No se equivoca el papa Francisco cuando atribuye la pĆ©rdida de autoridad moral de la Iglesia Católica a que su "obsesión" con temas sexuales la ha alejado de las sociedades en las que, hasta hace poco, era una institución muy poderosa que virtualmente monopolizaba la educación, y que por lo tanto comparte con la "clase polĆtica" la responsabilidad por aquellos males sociales que los obispos se han acostumbrado a denunciar en sermones apasionados y "documentos" vehementes. (Ampliar en m´s información)En los paĆses occidentales por lo menos, se ha producido Ćŗltimamente una revolución cultural tan profunda que a veces parece que las actitudes dominantes frente a todo lo vinculado con el sexo tienen mĆ”s en comĆŗn con las del mundo grecorromano o de la Italia renacentista que con las que eran habituales hace apenas medio siglo. Si bien, al afirmar que a su juicio los homosexuales, los divorciados y las mujeres que han abortado merecen "misericordia", Francisco da a entender que desaprueba lo que hacen, insiste en que, por tratarse de personas, deberĆan tener su lugar en una Iglesia que comparó con "un hospital de campaƱa tras una batalla" para los heridos en la lucha por vivir con dignidad en un mundo cambiante.
AsĆ, pues, lo mismo que aquellos comunistas checos que, a fines de los aƱos sesenta, creĆan que para sobrevivir el socialismo tendrĆa que adoptar "un rostro humano", el papa supone que es urgente que el catolicismo sea mĆ”s tolerante y mĆ”s acogedor porque, de lo contrario, "el edificio moral de la Iglesia" correrĆ” peligro de "caer como un castillo de naipes".
AdemÔs de la evidente inutilidad de la prédica sexual católica en una época signada por la creciente liberalización de las costumbres, ya que incluso entre los fieles su influencia ha sido llamativamente escasa, Francisco se ha visto obligado a reconocer que muchos clérigos, incluyendo a arzobispos, han violado reiteradamente las normas que ellos mismos reivindicaban.
Que ello sea el caso no es exactamente nuevo, pero debido en parte a la proliferación de medios de difusión potenciados por los avances de la tecnologĆa y en parte al desprestigio que han sufrido todas las elites tradicionales en una Ć©poca entregada al relativismo, el impacto de los escĆ”ndalos protagonizados por clĆ©rigos ha sido mucho mĆ”s fuerte de lo que hubiera sido en el pasado.
Por lo demĆ”s, en diversos paĆses, pero en especial en Estados Unidos, la inmoralidad clerical le ha costado a la Iglesia tanto dinero que algunas instituciones católicas han caĆdo en bancarrota.
Puede que Francisco no se lo haya propuesto, pero de resultas de su voluntad de hacer gala de su tolerancia y por lo tanto de minimizar la importancia de lo que podrĆa calificarse de conducta sexual heterodoxa, en adelante la hipocresĆa de los pedófilos y quienes los protegen podrĆa parecer menos indignante. Sea como fuere, no cabe duda de que la mayorĆa de los católicos cree que es positivo que el papa argentino haya optado por intentar reducir la brecha entre los principios inflexibles que suelen defender los eclesiĆ”sticos ante la grey y lo que algunos, tal vez muchos, hacen en privado.
En varias oportunidades, Francisco se ha manifestado preocupado por la posibilidad de que la Iglesia Católica degenere en "una ONG", una entidad que, como muchas otras, se limitarĆa a desempeƱar un papel caritativo en barrios carenciados y a exhortar a los ricos a ser mĆ”s generosos. ¿AyudarĆ”n las reformas que estĆ” impulsando el pontĆfice, ademĆ”s de su propia popularidad, a salvarla del destino humillante asĆ supuesto? Bien que mal, es poco probable.
Para que una organización religiosa, sobre todo una que cuenta con casi dos milenios de historia, siga siendo algo mĆ”s que "una ONG", por grande que fuera, tendrĆa que basarse en presuntas verdades que trascienden el paso de los aƱos y que no se "modernizan" fĆ”cilmente a fin de adaptarse a los tiempos que corren, razón por la que, desde el punto de vista de los católicos, la estrategia elegida por el papa acarrea muchos riesgos. Por cierto, parecerĆa que "la roca" sobre la que, segĆŗn el Evangelio de San Mateo, JesĆŗs querĆa que se construyera su iglesia no es tan granĆtica como suponĆan los conservadores eclesiĆ”sticos sino que, como las notoriamente flexibles denominaciones de origen protestante que en dĆ©cadas recientes se han expandido con tanta rapidez en AmĆ©rica Latina, contiene mucha arena.