Los dĆas en que los sindicalistas soƱaban con conseguir fueros como los que tanto valoran ciertos legisladores ya pertenecen al pasado. Para consternación del secretario general de la CGT, Hugo Moyano, ni siquiera pueden confiar en la protección del gobierno peronista. Por el contrario, segĆŗn el comunicado furibundo que difundió la CGT el sĆ”bado pasado, el camionero y sus compaƱeros "sospechan" que los kirchneristas estĆ”n detrĆ”s de una campaƱa destinada a "demonizar la actividad sindical para avanzar asĆ sobre los derechos de los trabajadores" y, como si esto ya no fuera suficiente, insinĆŗan que la Justicia trata con mayor benevolencia a "los narcos, los apropiadores de bebĆ©s, los que saquearon a la Argentina, los que hacen espionaje a los vecinos, los traficantes de armas, los corruptos" que a los sindicalistas que "son los Ćŗnicos que van presos".
Desde su punto vista, el que los cuatro delegados detenidos y el dirigente RubĆ©n Sobrero, un izquierdista, hayan sido acusados de instigar la quema de trenes en la estación de Haedo, en medio de una protesta protagonizada por usuarios airados, el 2 de mayo pasado, carece de importancia: por su condición de sindicalistas, deberĆan ser liberados enseguida. Por fortuna el gobierno discrepa, ya que no ha vacilado en avalar la actuación del juez federal que ordenó las detenciones.
Como suele suceder toda vez que militantes o funcionarios se ven obligados a rendir cuentas ante la Justicia, los sindicalistas procesados estĆ”n procurando politizar el asunto. Lo mismo que los integrantes de las demĆ”s corporaciones que dominan la vida pĆŗblica nacional, dan por descontado que les estĆ” permitido cometer con impunidad delitos que, de perpetrarlos un ciudadano comĆŗn, le supondrĆan muchos aƱos entre rejas. Aun cuando la detención de los ferroviarios, como la de sindicalistas presuntamente involucrados en la mafia de los medicamentos, se haya debido en Ćŗltima instancia a las presiones de personas vinculadas con el gobierno nacional que se les oponen por motivos polĆticos, es claramente positivo que la Justicia no se haya dejado intimidar por la previsible reacción corporativa de la CGT. Durante demasiado tiempo los sindicalistas, encabezados por personajes como Moyano, han actuado como si se creyeran por encima de la ley, pero puede que la situación aberrante asĆ supuesta estĆ© por cambiar. SerĆa mejor que entre los procesados se encontraran algunos que estuvieran plenamente identificados con el oficialismo actualmente imperante, pero asĆ y todo se trata de un comienzo.
Si bien no cabe duda de que ciertos kirchneristas de ideas setentistas quieren "demonizar" a quienes a su entender representan la vieja "burocracia" contra la que lucharon hace casi cuarenta aƱos, los mĆ”ximos responsables del desprestigio del sindicalismo, tanto peronista como ultraizquierdista, son los sindicalistas mismos, en especial aquellos dirigentes vitalicios que a travĆ©s de los aƱos se las han arreglado para acumular patrimonios envidiables. Con todo, aunque en principio serĆa beneficioso para el paĆs que, de resultas de las maniobras de Moyano, el gobierno kirchnerista optara no sólo por separarse de la rama sindical del movimiento peronista sino tambiĆ©n por modificar radicalmente la legislación de inspiración fascista vigente, no le serĆa dado concretar reformas tan drĆ”sticas sin superar antes la oposición virulenta de los comprometidos con el statu quo. En vista de que es mĆ”s que probable que la economĆa pronto ingrese en una etapa difĆcil, a sindicalistas como Moyano no les faltarĆ”n pretextos para chantajear al gobierno, sobre todo si, despuĆ©s de las elecciones del 23 de octubre, procura tomar medidas encaminadas a frenar la inflación. Sin embargo, al dar prioridad la CGT a lo que supone es una campaƱa de persecución judicial, cualquier intento de apaciguarla por parte del gobierno acarrearĆa costos polĆticos sustanciales, ya que de acuerdo comĆŗn serĆa tomado por una reafirmación de la virtual impunidad que estĆ” reclamando el camionero que, como es notorio, tiene sus propios problemas con la Justicia y por lo tanto cuenta con muchos motivos para temer que la presidenta Cristina FernĆ”ndez de Kirchner llegue a la conclusión de que, dadas las circunstancias, le convendrĆa dejarlo caer.
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