de la coalición la decidirĆ” el peronismo. La designación de la senadora Nancy Parrilli como candidata a gobernadora se interpretó como un puente hacia esa coalición que propiciara en realidad la candidatura del radical Farizano: la hermana del secretario general de la Presidencia podrĆa ser una compaƱera de fórmula ideal, para garantizar lo que en definitiva al radicalismo neuquino capitalino le interesa: el poder –polĆtico y económico- que le transfiere el respaldo K.
Javier Bertoldi no estĆ” de acuerdo con este camino. El intendente de Centenario, que se lleva bien con Farizano, estĆ” incluido en un grupo que piensa que el PJ ya entregó mucho para recibir muy poco. Esta manera de pensar es K y no K. Tiene que ver con lo territorial, con lo distrital. Concretamente, el PJ quiere llevar candidato a intendente en la capital neuquina (DarĆo MartĆnez) y a gobernador en la provincia. En todo caso, jugar una interna con Farizano, o resolver mediante el consenso vĆa encuestas.
Sergio Gallia es la otra posibilidad que presenta el menĆŗ justicialista. El intendente de Plottier se precia de tener diĆ”logo con todos los sectores. Mantuvo perfil bajo hasta Ćŗltimo momento, y ahora se lanzó con una propuesta simple: el peronismo que Ć©l propone es capaz de unirse con todos o cualquiera que aporte votos, siempre y cuando se reconozca la capacidad justicialista de encabezar procesos de construcción polĆtica. Hace tiempo ya que Gallia tomó una decisión. Cree que puede jugar a ganador. Es decir, no estĆ” dispuesto a juntarse con perdedores profesionales, sino con jugares de primera que apuesten a ganar en cada partido que se juegue. Hay que tomarlo en cuenta: no fue nunca un hombre que el kirchnerismo sintió como suyo; lo ayudó el gobierno nacional poco o nada; y sin embargo se las arregló para volver a ser una opción.
Horacio Quiroga es el otro jugador importante en este escenario pletórico de ansiedad. El diputado no estuvo en Argentina en estos dĆas funerarios. HabĆa viajado a Australia, en uno de esos viajes parlamentarios que suelen comentarse poco pero que siempre estĆ”n. Vuelve para enfrentar una circunstancia clave: en pocos dĆas mĆ”s, el ComitĆ© Provincia debe decidir la convocatoria a elecciones internas para renovar la conducción partidaria.
Quiroga, se ha afirmado, no quiere mÔs internas, sino ir directamente a competir en la general para volver a ser intendente de la capital neuquina. Dicen que no le tiembla el pulso si para ello debe presentarse con agrupación propia.
El dilema de la coalición que pretende armarse para enfrenta al MPN es asĆ cada vez mĆ”s grande. Farizano debe negociar con Quiroga, y al mismo tiempo cumplir con pactos preexistentes, que involucran a la UNE de Mariano Mansilla, al PJ representado hasta ahora por Oscar Parrilli, y en cada municipio de la provincia, el compromiso con cada uno de los caciques territoriales de la oposición al MPN. Todo este proceso intrincado y fatigoso, era supervisado desde Olivos por NĆ©stor Kirchner, como lo era todo proceso de construcción polĆtica electoral rumbo al 2011 en todos y cada uno de los distritos del paĆs.
Ahora, habrĆ” que esperar y confirmar cada uno de los gestos que ofrezca Cristina. La presidenta volverĆ” envuelta en la mĆstica revolucionaria que nos gusta tanto a los argentinos, para enfrentarse con una realidad que suele deglutirse esa mĆstica con la insaciable capacidad digestiva de los bolsillos.
RubƩn Boggi
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