El hermano del "Che" rompe el silencio - Piedra OnLine

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lunes, 3 de octubre de 2011

El hermano del "Che" rompe el silencio

Después de varios años, decidió hablar de su historia familiar en una charla con el diario Tiempo Argentino.
Juan Martƭn, el menor de los Guevara, tiene lentes redondos, bigotes canosos y no se parece fƭsicamente a su hermano Ernesto. Sin embargo, los lazos de sangre estƔn presentes, tanto en cada una de sus palabras como en las paredes de su oficina. DetrƔs de su escritorio hay sƭmbolos que inevitablemente remiten a Ʃl: libros, cuadros de habanos y una cantidad de fotos familiares en su computadora que son la envidia de cualquier coleccionista.


Para aquellas personas que conocen su historia, el “Tin” (como lo mencionaba el jefe guerrillero en las cartas a su madre) es lo mĆ”s cerca que se puede estar del mito, de la persona, del revolucionario, del “Loco”, de “Chancho”, de “Ernestito” o de “FĆŗser” (una conjunción de “furia” y Serna, el apellido materno).

Juan MartĆ­n se refiere al Che, su hermano, como “Ernesto”, sus padres serĆ”n “el viejo” y “la vieja” y la mĆ­tica foto de Alberto DĆ­az (Korda) –presente hasta en el mate que Ć©l mismo ceba– serĆ” un sĆ­mbolo criticado por representar la figura sacrificial del guerrero mĆ”rtir. AdemĆ”s, reiterarĆ” que al lĆ­der hay que correrlo de la lucha armada y bajarlo a tierra para que sus ideas germinen hoy la semilla del “hombre nuevo”. Recuerdos de alguien que vivió la historia en carne viva.

–¿Por quĆ© esperó tanto tiempo para hablar sobre el Che?

-Con mi hermana Ana MarĆ­a, que murió hace varios aƱos, prĆ”cticamente una sola vez tocamos este tema y decidimos no hablar. DespuĆ©s hubo largos aƱos en donde abrir la boca no era posible. AdemĆ”s, tuve una experiencia…

–¿CuĆ”l?

–En 1966 yo tenĆ­a una librerĆ­a y un periodista de la revista Gente, que es un asco de persona, se acercó y me quiso hacer una entrevista. Le respondĆ­ que no pero Ć©l insistĆ­a y me preguntaba dónde estaba Ernesto. Le repetĆ­ que no daba notas, que no sabĆ­a, y que si hubiese sabido, no se lo iba a informar a Ć©l. Al otro dĆ­a, en la revista salió una foto de mi local, con mi imagen y la de Ć©l, sacada con teleobjetivo, de frente los dos y se leĆ­a: “Dice que desconoce donde estĆ”, pero por el modo de reaccionar es evidente que algo sabe.” Lo fui a buscar a la casa y lo agarrĆ©. “Vos me estas tirando a la SIDE, el FBI, la CIA y a todos, ¿estĆ”s loco?”, y lo provocaba para agarrarme a piƱas. Desde ese dĆ­a ni siquiera “a” les dije a los periodistas.

–HabrĆ” sido difĆ­cil ser el hermano del Che durante la dictadura...

–Entre los ’70 y los ’80 era difĆ­cil. Entre 1975 y 1983 estuve preso (fue militante del Frente Antimperialista por el Socialismo). Por un lado, me despersonalizaban, era un nĆŗmero. Pero por otro ser el hermano del Che nunca fue neutral. En Sierra Chica era el 448, no podĆ­a decir que me llamaba Guevara. Pero hubo militares que vinieron a entrevistarme y sabĆ­an quiĆ©n era mi hermano.

–¿Y eso cómo influĆ­a en la cĆ”rcel?

–A veces me pegaban de mĆ”s, tenĆ­a un “plus” (risas), pero otras me convenĆ­a. Nunca fue indiferente. Una noche que nos sacaron de La Plata zafĆ© de aparecer tirado porque eligieron a algunos para que no nos liquidaran.

–¿Por quĆ© creĆ©s que no te mataron?

–HabrĆ”n dicho: “Si lo liquidamos a este se pudre mĆ”s que si lo dejamos vivo” o “vale mĆ”s con vida que muerto”, quĆ© se yo, lo que se le ocurrĆ­a al tipo que tomaba la decisión.

–Con la llegada de la democracia mantuvo el perfil bajo. ¿Por quĆ© decidió hablar ahora?

–Últimamente decidĆ­ hablar por la emoción, es decir, “que el hermano hable”, aportar desde lo familiar. En Cuba es un tipo perfecto, no se robó ni un pan, y yo soy alguien que puede contar que no es tan asĆ­. TenĆ­a de todo. Yo doy otra mirada, predispone distinto, no soy un intelectual, ni investigador, no soy importante, soy el hermano y eso impacta emocionalmente.

–¿Y cuĆ”l es el “para quĆ©”?

–Para que la gente entienda que Ć©l era una persona normal, que luego se fue trasformando en lo menos normal del mundo y que cualquier otro puede ser asĆ­. Los grandes hombres aparecen cada tanto, pero no son imposibles... y Ć©l era nuestro, ¡argentino!

–¿Por quĆ© destaca que era argentino?

–Mi familia fue nómade. Ɖl nació en Rosario de casualidad, vivió sus dos primeros aƱos en Caraguatay (Misiones), su niƱez y juventud en Alta Gracia y despuĆ©s en la ciudad de Córdoba. Su madurez y juventud en Buenos Aires. Hizo viajes en bici, barco, moto. ¿Es rosarino? ¿Es misionero? ¿CordobĆ©s? ¿PorteƱo? Para los cubanos, Ć©l es cubano. Hay que empezar porque es argentino y lo es en su manera de ser, su cultura, su humor. No hay manera de conocer a un personaje si no vas a su esencia. Ernesto y Celia, mis sobrinos nacidos en Cuba, tienen pasaporte argentino porque sienten la argentinidad de su padre, si no me imagino que tendrĆ­an el de la Unión Europea, porque es mĆ”s lindo (risas).
–¿CuĆ”l es la reacción de la gente cuando se enteran de su parentesco?

–Primero, la sorpresa sobre que haya un hermano, que exista, que sea normal, que cuente cosas, sus vivencias… Una vez, en un taller, mi socio me seƱala y le dice al mecĆ”nico “este es el hermano del Che” (risas), y yo respondĆ­ “¡Es un chiste! No sĆ© porque miente.” DespuĆ©s, el tipo preguntaba si era o no… Se generaba todo un misterio.
–¿Y en Cuba hablaba?

–En Cuba no tenĆ­a posibilidad de decir que no. Por ejemplo, el 8 de octubre (fecha de la muerte de Ernesto) de 1972 mi hijo estaba internado en el Hospital Calixto GarcĆ­a y la mĆ©dica que lo atendió me invitó a un homenaje. Le comentĆ© que lo mĆ­o no era eso y esta mujer me dio una “zaranda” de cosas diciĆ©ndome que eso era egoĆ­sta. AsĆ­ que despuĆ©s de todo eso respondĆ­, “ok, ¿a que hora es?” Era un patio muy grande, colmado de gente, yo ahĆ­ sentado y de repente se escucha…“acĆ” con nosotros, el hermano del Che”, y me dejaron solo con un micrófono. AĆŗn estaba fresca su presencia, habĆ­a cubanos llorando. Yo hablaba y se me hacĆ­a un nudo, ni sĆ© lo que dije… una emoción intensa que te trasladaba la gente. Las personas me contaban sus vivencias y cada vez mĆ”s cargado emocionalmente. Fue una experiencia importante, y todo por esa mujer.

–¿Y cómo era ser hermano de Ernesto en la vida cotidiana?
–Hay dos etapas mĆ­as con Ć©l: una muy corta, que es las dos veces que nos vimos despuĆ©s del triunfo de la Revolución (una fue en Cuba y la otra en Punta del Este), y lo demĆ”s es la vida de familia.

Juan Martín Guevara de la Serna nació en Córdoba, en 1943, 15 años después que su hermano mayor, Ernesto, quien había nacido en 1928. Sus padres eran Ernesto Rafael Guevara Lynch y Celia de la Serna Llosa. El resto de sus hermanos fueron Celia, Roberto y Ana María. De espíritu aventurero, el grupo familiar nunca permaneció quieto por mucho tiempo.

–Comencemos por la vida de familia.

–Ernesto era loco, movedizo pero no muy distinto a mis hermanos, era uno mĆ”s. Yo me llevaba bien por Ć©l, mĆ”s que por mĆ­, porque Ć©l era el mayor. Era Ernesto y yo su hermano, hasta que fue el “Che” y empecĆ© a ser el hermano del “Che”.

–¿Era un buen hermano?

–Era excelente. Siempre estaba de viaje. Recuerdo cuando volvĆ­a que querĆ­a aprovechar porque sabĆ­a que en cualquier momento se iba de nuevo. Llegaba y ahĆ­ yo era el que le cebaba mate. Como habĆ­a pava, el agua se enfriaba. Ɖl me ordenaba “calentalo”, y yo “no”, y se lo tomaba asĆ­ como se lo cebaba. Siempre estaba de humor, jodiendo, estudiaba de noche, cada dos por tres se las picaba, era difĆ­cil agarrarlo.

–¿Cómo era como hermano mayor?

–No sĆ© como me verĆ­a Ć©l, pero yo era “el hermanito” que miraba con cierta cosa, no te digo de consejo, pero sĆ­ de decirte “serĆ­a bueno esto”. Te trataba de influir, pero no era de imposición de padre. Mis otros hermanos sĆ­ lo eran. Salir con Ernesto era una liberación.

–¿En quĆ© lo trataba de influir?

–En el estudio lo intentó por todos los medios, pero no lo logró. No seguĆ­ ninguna carrera porque desde que me acuerdo vivĆ­ en la calle, jugando a la pelota.

–Sin embargo, su familia era estudiosa y lectora.

–Yo leĆ­a mucho, pero nada de estudiar. Eso me lo combatió mucho, me decĆ­a que estudiara pero Ć©l no tenĆ­a autoridad moral para decirme eso porque empezó IngenierĆ­a, luego siguió Medicina pero no hacĆ­a nada de mĆ©dico, entonces yo le preguntaba: “¿CuĆ”l es? ¿Estudiar una carrera para hacer lo que vos hacĆ©s? ¿Si casi ni ejerciste?” “Pero estudiar es otra cosa”, me respondĆ­a, y hablĆ”bamos de la disciplina. Lo mĆ­o era mĆ”s una defensa que un argumento, no querĆ­a estudiar y ya.
–¿Cómo era ser hermano del Che en 1959?
–Recuerdo una anĆ©cdota, en La Habana, el 8 de enero de 1959. Ɖl tenĆ­a un paƱuelo en el brazo por un golpe y siempre jugĆ”bamos de manos. Cuando estaban todos, yo mantenĆ­a las formas, pero a solas empezĆ”bamos a decirnos de todo y a ser hermanos. “Sacate la gorra y el grado de comandante que conmigo no lo sos.” Me tiró un cachetazo, le contestĆ©, le peguĆ© en el brazo y Ć©l hizo un movimiento de mucho dolor pero enseguida me dio un piñón que me voló, me sentó y me dijo: “Nunca te descuides o descreas del enemigo.” TenĆ­a eso de aprovechar el momento. Esa mezcla, por un lado, de rectitud, y por otro de saber cuĆ”ndo es cuĆ”ndo. Era intuitivo de un modo muy fino.

–¿Cómo se expresaba esa rectitud?

–Ɖl era muy rĆ­gido, entonces se sentĆ­a con derecho a serlo con los demĆ”s y mucha gente no tenĆ­a ganas de eso. Si bien Ć©l era razonable, no era flexible, por eso algunas personas no querĆ­an trabajar con Ć©l (risas). Los tiempos para Ć©l eran descansar un poquito cuando se podĆ­a, pero querĆ­a hacer las cosas ya. Era una mĆ”quina, no paraba, siempre estaba pensando en hacer algo. Eso lo caracterizó en algunas cosas acĆ” y las desarrolló en Cuba como dirigente.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, cuando en el Congo recibió la noticia de que la vieja estaba enferma y que era irreversible, se preguntó, como dirigente, si era lĆ­cito ponerse a llorar y no lo hizo, se la aguantó. Seguro lloró despuĆ©s, no es que no tuviera sentimientos, sino que no los querĆ­a mostrar.

–¿Y cómo era Ć©l con su familia por esos aƱos?

–Si a Ernesto le decĆ­an que su familia lo visitarĆ­a en La Habana, iba a decir que no, entonces Camilo Cienfuegos, que era su compinche, le ocultó la noticia y se la dijo cuando ya estĆ”bamos en el aeropuerto. Cienfuegos era la Ćŗnica persona que podĆ­a hacer esas cosas y chistes con Ć©l.
–¿Cómo recuerda esa Ć©poca?

–Tengo una foto en el Hotel Habana Libre, Hilton en ese momento, en la cafeterĆ­a. Eso era un “fierrerĆ­o”, estaban todos los barbudos con los fierros sobre la mesa. Al lado del cafecito los mozos no lo podĆ­an creer. Y allĆ­ estaba Camilo, que era su cómplice, el Ćŗnico con el que se permitĆ­a hacer jodas, con el resto no.

–¿Esa rectitud la heredó de su familia?

–Ernesto nació en una familia normal, con ciertas cosas distintas, de clase media. Por parte de mi vieja, habĆ­a mucha guita pero cuando se juntó con mi viejo esto ya no era asĆ­. Ella fue al Sagrado Corazón de JesĆŗs, un colegio bilingüe, religioso, de monjas francesas donde estudiaban con mucha rigurosidad, asĆ­ que eso lo sacó de allĆ­.

–¿Cómo era la familia de su madre, Celia de la Serna?

–Ella quedó huĆ©rfana de padre a los dos aƱos y de la mamĆ” a los 15. Era la menor. La mayor estaba casada con un escritor del Partido Comunista argentino que estuvo en EspaƱa en la Ć©poca de la Guerra Civil por parte de los republicanos, es decir, que tenĆ­a una influencia cercana de este pensamiento. Otro hermano, Jorge de la Serna, era atĆ­pico, un poeta que vivĆ­a cerca de la naturaleza y que tenĆ­a mucha relación con Ernesto. TambiĆ©n habĆ­a opuestos. La otra hermana, Sara, estaba casada con el hijo del presidente de la RepĆŗblica, el general AgustĆ­n P. Justo.

–¿Cómo era su madre?

–La vieja era una persona muy poco demostrativa, conseguir un cariƱo de ella era un premio. Era mĆ”s fĆ”cil que te dijera “tac tac” (hace un gesto de reto) que “muy bien” o que te hiciera una caricia. Con mis tĆ­as era distinto, eran mĆ”s afectuosas. La vieja era muy disciplinada, muy culta y te obligaba a ser culto, a saber y no hablar al divino botón. AƱos despuĆ©s, yo le decĆ­a que desde chiquita la hicieron arrodillar en granitos de maĆ­z y rezar 10 mil padres nuestros. Ella se reĆ­a pero seguĆ­a siendo asĆ­, una persona con estoicismo, muy judeo-cristiana, sacrificial.
–¿Y su padre?
–Mi viejo era un tipo con una inteligencia fuera de lo normal. Pensaba y soƱaba. Eso en mi hermano fue muy claro. Era un tiro al aire, siempre caĆ­a en cuatro patas, con un don de ubicuidad incorporado. Era un gran conversador, dibujante, pintor y actor. Como todos los actores, era un mentiroso encubierto que te pintaba la realidad de una manera que no era exactamente asĆ­. TenĆ­a ideas raras y era de mandarse a hacer cosas. De esa conjunción nació Ernesto.
–Era mandado a hacer cosas… ¿Como cuales?
–AsĆ­, por ejemplo, mis padres fueron a parar a Misiones. ¿QuĆ© hacĆ­an dos porteƱos en el medio del monte en una Ć©poca en donde la Ćŗnica manera de comunicarse era con un barco que bajaba por los puertos del ParanĆ”? No habĆ­a caminos, no habĆ­a nada. Era gente con otras cosas en la cabeza, diferente a lo que normalmente se solĆ­a hacer.

–¿QuĆ© heredó el Che de ellos?

–El viejo le dio la decisión y el arrojo, la vieja la organización y la disciplina, o sea, lo que se empieza se termina. Ɖl veĆ­a el final, ella el camino.
–¿Usted quĆ© aprendió de sus padres?

–Mi viejo decĆ­a que siempre hay que ganar, como sea. Mi vieja que hay que ganar, investigar y ser el mejor pero con transparencia. Ella nos metió la Ć©tica, Ć©l nos metió ganar al rugby, al fĆŗtbol, en la vida, y sobre todo no dejarse pasar por encima. No existĆ­a que mi madre o que mi padre tuviera razón. No: todo se discutĆ­a. La educación que tenĆ­amos era no aceptar lo que nos querĆ­an imponer y asĆ­ se daban discusiones.
–¿De quĆ© tipo?
–HabĆ­a discusiones de todo tipo en mi casa, no existĆ­a una unicidad. Mi casa era de un espĆ­ritu crĆ­tico muy fuerte. Todo pasaba por la discusión polĆ­tica. Los fines de semana era un hervidero de distintas procedencias. Ninguno de los cinco hermanos aceptĆ”bamos lo impuesto y Ernesto fue el de mayor profundización en sus criticas.
–¿Cómo era su casa en el dĆ­a a dĆ­a?
–Mi casa estaba llena de libros, mis hermanos eran todos estudiosos. Celia y Ernesto eran mĆ”quinas de leer, Ć©l escribĆ­a todavĆ­a mĆ”s que ella. Sus libros estaban todos escritos. Si querĆ­a uno de Ć©l, tenĆ­a que bancarme las notas y opiniones que ponĆ­a por los costados, cosa que no me gustaba porque al final terminaba discutiendo con Ć©l y con el autor, o con los dos a la vez. La casa era dejada, no estĆ”bamos atentos a si no funcionaba una manija en una puerta, pero si faltaba un libro era un tema.
–¿Y tenĆ­an muchos amigos?
–La casa estaba siempre llena de gente, tanto en la Ć©poca que yo me acuerdo como en fotos de Alta Gracia donde aparecen chicos peinaditos y luego todos desastrosos. HabĆ­a de todo, no habĆ­a filtro. En casa trabajaba Sabina Portugal, una boliviana tĆ­pica, coya, que con su tonada hablaba poco, pero con Ernesto tenĆ­a conversaciones larguĆ­simas, no sĆ© de quĆ© hablaban. Era la Ć©poca del agio y la especulación y ella era peronista de base. No sabĆ­a esas palabritas pero sĆ­ que le cobraban de mĆ”s, y yo creo que eso lo discutĆ­an. Muchas cosas se le metieron en la cabeza con las conversaciones terrenales. Luego Ć©l pasó por Bolivia en la Ć©poca de VĆ­ctor Paz Estenssoro y ahĆ­ debe haber habido influencia.
–Este Ernesto era una persona de carne y hueso, pero ¿cómo es ser hermano del sĆ­mbolo?
–(Pausa) De una familia puede salir un personaje histórico que excede lo normal, Ćŗnico. No hay muchos que estĆ©n en una camiseta y lo identifiques en Arabia o Ɓfrica y sepas quiĆ©n es. Tal vez, mĆ”s o menos, por ahĆ­ alguien no sabe exactamente su historia… Diego Maradona, Mike Tyson lo tienen tatuado. ¿QuĆ© tiene que ver Tyson? Algo tendrĆ” que ver, si no ¿para quĆ© se lo va a tatuar? Nadie se tatĆŗa algo que no le interesa.
–¿QuĆ© opina de la “marketinización” de la figura del Che?
–Que hagan negocio ni me va ni me viene. Lo que miro es el fondo de la cuestión: si alguien quiso que no existiera, que no trascendiera, no ha podido. Ahora, hay otras cosas que tienen que ver con la petrificación del personajes, y en eso puede haber un interĆ©s de vaciarle sus ideas o banalizarlo como si fuera un rockero, pero el hecho de que esta imagen sea tan difundida es porque es imposible ignorarlo.
–¿Cómo le gusta que la juventud lo recuerde?
–Si lo ponemos tipo Cristo que luchó por nosotros, ¿quiĆ©n va a creer que puede ser como Ć©l? Si existió es porque puede ser posible. Hay que darle herramientas a la juventud. La mediocridad se milita, entonces hay que usar la cabeza y esta es la idea de los museos y de los libros.
–¿Por quĆ© no quiere destacar la fecha de su muerte (8 de octubre)?
–Porque es un mensaje capcioso, de derrota y muerte sin regreso, pero sĆ­ hay un retorno de su pensamiento. Si lo matamos ya estĆ”, Ć©ticamente un tipo increĆ­ble, pero no sigas por ese camino porque terminĆ”s igual… Hay una posibilidad de ir por ese camino sin terminar muerto y derrotado, si no, no serĆ­a posible que el mundo fuese mejor, al menos no en esa idea de no explotación del hombre por el hombre. Por eso es que digo que el 8 de octubre no es el mejor dĆ­a para evocarlo y no es un tema de dolor. Vamos a recordarlo en su trayectoria, elijamos el dĆ­a en que inauguró una fĆ”brica, una escuela o cuando nació, pero el hombre, no el guerrillero y menos el guerrero muerto, el hĆ©roe que para serlo tiene que ser mĆ”rtir y muerto. Es por eso que decidĆ­ hablar, no porque tenga mucho para a decir sobre cosas de fondo, sino para desacralizarlo, desmilitarizarlo, ponerlo en la tierra, trasladar sus ideas y que la gente se acerque a ellas, que las recepte.
–¿QuĆ© opina del Che guerrillero?
–Yo lo retiro del guerrillero heroico porque esos son tres aƱos de su vida. Me parece que hay que sacarlo de ese contexto guerrero. Lo principal de sus ideas estĆ” en el hombre nuevo porque asĆ­ como estamos viviendo las cosas no funcionan, hay que buscar el equilibrio real. Son sus ideas y no su actividad guerrillera lo que hay que acercarle a la gente. La tĆ­pica imagen de Korda no me parece que sea la que haya que trasladar.
–¿Hay que correr la metodologĆ­a de la lucha armada entonces?

–Hacer hincapiĆ© en que la guerra es el modo para liberarse va a generar una serie de encontronazos que quizĆ”s en este momento no sirve, entonces ¿para quĆ© meterse por ese lado si no es el principal? QuizĆ”s en Cuba fue un medio, pero la lucha armada funcionó allĆ­ y no en otros lados.

–Pero Ć©l fue comandante.

–SĆ­, fue el primer comandante que nombró Fidel Castro, pero Ć©l no era militar. Fue presidente del Banco Nacional, ministro de Industria, secretario del Partido Único … Ɖl se fue haciendo a fuerza de ver las necesidades del objetivo, que no era militarizar el paĆ­s sino transformar y hacer el hombre nuevo, ese es el punto clave.

Fuente: Tiempo

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