Gustavo Baeza: Viajero con mirada propia - Piedra OnLine

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sƔbado, 2 de marzo de 2013

Gustavo Baeza: Viajero con mirada propia

A los 38 años cumplió su sueño de recorrer América Latina. En Colombia se quedó tres años y esa experiencia de vida lo marcó. Allí se encontró con una realidad donde la violencia convive naturalmente entre los habitantes de varias generaciones.

Por MARIEL RETEGUI
NeuquĆ©n > El viejo dicho de que nunca es tarde para cumplir los sueƱos es lo que tuvo presente Gustavo Baeza quien no dudó en vender todo lo que tenĆ­a para emprender un viaje por AmĆ©rica Latina.
A mediados de 2008  este joven oriundo de Cutral Co, criado en esta ciudad y cuya familia proviene de Andacollo, sintió que era momento de poner en marcha un sueƱo que acunaba desde la adolescencia: viajar. Un dĆ­a vendió el fondo de comercio de una librerĆ­a que tenĆ­a sobre la calle Mitre y su automóvil y con ese dinero emprendió el viaje. “Todo el mundo me decĆ­a que estaba loco. Mi objetivo era conocer la costa del Caribe, pensaba que quedaba acĆ” nomĆ”s”, relata Gustavo. (Ampliar en mĆ”s información)
De Buenos Aires se fue en micro a Asunción del Paraguay. Dice que tuvo mĆ”s agallas para emprender el recorrido porque era una persona que nunca habĆ­a salido del paĆ­s. “Regreso a la Argentina por Salta y ahĆ­ empieza mi camino. Paso la frontera hacia La Paz y luego a Sucre, trayecto que me llevó un mes y medio. De Bolivia me voy a Tacna, en PerĆŗ. Hasta ahĆ­ lleguĆ© con los fondos que tenĆ­a. Ya me habĆ­an robado como cuatro veces, y eso que me habĆ­an recomendado no ir por determinados lugares porque iba solo”, relata Gustavo quien regresó a NeuquĆ©n hace dos meses y medio.
Recorrió parte de la ruta que hizo el General San Martín a la vez que recopiló información porque asegura que no le gusta que le cuenten la historia sino que le gusta vivirla y sentirla en primera persona.
“DespuĆ©s de este viaje hay un antes y un despuĆ©s, una mirada profunda de lo que significa AmĆ©rica Latina y de los pueblos que la integran”, cuenta.
Luego en Quito se embarcó por el Amazonas donde fue bajando por el río atravesando parajes.
Para solventar los gastos no dudó en realizar cualquier tipo de trabajo: desde limpiar baños en los barcos, trabajar en plantaciones, en cosecha de yuca, de ñame, corozo (frutas propias de la zona) hasta vender jugos en las pequeñas aldeas.
Sin proponérselo, llegó al lugar mÔs conflictivo que hay en la triple frontera que conforman Tabatinga (Brasil), Santa Rosa (Perú) y Leticia (Colombia).
Pero conoció el Amazonas, se encontró con Ôrboles de 80 metros y con poblados que parecían congelados en el tiempo.
“De Tabatinga no pude bajar porque me habĆ­a quedado sin dinero. Pero siempre me sorprendió la solidaridad de la gente. Cuando se enteraban de que era argentino me hablaban siempre de Messi”, asegura.
Y agrega: “Creo que hice una locura que me dejó grandes enseƱanzas. Me encontrĆ© mĆ”s conmigo mismo y me encontrĆ© en una situación de decir hasta dónde somos capaces de llegar”.
Rescata la importancia de tener una meta, un propósito que sirva de guía para llevar adelante los sueños.
 
Desprecio por la vida
En Leticia lo que mÔs le impactó fue que durante los fines de semana aparecían en los poblados diferentes grupos, ya sea de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), paramilitares o de los escuadrones de la muerte, pero nunca nadie decía a cuÔl pertenecía. Podían festejar todo el día y al otro día se mataban entre ellos.
“Me impactó profundamente el desmerecimiento de la vida que hay en esa zona por los grupos violentos. Uno ve la violencia naturalizada. Vi mucho temor en esos lugares, principalmente por el control territorial. En el caso de los paramilitares, para el control de la droga. La gente no habla sobre la violencia pero sale por decantación”, seƱala Gustavo.
Añade que sobre todo se da en pueblos como la zona selvÔtica del límite entre Colombia con Ecuador o Colombia con Perú, donde se dan los grandes cultivos de la hoja de coca.
“No hay una presencia del Estado. Hoy las FARC estĆ”n mucho mejor armadas que el EjĆ©rcito. Tienen unos cien frentes con 300 personas en cada uno de ellos. Hay retenes de la guerrilla y de paramilitares. Con la guerrilla podĆ©s entablar un diĆ”logo para pasar, con los paramilitares te extorsionan y si les caes mal te matan ahĆ­ nomĆ”s. Al principio tuve miedo, despuĆ©s uno se acostumbra a ver muertes”, explica.
Su fin era conocer el Caribe, entonces emprende su camino hacia ahí. Se quedó mucho tiempo en Cartagena de Indias y, para costearse los gastos, trabajó de mozo y de vendedor de jugos de mango, hasta que un amigo de la embajada argentina en BogotÔ le ofreció vender ron y aguardiente para una distribuidora reconocida, y eso le permitió conocer Nicaragua y Venezuela.
“TenĆ­a ganas de hacer algo mĆ”s y me sumĆ© a un grupo cristiano que trabajaba con chicos, de entre 13 y 19 aƱos, desplazados y desmovilizados de ambos bandos (FARC y paramilitares), y traquetos, que son los capos que controlan el narcotrĆ”fico y que despuĆ©s los llevan a las bandas criminales emergentes (Bacrim) de Colombia. Se juntan entre diez y treinta personas que van por las aldeas matando gente por el control polĆ­tico. Son chicos sin padres a los que tratamos de asistir”, cuenta Gustavo.
“Lo triste es que despuĆ©s de tantos aƱos no hay un acuerdo de paz. Colombia es maravillosa y a pesar de todo es un pueblo feliz. Ahora ha disminuido el tema de la violencia y eso ha permitido que se explote el turismo”, analiza.
 
Nuevos sueƱos y solidaridad
Asegura que al ver tanta crudeza, como también tantas maravillas, lo motivó a trabajar por esa gente. Así armó Casa Argentina, en Barranquilla, cuyo propósito es que se dedique a la conformación de bibliotecas y proyectos para los jóvenes de la costa caribeña. "También quiero armar una fundación en Neuquén en conexión con la de allÔ para ver qué se puede hacer".
"Todo lo que he visto acerca de la violencia y la locura del narcotrƔfico es lo que no quiero para mi provincia, ni para mi ciudad", comenta.
Del viaje se queda con la posibilidad de tener una mirada propia de AmĆ©rica Latina: “DejĆ© de ser argentino para convertirme en latinoamericano, pero con el corazón neuquino”.