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"¿Algo mĆ”s?", pregunta la seƱora que acaba de cortar 150 gramos de paleta con el mismo guante de plĆ”stico arrugado con el que recibió y acomodó las fetas, abrió el cajón y tecleó el precio en la balanza. En un instante se lo quitarĆ” y lo guardarĆ” en un bolsillo del delantal para poder cobrar, pero espera la respuesta por si tiene que guardar la pieza de fiambre y tomar otra, siempre con el guante puesto.
El carnicero ni siquiera usa guante. Pica la carne y la envasa con la misma desnudez en sus dedos con la que enseguida manipula los billetes. Esa carne picada tendrÔ que cocinarse bien porque idefectiblemente estarÔ contaminada. (Ampliar en mÔs información)
¿Y quĆ© decir del panadero que usa su saliva para separar el folex (la lĆ”mina de polietileno) sobre el que apoyarĆ” las facturas o el encargado de la mĆ”quina de cafĆ© de los bares que limpia el borde del pocillo con un trapo de dudosa higiene?
El barbijo que en muchas jurisdicciones es obligatorio para los que manipulan alimentos. Parece una exageración hasta que un brote de gripe extraña nos coloca en la realidad de que hay virus que pueden provocar la muerte.
Hacerlo bien
Los gobiernos nacional, provinciales y municipales tienen legislado desde los amplios procedimientos de manipulación de alimentos para la elaboración y venta de comida, hasta las indicaciones mÔs elementales y sencillas, pero casi no se cumplen y las sociedades han ido aceptando, sin saberlo y sin Ônimo de hacer valer sus derechos, procedimientos que significan riesgos, algunos pequeños y otros enormes.
EstĆ” visto que con los controles municipales y las capacitaciones que se ofrecen (en algunas ciudades son obligatorias) no bastan para que los consumidores tengan garantĆas del estado de la mercaderĆa que estĆ”n comprando de buena fe.
El consumidor queda entonces expuesto al reclamo individual y aislado, que no siempre encuentra del otro lado la predisposición de ser atendido.
A la gente no le gusta que cualquiera le diga que estÔ haciendo las cosas mal y menos cambiar procedimientos por ello. Es similar a la lucha contra la evasión hormiga de los comerciantes que no entregan comprobante: es tan ingrato el reclamo como impredecible la reacción del otro.
Debe ser sumamente engorroso cumplir con las mĆnimas precauciones para evitar la contaminación cuando los usos y las costumbres son mĆ”s sencillos, pero asĆ como se avanzó en otros aspectos que mejoraron la calidad de vida en nuestro paĆs, como el cigarrillo en los lugares pĆŗblicos o el consumo de alcohol entre automovilistas, se podrĆan dar pasos hacia adelante en la manipulación de alimentos. De a poco, pero hacia adelante
Pero para eso es indispensable que el Estado se comprometa y no deje al consumidor con la impotencia de tener que comerse el reclamo y los alimentos contaminados.
Agencia Cipolletti