
NeuquĆ©n > La Patagonia interminable, infinita y Ć”rida. La comunidad se reĆŗne alrededor de un proyector y desde el cielo las gotas sorprenden en una geografĆa donde la sequĆa es su cara mĆ”s conocida. Mientras, y desde la pantalla, Cecilia, la guĆa espiritual, eleva una rogativa para que no falte la lluvia en su comunidad… Su canto abandona la “ficción” y se hace efectivo en ese mismo momento, a la vez que se transforma en llanto por su muerte. Y esa escena intensa, guionada por la mĆstica pluma del universo, sucedió en el mismo momento en que sus propios protagonistas asistĆan a la proyección de “Para los pobres piedras”, un filme documental del realizador francĆ©s Mathieu Orcel que decidió posar su relato en una familia de la comunidad Paineo (cerca de Zapala) para poder retratar la veranada y las dificultades de vivir en un territorio vasto y muchas veces hostil. (Ampliar en mĆ”s información)“ElegĆ esa familia justamente por su complejidad. Donde Cecilia, la pillan cuse, que es como la machi en Chile, es de raĆz totalmente mapuche, hablante mapuzungun, y su marido Don Ernaldo es un vasco francĆ©s de ojos azules. Ćl aprendió la cultura mapuche. Nació ahĆ, se casó con ella y se ‘mapuchizó’, por decirlo de alguna manera. Me pareció interesante retratar eso”, contó el director, que aseguró que este ejemplo sirve para salir de algunos lugares comunes que se apoderan del pensamiento como el “clichĆ© de que los mapuches quieren estar solos”.
“No hay una cuestión de volver a un estado donde estarĆan sólo los mapuches, como a veces se piensa. Es al revĆ©s”, sostiene el realizador.
Quedarse y entender
Orcel estudió filosofĆa y antropologĆa en ParĆs, pero segĆŗn dice fue Argentina el paĆs que le permitió desarrollarse como realizador. Y en esa carrera -en la que ya lleva numerosos trabajos, incluso para canal Encuentro- fue determinante su llegada a la Patagonia.
En 2001 Mathieu arribó a la zona para trabajar con un amigo en la realización de un documental. Con la idea de instalarse por sólo dos semanas, el primer impacto fue tal que decidió quedarse: “Me impactó la región y el potencial tanto del lugar como de la gente, su modo de existir, que me propuse filmar”.
Desde ese primer contacto hasta que se concretó este proyecto pasaron dos mediometrajes y cuatro años de convivencia con las comunidades Ragiñ Ko (cerca de Senillosa) y Marifil (Limay centro). Algo que Orcel sintió necesario para intentar comprender su cosmovisión, y tiempo en el que finalmente aprendió a hablar su lengua, el mapuzungun (hablar de la tierra), y emprendió el viaje de trashumancia que tanto lo impactó.
“Empaparme de esa cultura y esa cosmovisión fue absolutamente maravilloso. Pero tambiĆ©n transitar esos caminos para llevar los animales a la veranada, y a su vez ver los alambrados y toda esa cuestión ‘moderna’ es difĆcil de entender”, relató el francĆ©s, y da pie a otra cuestión de su relato que tiene que ver con el trasfondo polĆtico y con la lucha de las comunidades por preservar su forma de vida. Aunque en seguida marca la distancia y dice que no se trata de un documental de denuncia, sino mĆ”s bien un filme -con determinado trabajo estĆ©tico-, que al intentar retratar la veranada, inevitablemente tiene que mostrar los alambres que fuerzan a los campesinos y sus animales a emprender viajes interminables en busca de pasturas. De ahĆ tambiĆ©n el tĆtulo del filme que parte de un proverbio de la zona que dice: “para los pobres piedras, para los ricos tierras”.
“El camino que recorren es increĆble, es muy difĆcil de hacerlo. Los animales se mueren. Es pura piedra, calor y sequĆa al principio. Y despuĆ©s frĆo, pero siempre estĆ” la piedra. AdemĆ”s, en esa comunidad el Ćŗnico uso del alambre es para los muertos, para proteger las tumbas en el monte, para que los animales no pasen a destruirlas. Entonces, ellos se sienten como muertos. Y a la vez pienso: ¿cómo un alambre, que es un hilo de metal finito termina acechando y traumatizando toda una comunidad humana, en el silencio total? Porque no estĆ” mediatizado, no estĆ” visibilizado”, se alerta y se plantea que quizĆ”s en algĆŗn momento vaya a rodar la segunda parte de proverbio que no estĆ” registrada en este filme, “Para los ricos tierra”, para poder entender cómo “del otro lado del alambre no se dan cuenta de lo que le estĆ”n haciendo a estas comunidades”.
Una mirada distinta
Desde este lado del hemisferio, históricamente se han criticado -tanto en el campo de las ciencias sociales como de otras disciplinas-, la mirada eurocĆ©ntrica de distintos abordajes de nuestras culturas. Consciente de ello, a la hora de retratar la vida de las comunidades, Orcel trató de despojarse de preconceptos y minimizar las contradicciones que sufrĆa con respecto a un modo particular de ser completamente diferente al suyo.
Su respuesta ante todo eso fue quedarse.
“No querĆa ir un mes, filmar imĆ”genes chiclĆ©s y volver a Francia a editar, sino mĆ”s bien quedarme a vivir con ellos”, contó sobre la decisión que le permitió introducirse en los pormenores de una cultura que, al igual que todas, tiene sus aspectos “positivos” y “negativos”.
“No me interesaba reproducir esa idea del ‘indio bueno’, sino mostrar todas sus complejidades”, tarea nada fĆ”cil para un forĆ”neo que irrumpe en la cotidianeidad de una comunidad y, encima de todo, pretende retratarlos.
SegĆŗn cuenta Orcel, debió atravesar un largo camino hasta que fue aceptado. Pasó seis meses trabajando como peón en la comunidad mientras nadie le dirigĆa la palabra. Y hasta, segĆŗn admite, en un momento pensó en desistir de su proyecto. Pero fue justamente ese dĆa en que llegaba exhausto tras una dura jornada, que fue sorprendido.
“Cuando lleguĆ© a la noche estaba Teófila, la lonco, con toda la comunidad en el salón comunitario, que me recibió y me dijo en mapuzungun: 'A partir de ahora te llamarĆ”s PeƱi (hermano) y serĆ”s parte de la familia'. Y ahĆ cambió absolutamente todo. La gente abrió sonrisas y me ganó una sensación de adentrarme, de repente. Y ella me inició al mapuzungun y realizó un canto sagrado. AhĆ empecĆ© a ver. Y reciĆ©n despuĆ©s de eso quise filmar, y con ellos. No es un trabajo de afuera, sino que nace con la gente del lugar y de sus ganas de juntarse por una causa”, contó el realizador que a la distancia evalĆŗa que fue un perĆodo “difĆcil”, pero que valora porque le ayudó a cambiar su visión.
Mirar cómo se vive
AdemĆ”s de delinear cuestiones de contenido, su larga estancia en esos parajes tambiĆ©n le permitió construir una estĆ©tica particular, ya que “siempre filmó en las mismas condiciones que vive la gente”.
En cuanto a lo tĆ©cnico, Orcel prescindió de cualquier “comodidad” o avance tecnológico. Para registrar la veranada prefirió transportarse a caballo, al igual que sus protagonistas. AdemĆ”s, y para abandonar el clichĆ© de las imĆ”genes postales que constantemente se reproducen de la Patagonia, tambiĆ©n descartó el uso de imagenes full HD y panorĆ”micas. “No querĆa que sea un filme de imĆ”genes hermosas de la Patagonia porque no era el propósito, sino lo contrario: mostrar la dureza de este viaje, que en cierto modo es una belleza, pero que se vuelve bello no por la tecnologĆa usada”, explicó, al tiempo que comentó que el ritmo narrativo tambiĆ©n estĆ” fuertemente marcado por los silencios: “Silencio con el que esta gente comunica”.
Como todo retrato, un filme es sólo un recorte. Una vez terminado el proyecto, la vida sigue andando, y las historias que hoy vemos en pantalla se ven modificadas: la de sus protagonistas, sobre todo…
En medio del rodaje, la machi de la comunidad, Cecilia, murió. Y ese intenso momento quedó registrado en “Para los pobres piedras”. En el instante de asistir a la proyección, la comunidad revivió ese hecho y fue sorprendido por la lluvia en medio de sus cantos de rogativa. El filme ya estaba terminado y, sin embargo, el universo le ofrecĆa un nuevo final. (A.N.)
Desde este lado del hemisferio, históricamente se han criticado -tanto en el campo de las ciencias sociales como de otras disciplinas-, la mirada eurocĆ©ntrica de distintos abordajes de nuestras culturas. Consciente de ello, a la hora de retratar la vida de las comunidades, Orcel trató de despojarse de preconceptos y minimizar las contradicciones que sufrĆa con respecto a un modo particular de ser completamente diferente al suyo.
Su respuesta ante todo eso fue quedarse.
“No querĆa ir un mes, filmar imĆ”genes chiclĆ©s y volver a Francia a editar, sino mĆ”s bien quedarme a vivir con ellos”, contó sobre la decisión que le permitió introducirse en los pormenores de una cultura que, al igual que todas, tiene sus aspectos “positivos” y “negativos”.
“No me interesaba reproducir esa idea del ‘indio bueno’, sino mostrar todas sus complejidades”, tarea nada fĆ”cil para un forĆ”neo que irrumpe en la cotidianeidad de una comunidad y, encima de todo, pretende retratarlos.
SegĆŗn cuenta Orcel, debió atravesar un largo camino hasta que fue aceptado. Pasó seis meses trabajando como peón en la comunidad mientras nadie le dirigĆa la palabra. Y hasta, segĆŗn admite, en un momento pensó en desistir de su proyecto. Pero fue justamente ese dĆa en que llegaba exhausto tras una dura jornada, que fue sorprendido.
“Cuando lleguĆ© a la noche estaba Teófila, la lonco, con toda la comunidad en el salón comunitario, que me recibió y me dijo en mapuzungun: 'A partir de ahora te llamarĆ”s PeƱi (hermano) y serĆ”s parte de la familia'. Y ahĆ cambió absolutamente todo. La gente abrió sonrisas y me ganó una sensación de adentrarme, de repente. Y ella me inició al mapuzungun y realizó un canto sagrado. AhĆ empecĆ© a ver. Y reciĆ©n despuĆ©s de eso quise filmar, y con ellos. No es un trabajo de afuera, sino que nace con la gente del lugar y de sus ganas de juntarse por una causa”, contó el realizador que a la distancia evalĆŗa que fue un perĆodo “difĆcil”, pero que valora porque le ayudó a cambiar su visión.
Mirar cómo se vive
AdemĆ”s de delinear cuestiones de contenido, su larga estancia en esos parajes tambiĆ©n le permitió construir una estĆ©tica particular, ya que “siempre filmó en las mismas condiciones que vive la gente”.
En cuanto a lo tĆ©cnico, Orcel prescindió de cualquier “comodidad” o avance tecnológico. Para registrar la veranada prefirió transportarse a caballo, al igual que sus protagonistas. AdemĆ”s, y para abandonar el clichĆ© de las imĆ”genes postales que constantemente se reproducen de la Patagonia, tambiĆ©n descartó el uso de imagenes full HD y panorĆ”micas. “No querĆa que sea un filme de imĆ”genes hermosas de la Patagonia porque no era el propósito, sino lo contrario: mostrar la dureza de este viaje, que en cierto modo es una belleza, pero que se vuelve bello no por la tecnologĆa usada”, explicó, al tiempo que comentó que el ritmo narrativo tambiĆ©n estĆ” fuertemente marcado por los silencios: “Silencio con el que esta gente comunica”.
Como todo retrato, un filme es sólo un recorte. Una vez terminado el proyecto, la vida sigue andando, y las historias que hoy vemos en pantalla se ven modificadas: la de sus protagonistas, sobre todo…
En medio del rodaje, la machi de la comunidad, Cecilia, murió. Y ese intenso momento quedó registrado en “Para los pobres piedras”. En el instante de asistir a la proyección, la comunidad revivió ese hecho y fue sorprendido por la lluvia en medio de sus cantos de rogativa. El filme ya estaba terminado y, sin embargo, el universo le ofrecĆa un nuevo final. (A.N.)
Universalizar
Convencido de que “un filme tiende a universalizar, a magnificar, a volver a una persona un personaje protagonista de una historia”, Mathieu se alegra de poder haber ayudado a las comunidades a dimensionar de manera diferente y a dejar plasmada su lucha. Y sobre todo de haber llegado a distintos festivales internacionales con esta historia. AsĆ, el filme participó de la competencia oficial del 7Āŗ Festival Internacional de Cine Documental de MĆ©xico, y estuvo dentro de la selección oficial del 32Āŗ Festival International du Film d’Amiens, France, ademĆ”s de 25Āŗ Festival Cinelatino de Toulouse, Francia y el 11Āŗ Festival Regards d’Ailleurs de Dreux.
Convencido de que “un filme tiende a universalizar, a magnificar, a volver a una persona un personaje protagonista de una historia”, Mathieu se alegra de poder haber ayudado a las comunidades a dimensionar de manera diferente y a dejar plasmada su lucha. Y sobre todo de haber llegado a distintos festivales internacionales con esta historia. AsĆ, el filme participó de la competencia oficial del 7Āŗ Festival Internacional de Cine Documental de MĆ©xico, y estuvo dentro de la selección oficial del 32Āŗ Festival International du Film d’Amiens, France, ademĆ”s de 25Āŗ Festival Cinelatino de Toulouse, Francia y el 11Āŗ Festival Regards d’Ailleurs de Dreux.
Periplo
DespuĆ©s de su proyección en Cinco Saltos, el filme llegarĆ” el martes y miĆ©rcoles, a las 21.30, al Espacio INCAA de Zapala (avenida San MartĆn 281). Mientras que en San MartĆn de los Andes se proyectarĆ” en el espacio que funciona dentro del Centro Cultural Cotesma, el martes a las 20.30 y el jueves a las 21. A NeuquĆ©n llegarĆ” reciĆ©n el jueves 30. La proyección serĆ” a las 21 en La Conrado Cultural (Yrigoyen 138).
DespuĆ©s de su proyección en Cinco Saltos, el filme llegarĆ” el martes y miĆ©rcoles, a las 21.30, al Espacio INCAA de Zapala (avenida San MartĆn 281). Mientras que en San MartĆn de los Andes se proyectarĆ” en el espacio que funciona dentro del Centro Cultural Cotesma, el martes a las 20.30 y el jueves a las 21. A NeuquĆ©n llegarĆ” reciĆ©n el jueves 30. La proyección serĆ” a las 21 en La Conrado Cultural (Yrigoyen 138).
Proyectos
Methieu Orcel trabaja tanto con seƱales de televisión de su paĆs como de Argentina. Actualmente estĆ” desarrollando una serie sobre mĆ©dicos itinerantes en todo el mundo que asisten a comunidades muy alejadas de centros de salud. AdemĆ”s, tiene un proyecto para canal Encuentro (donde ya se emitió “Salida de emergencia”, una serie documental sobre la identidad y la diversidad sexual alrededor de la Argentina), la realización de una serie sobre la historia de Susana Trimarco y Marita Verón, y hasta uno de ficción.
Methieu Orcel trabaja tanto con seƱales de televisión de su paĆs como de Argentina. Actualmente estĆ” desarrollando una serie sobre mĆ©dicos itinerantes en todo el mundo que asisten a comunidades muy alejadas de centros de salud. AdemĆ”s, tiene un proyecto para canal Encuentro (donde ya se emitió “Salida de emergencia”, una serie documental sobre la identidad y la diversidad sexual alrededor de la Argentina), la realización de una serie sobre la historia de Susana Trimarco y Marita Verón, y hasta uno de ficción.