Revisión de una de las obras cumbres de Spielberg.Una mirada irónica del pasaje a la adultez.
"Paul", el maleducado pero al fin de cuentas tierno extraterrestre creado por los comediantes ingleses Simon Pegg y Nick Frost, jamÔs hubiera sido posible de no ser por Steven Spielberg y su ya célebre "E.T."."E.T." constituye la piedra angular de la posterior producción aliens desatada en Hollywood a partir de los 80. El rostro de tortuga con resaca, el ideario de extraterrestre positivo y pletórico de poderes, consecuencia de una exitosa evolución, ha trascendido las fronteras del tiempo con notable buena salud. (En Piedra del Aguila pedila en Ciber Speed)
En muchos sentidos, y en muchos planos, los E.T. que desde una perspectiva popular, no cientĆfica, adivinamos haciendo lo suyo en el infinito y mĆ”s allĆ”, son rĆ©plicas inspiradas en el E.T. del viejo Steven.
Sin embargo, hasta hoy nadie se habĆa tomado el trabajo de repensar la figura de este pequeƱo amigo extraplanetario, si bien, parido en los estudios de Hollywood. En parte porque una suerte de aura sacro santa, cuasi papal, ha rodeado al personaje de Spielberg.
Originalmente el director de "Tiburón" y tantĆsimos Ć©xitos, habĆa bosquejado el guión de su filme ¿mĆ”s famoso? (bueno, quizĆ”s sĆ) a partir de su propia experiencia como niƱo de los suburbios, quien no tuvo mĆ”s remedio que soportar la separación de sus padres y la soledad inventĆ”ndose un amigo imaginario. E.T. o la construcción adulta de aquel ser escrito entre los pliegues de su imaginación, fue la expiación de Spielberg ante un pasado doloroso.
Pero basta de solemnidades. Para salirnos del camino del eterno retorno cinematogrĆ”fico "spielberiano" ha llegado "Paul", un extraterrestre que sin pasar por malo como "Aliens" o algunos de los turistas de "Hombres de Negro", por poner ejemplos a mano, definitivamente podrĆa ingresar al "Club de los Extraterrestres Malditos", si tal cosa existe. "Paul" es el lado B de "E.T.", su primo incorrecto, su hermano no reconocido, el negativo de una fotografĆa a todo color que comenzó a tomar Spielberg en la dĆ©cada del 80.
Pegg y Nick se subieron sobre los hombros del gran Dios del cine e hicieron una pelĆcula bizarra que a partir de ahora y para siempre servirĆ” como referente al subgĆ©nero: ¿cuĆ”l?, ¿el de los extraterrestres "buenoides"?, ¿el de los E.T. con cuerpo ridĆculo?, ¿el de los E.T. captados por una cĆ”mara con sĆŗper angular? Algo asĆ.
Si E.T. es un fresco deforme pero dulce de la infancia de Spielberg, "Paul" es la composición beoda de lo que sintieron dos jóvenes al verse expuestos al "E.T." original y a otras tantĆsimas materias fĆlmicas generacionales por el estilo. Si "E.T." es un logro, "Paul" una consecuencia. Si "E.T." es el fruto, "Paul" el humo dulzón que cubre el ambiente enrarecido de una pieza posadolescente.
Paul es un extraterrestre que cayó accidentalmente a la Tierra y que desde entonces no ha dejado de soportar y asesorar a los seres humanos, o mejor dicho, a los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, mientras espera la oportunidad para volver a su lugar de origen. Un dĆa, luego de varias dĆ©cadas escribiendo guiones que alimentarĆan los rumbos de nuestra civilización (porque a su modo Ć©l es la verdadera fuente de conocimientos de la que provienen los adelantos tecnológicos mĆ”s sorprendentes), Paul descubre que sus captores ya estaban listos para pasar a la siguiente fase: explorar su cerebro. Claro que para esto Paul debĆa ser diseccionado. A Paul la idea se le ocurrió un poco violenta y en cuanto le fue posible salió disparado de los laboratorios donde lo tenĆan prisionero.
AquĆ es cuando, en medio de una persecución automovilĆstica, Paul se cruza con Graeme Willy y Gollings Clive (interpretador por Simon Pegg y Nick Frost), dos tĆpicos ingleses fanĆ”ticos de las historias marcianas. Como es de suponer, a partir de este encuentro la vida de ambos fanĆ”ticos, que se dirigĆan en una casa rodante a la Convención Internacional de Cómics de San Diego, se transforma por completo.
El contrapunto entre los dos ingleses bastante provincianos, inocentes y educados y el desvergonzado Paul, es un verdadero acierto literario.
"Paul" viene a replantear todo aquello que hasta ahora suponĆamos acerca de los extraterrestres venidos de Hollywood: floreció entre las costuras del mainstream para transgredir y hasta ensuciar aquella memoria impoluta que comenzó con "Encuentros cercanos del tercer tipo" y siguió con "E.T.". Paul es mal hablado, indecoroso, aunque ocurrente, profundo, comprometido y dentro de los lĆmites de su fealdad, tan tierno como una abuelita borracha.
Sus mĆ”ximas no le esquivan tampoco el bulto a la relación hombre-Dios, poniendo sobre la mesa un tema delicado para la industria: la religión y sus implicancias morales. "La tierra es producto de una mente superior", le dicen a Paul y el retruca "¡Eso es pura mierda!".
Hace poco Spielberg volvió a retomar el tema extraterrestre, esta vez como productor de "Super 8", el filme dirigido por J. J. Abrahms, quien a su vez habĆa estado al frente de "Cloverfield", una historia donde, cĆ”mara en mano, se narra la invasión a Nueva York a manos (y patas) de un enorme bicho de otro planeta.
Aunque "Super 8" describe el accionar de un extraterrestre agresivo y poco comprendido que, tambiĆ©n como "Paul", se encontraba atrapado en los laboratorios de los servicios americanos, el autĆ©ntico nudo del filme estĆ” conformado por la relación de un grupo de chicos con la fantasĆa (proyectada en la forma de una pelĆcula amateur en "Super 8" acerca de una invasión zombie); y de cómo los mĆ”s caros sueƱos infantiles se dirigen hacia su extinción en una adultez gris. PodrĆa pensarse en que el E.T. representa casi siempre la imaginación corporizada de los pibes, y los agentes del gobierno, a los adultos que quieren reprimir el disparate y el acto lĆŗdico.
Una vez mĆ”s Spielberg nos demuestra que los niƱos poseen una sabidurĆa secreta a la que deberĆamos estar mĆ”s atentos. Puesto que es un adulto pero con la perversión del alma del niƱo que una vez fue.
La incorrección de "Paul" impone una mirada aguda que excede los lĆmites de la comedia, si se entiende su argumento como la expresión de los deseos ocultos de una generación de seƱores mayores, que se niega a crecer puesto que el universo de sus padres no sólo no tiene un futuro prometedor sino que ademĆ”s es aburrido.
Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar
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