Violencia en primera persona - Piedra OnLine

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domingo, 31 de mayo de 2015

Violencia en primera persona

Una mujer y un hombre cuentan sus traumƔticas vivencias.

“Me pegaba y yo me creĆ­a que Ć©l tenĆ­a razón”

Notas y entrevistas: Pablo montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar

Cuando una tarde su marido la dejó encerrada con llave en la casa con su hija reciĆ©n nacida para irse al rĆ­o, Mercedes SĆ”ez no se imaginó que Ć©se iba a ser el comienzo de una vida plagada de maltrato verbal, violencia fĆ­sica y abuso sexual. A los 16 aƱos –su padre habĆ­a muerto cuando ella tenĆ­a 4 y su madre la abandonó en una pensión a los 14– se casó con un hombre mayor que ella y enseguida quedó embarazada. “Cuando nos casamos Ć©l tenĆ­a 24 aƱos, se creĆ­a que yo era de su propiedad, que era como su hija. Me decĆ­a ‘vos hiciste esto mal y por esto te castigo’”, cuenta esta mujer de 50 aƱos en la tranquilidad de su casa del barrio TCI.
Refleja una mezcla de sorpresa y bronca cuando afirma que casi la mitad de su vida sufrió la violencia de su marido. “Me costó mucho tiempo darme cuenta de que, ademĆ”s de Ć©l, yo tambiĆ©n estaba enferma. Fueron 23 aƱos en los que sufrĆ­ golpes, violencia verbal, abuso sexual porque yo no querĆ­a tener relaciones y Ć©l me obligaba”, describe la mujer.
Es difĆ­cil imaginarse que de esa tormentosa relación nacieron cuatro hijos. AĆŗn mĆ”s cuando Mercedes asegura que los chicos “cuando crecieron” tambiĆ©n fueron golpeados y maltratados. “Lo peor era que yo estaba convencida de que Ć©l tenĆ­a razón, que yo lo provocaba cuando por ejemplo le pedĆ­a que compremos zapatillas para los chicos y Ć©l me decĆ­a que no habĆ­a plata para comprar a pesar de que siempre tuvo trabajo o cuando preparaba una comida que a Ć©l no le gustaba”, explica Mercedes, quien alquila la casa en la que vive con tres de sus hijos “todos amontonados”; en tanto su ex marido se quedó con la vivienda que habĆ­an adquirido a travĆ©s de un plan.
Menciona una fecha clave: 30 de diciembre de 2006. Luego de contarle sobre su atormentada vida a un psiquiatra, Mercedes tomó coraje y le dijo a su marido que querĆ­a separarse. “Me dio una paliza terrible. Una de mis nenas me abrió la puerta de la casa para que pudiera escaparme y pedir ayuda a unos vecinos. A mi hija le pegó una patada en la nariz”, explica.
Hizo la denuncia y su marido fue preso por un dĆ­a. “A partir de ahĆ­ empezó otro calvario. A los chicos les decĆ­a que cuando habĆ­a estado preso le habĆ­an pegado en el calabozo, entonces mis hijos, cuando Ć©l venĆ­a a casa, me pedĆ­an que no llamara a la PolicĆ­a porque no querĆ­an que se llevaran preso otra vez a su padre. Le tenĆ­an miedo, hasta que crecieron y empezaron a perderle ese miedo”.
Un juez determinó la tenencia de los hijos para el padre, pero al poco tiempo volvieron con la madre. “Les pegaba. A una de mis hijas le quemó el brazo con agua hirviendo y los echaba de la casa”, explica.
Confiesa que en 2005 sintió vergüenza de denunciarlo por violación en la comisaría, pero ahora no le tiene miedo a pesar de que vive a pocos metros de su casa y mÔs de una vez le dijo que la iba a matar.
Hace dos aƱos a Mercedes le detectaron un cƔncer de mama, por eso hace unas semanas atrƔs junto con sus hijos fueron a pedirle que dejara la casa.
“Tuvimos que llamar a la PolicĆ­a porque se puso muy violento. No le importa nada. Es tanto el odio que me tiene”, dice la mujer, quien asegura que ayudarĆ­a a otras mujeres que pasan por lo que ella vivió.





“Fui un hombre golpeado por mi mujer y la justicia”

“Yo me sentĆ­a con una gran responsabilidad por mis tres hijas”, aclara Jorge (N. del E: se cambia el nombre por pedido del entrevistado) cuando trata de explicar los motivos por los cuales permaneció casado durante 12 aƱos, en los que sufrió violencia verbal y fĆ­sica por parte de su esposa.
La pareja se conoció en los aƱos 80 en la ciudad de Buenos Aires y un tiempo despuĆ©s llegó a NeuquĆ©n. Se llevaban dos aƱos. “Fue un matrimonio difĆ­cil de entrada, una relación complicada por mi inexperiencia en detectar ese tipo de personalidad violenta y antisocial. Yo creĆ­a que sus reacciones eran producto del estrĆ©s, la bronca, o porque era chinchuda”, explica.
El hombre que pasó la barrera de los 50 aƱos no tarda en mencionar la palabra “psicópata” para definir a su ex mujer. Confiesa que durante aƱos se sumergió en el estudio de ese tipo de neurosis. “El psicópata requiere de otro que por su historia personal, por su flaqueza emotiva e inexperiencia encaje perfectamente en esa personalidad que se basa en el dominio, en el uso del otro”, describe. Y agrega: “En ese momento tenĆ­a culpa y una excesiva responsabilidad por el tema de mis hijas, porque ese tipo de personas enfermas oscila todo el tiempo entre el castigo y la sensación de que todo va a cambiar”.
Jorge enumera que primero fueron explosiones por cualquier cuestión cotidiana, luego se transformaron en agravios a su condición masculina, “y todo lo que uno pueda imaginarse”, y mĆ”s tarde apareció la violencia fĆ­sica. Pero sobre todo se agravó cuando Jorge planteó separarse. Durante esos 12 aƱos de tormentosa convivencia hubo tres separaciones momentĆ”neas. “DespuĆ©s que yo planteaba la separación, al otro dĆ­a sonaba el telĆ©fono, y el acoso a travĆ©s de la culpa: ‘La nena pregunta por vos’, ‘La nena tiene 40 grados de fiebre’. Entonces yo volvĆ­a y me empantanaba cada vez mĆ”s”.
Menciona que despuĆ©s del tercer planteo de separación, la violencia recrudeció: “Me cruzaba el auto en plena calle, se bajaba y me golpeaba, no con bofetadas sino con trompadas”. Recuerda que vivió algunas de esas situaciones con sus hijas en sus brazos.
CorrĆ­a el 2001 cuando Jorge presentó en un juzgado de familia la primera denuncia contra su mujer por violencia. “Las empleadas del juzgado se rieron de mĆ­ y cada vez que yo llevaba una nueva denuncia decĆ­an entre risas: ‘AhĆ­ viene el hombre golpeado’”, explica.
Las hijas de Jorge tambiĆ©n sufrieron golpes. “Un dĆ­a una de mis hijas que tenĆ­a 8 aƱos llegó golpeada a la escuela. La escuela solicitó una entrevista obligatoria con el Equipo de Atención al Maltrato Infantil del hospital Castro Rendón”. Resultado de esa intervención: le sugirieron a Jorge que pidiera la tenencia de sus hijas. “Los informes de violencia familiar fueron contundentes contra mi mujer, pero finalmente la jueza dictaminó una tenencia compartida. Lo cual era una locura”, cuenta.
Jorge apeló la sentencia para pedir la tenencia. “Comenzó una guerra porque me denunció por impedimento de contacto a raĆ­z de la negativa de mis hijas de ver a la madre en 2010. Estuve dos aƱos con probation y finalmente llegó mi sobreseimiento definitivo en la causa y la tenencia definitiva. Fue un alivio, logrĆ© acomodar mi vida, desvincularme de ese vĆ­nculo enfermo”, concluye emocionado.