Como en la Edad Media. Los 70 miembros de
una secta en Rusia vivían sin contacto con el mundo exterior a las
afueras de Kazán, capital de la república federada rusa de Tartaristán.
Una casualidad hizo que las autoridades se toparan con un gran búnker
subterráneo, donde vivían sin luz ni electricidad. Entre ellos había más
de 20 niños.(Leer en más información)
Los menores estaban sucios y andrajosos. Muchos no conocían la luz del sol, según relatan testigos. No acudían a la escuela ni jamás los visitó un médico. Los acólitos vivían en celdas bajo tierra en condiciones medievales. No había calefacción, electricidad ni canalización. El fuerte hedor provoca náusea. Los seguidores del autoproclamado profeta esperaban el fin del mundo.
El líder de la secta es Faisrajman Satarov, un predicador. Su casa de tres plantas tenía una torre, una fuente de agua propia y un dispensador de diésel. El anciano de 83 años levantó muros para protegerse de las miradas.
Apenas unos pocos de los 70 miembros de la secta podían salir del lugar. El "profeta de Alá" solo dejaba ir al mercado a sus más estrechos colaboradores.
"Para los denominados Faisrajmanistas cualquiera que no vive según el Corán es un enemigo", dijo un portavoz del gobierno en la república federada de Tartaristán. "La comunidad tenía su propia jerarquía", agregó. Las clases las daba el "profeta" personalmente y algunas madres incluso llegaron a dar a luz bajo tierra.
Los vecinos dejaban en paz al grupo. "Tan sólo en algunas ocasiones salían un par de hombres, de lo contrario no nos enterábamos de nada", relató un joven mecánico de un taller.
En Tartaristán, las autoridades dieron por casualidad con los discípulos de Satarov. Se sospechaba que podían estar implicados en el asesinato del vicemuftí Valliula Jakupov.
Tartaristán estaba considerada en Rusia el ejemplo de convivencia entre musulmanes y cristianos ortodoxos. Pero en las últimas semanas se multiplicaron las informaciones sobre radicales islamistas. Precisamente las investigaciones para capturar a los extremistas fue lo que condujo a los agentes hasta la sede de la secta. En lugar de terroristas encontraron niños en un búnker bajo tierra.
Los menores acudirán a orfanatos. Los seguidores de Satarov amenazaron con el apocalipsis si no les devuelven a sus hijos. (DPA)
Los menores estaban sucios y andrajosos. Muchos no conocían la luz del sol, según relatan testigos. No acudían a la escuela ni jamás los visitó un médico. Los acólitos vivían en celdas bajo tierra en condiciones medievales. No había calefacción, electricidad ni canalización. El fuerte hedor provoca náusea. Los seguidores del autoproclamado profeta esperaban el fin del mundo.
El líder de la secta es Faisrajman Satarov, un predicador. Su casa de tres plantas tenía una torre, una fuente de agua propia y un dispensador de diésel. El anciano de 83 años levantó muros para protegerse de las miradas.
Apenas unos pocos de los 70 miembros de la secta podían salir del lugar. El "profeta de Alá" solo dejaba ir al mercado a sus más estrechos colaboradores.
"Para los denominados Faisrajmanistas cualquiera que no vive según el Corán es un enemigo", dijo un portavoz del gobierno en la república federada de Tartaristán. "La comunidad tenía su propia jerarquía", agregó. Las clases las daba el "profeta" personalmente y algunas madres incluso llegaron a dar a luz bajo tierra.
Los vecinos dejaban en paz al grupo. "Tan sólo en algunas ocasiones salían un par de hombres, de lo contrario no nos enterábamos de nada", relató un joven mecánico de un taller.
En Tartaristán, las autoridades dieron por casualidad con los discípulos de Satarov. Se sospechaba que podían estar implicados en el asesinato del vicemuftí Valliula Jakupov.
Tartaristán estaba considerada en Rusia el ejemplo de convivencia entre musulmanes y cristianos ortodoxos. Pero en las últimas semanas se multiplicaron las informaciones sobre radicales islamistas. Precisamente las investigaciones para capturar a los extremistas fue lo que condujo a los agentes hasta la sede de la secta. En lugar de terroristas encontraron niños en un búnker bajo tierra.
Los menores acudirán a orfanatos. Los seguidores de Satarov amenazaron con el apocalipsis si no les devuelven a sus hijos. (DPA)
