Francisco y el sexo - Piedra OnLine

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domingo, 22 de septiembre de 2013

Francisco y el sexo

No se equivoca el papa Francisco cuando atribuye la pĆ©rdida de autoridad moral de la Iglesia Católica a que su "obsesión" con temas sexuales la ha alejado de las sociedades en las que, hasta hace poco, era una institución muy poderosa que virtualmente monopolizaba la educación, y que por lo tanto comparte con la "clase polĆ­tica" la responsabilidad por aquellos males sociales que los obispos se han acostumbrado a denunciar en sermones apasionados y "documentos" vehementes. (Ampliar en m´s información)


En los países occidentales por lo menos, se ha producido últimamente una revolución cultural tan profunda que a veces parece que las actitudes dominantes frente a todo lo vinculado con el sexo tienen mÔs en común con las del mundo grecorromano o de la Italia renacentista que con las que eran habituales hace apenas medio siglo. Si bien, al afirmar que a su juicio los homosexuales, los divorciados y las mujeres que han abortado merecen "misericordia", Francisco da a entender que desaprueba lo que hacen, insiste en que, por tratarse de personas, deberían tener su lugar en una Iglesia que comparó con "un hospital de campaña tras una batalla" para los heridos en la lucha por vivir con dignidad en un mundo cambiante.
Asƭ, pues, lo mismo que aquellos comunistas checos que, a fines de los aƱos sesenta, creƭan que para sobrevivir el socialismo tendrƭa que adoptar "un rostro humano", el papa supone que es urgente que el catolicismo sea mƔs tolerante y mƔs acogedor porque, de lo contrario, "el edificio moral de la Iglesia" correrƔ peligro de "caer como un castillo de naipes".
 AdemĆ”s de la evidente inutilidad de la prĆ©dica sexual católica en una Ć©poca signada por la creciente liberalización de las costumbres, ya que incluso entre los fieles su influencia ha sido llamativamente escasa, Francisco se ha visto obligado a reconocer que muchos clĆ©rigos, incluyendo a arzobispos, han violado reiteradamente las normas que ellos mismos reivindicaban.
Que ello sea el caso no es exactamente nuevo, pero debido en parte a la proliferación de medios de difusión potenciados por los avances de la tecnología y en parte al desprestigio que han sufrido todas las elites tradicionales en una época entregada al relativismo, el impacto de los escÔndalos protagonizados por clérigos ha sido mucho mÔs fuerte de lo que hubiera sido en el pasado.
Por lo demÔs, en diversos países, pero en especial en Estados Unidos, la inmoralidad clerical le ha costado a la Iglesia tanto dinero que algunas instituciones católicas han caído en bancarrota.
Puede que Francisco no se lo haya propuesto, pero de resultas de su voluntad de hacer gala de su tolerancia y por lo tanto de minimizar la importancia de lo que podría calificarse de conducta sexual heterodoxa, en adelante la hipocresía de los pedófilos y quienes los protegen podría parecer menos indignante. Sea como fuere, no cabe duda de que la mayoría de los católicos cree que es positivo que el papa argentino haya optado por intentar reducir la brecha entre los principios inflexibles que suelen defender los eclesiÔsticos ante la grey y lo que algunos, tal vez muchos, hacen en privado.
 En varias oportunidades, Francisco se ha manifestado preocupado por la posibilidad de que la Iglesia Católica degenere en "una ONG", una entidad que, como muchas otras, se limitarĆ­a a desempeƱar un papel caritativo en barrios carenciados y a exhortar a los ricos a ser mĆ”s generosos. ¿AyudarĆ”n las reformas que estĆ” impulsando el pontĆ­fice, ademĆ”s de su propia popularidad, a salvarla del destino humillante asĆ­ supuesto? Bien que mal, es poco probable.
Para que una organización religiosa, sobre todo una que cuenta con casi dos milenios de historia, siga siendo algo mÔs que "una ONG", por grande que fuera, tendría que basarse en presuntas verdades que trascienden el paso de los años y que no se "modernizan" fÔcilmente a fin de adaptarse a los tiempos que corren, razón por la que, desde el punto de vista de los católicos, la estrategia elegida por el papa acarrea muchos riesgos. Por cierto, parecería que "la roca" sobre la que, según el Evangelio de San Mateo, Jesús quería que se construyera su iglesia no es tan granítica como suponían los conservadores eclesiÔsticos sino que, como las notoriamente flexibles denominaciones de origen protestante que en décadas recientes se han expandido con tanta rapidez en América Latina, contiene mucha arena.